La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) dio a conocer este mes su decisión acerca de la prohibición de 19 ingredientes activos en jabones antibacterianos. El fallo, fruto de un proceso de 40 años, culmina un debate que llevó décadas sobre si estos productos químicos que eliminan gérmenes son seguros y ofrecen alguna ventaja sobre el jabón común. La prohibición incluye el antiséptico más utilizado en jabones de tocador, el triclosán, después de que una gran cantidad de estudios no alcanzara las demandas de los fabricantes sobre sus beneficios.

“Los consumidores pueden pensar que el lavado antibacterial es más eficaz para prevenir la propagación de gérmenes, pero no tenemos ninguna evidencia científica de que sean mejores que el agua y el jabón normal”, dijo Janet Woodcock, directora del Centro para la Evaluación e Investigación de Drogas (CDER, en sus siglas en inglés), de la FDA, en un comunicado. “De hecho, algunos datos sugieren que los ingredientes antibacteriales pueden hacer más mal que bien a largo plazo”.

Cuando llegó al mercado en la década de 1960, el triclosán tenía como fin su uso en hospitales. Sin embargo, la demanda de los consumidores por un jabón antibacterial surgió debido al aumento del marketing y de la información difundida en medios sobre las infecciones peligrosas. Así, los fabricantes pusieron a disposición del público estos jabones, y agregaron compuestos antibacteriales a otros productos, como pasta de dientes, enjuague bucal, juguetes y ropa, entre otros. No pasó mucho tiempo para que surgieran las preocupaciones sobre la seguridad y la eficacia de los jabones a base de triclosán. Pero tan pronto como la FDA comenzó a regular los medicamentos de venta libre a mediados de la década de 1970, se propuso prohibir el triclosán. Sin embargo, el fallo nunca se concretó y la decisión se quedó en el camino. No fue hasta 2010 que la FDA —después de que la organización sin fines de lucro Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales (NRDC, en sus siglas en inglés) demandara por la larga demora— impuso una serie de plazos para determinar la seguridad de los jabones antibacteriales, desinfectantes para las manos y jabones para el cuidado de la salud.

Entonces, ¿qué determinaron las cuatro décadas de investigación? La mayoría de los estudios se centraron en el triclosán; en lo que refiere a la salud humana, la investigación de sus efectos tóxicos ha generado resultados variados. Por casi cada estudio que muestra que el triclosán tiene algún efecto en particular, otro muestra que no lo tiene. Pero una cosa está clara: varios estudios clínicos, analizando varios cientos de hogares, han demostrado que el jabón a base de triclosán no previene la enfermedad mejor que el agua y el jabón normal.

También hay evidencia significativa de que el triclosán podría empeorar el problema de la resistencia a los antibióticos. Mientras el agua y el jabón común simplemente eliminan las bacterias de la piel, el triclosán debilita y mata a los microorganismos. Hasta hace poco se pensaba que el triclosán actuaba de manera indiscriminada —matando todas las bacterias de varias maneras—, pero ahora los científicos saben que apunta a vías moleculares específicas, actuando más como un antibiótico. Por ejemplo, el triclosán se centra en una enzima que juega un papel clave en el metabolismo bacteriano, la misma vía que ataca la isoniazida, el antibiótico que combate la tuberculosis. Esta similitud ha planteado la preocupación de que las bacterias podrían mutar y volverse resistentes al triclosán, y por lo tanto también al antibiótico. Allison Aiello, epidemióloga de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, señala que varios estudios han demostrado que las bacterias pueden volverse resistentes al triclosán en un entorno de laboratorio. Por ejemplo, un estudio halló que hasta siete por ciento de las cepas de Listeria aisladas del ambiente y de productos alimenticios fueron resistentes a las sustancias químicas presentes en los jabones antibacterianos.

No hay ninguna investigación definitiva sobre si el triclosán afecta negativamente a la salud humana, pero los estudios en animales sugieren que la exposición a este químico y a otros similares tienen el potencial de alterar las hormonas en el cuerpo, desencadenar alergias y estar asociado con algunos tipos de cáncer. Aún no se sabe si esos efectos se traducen en humanos; como explican algunos expertos, durante los experimentos, los animales están expuestos a dosis mucho más altas de las que alguna vez llegan a los seres humanos. Aún así, debido a que existe la posibilidad de daño, la FDA debe considerar seriamente los posibles efectos sobre la salud. “Cuando hay conflictos en los datos, es mejor concentrarse en los costos que no hacerlo”, dice Kristi Pullen, experta en salud ambiental en el NRDC. Estos efectos son de particular interés debido a que muchas personas usan jabones antibacteriales, y los productos químicos que contienen pueden ser absorbidos por la piel. Según un estudio realizado en 2004, el 75 por ciento de los estadounidenses tienen triclosán en su orina.

El triclosán también se ha vinculado a preocupaciones ambientales. Al usarse, una vez que los jabones antibacteriales se escurren por el desagüe, los productos químicos que contienen pueden persistir en la naturaleza durante décadas. Y su alcance es amplio; el triclosán se ha encontrado en lagos, arroyos, océanos e incluso en polvo doméstico. “El uso a gran escala de productos que contienen triclosán no ha generado beneficios medibles a la salud pública, pero en su lugar ha causado la contaminación del agua, el polvo, el suelo y la biota en países de todo el mundo”, dice Rolf Halden, ingeniero ambiental de la Universidad del Estado de Arizona, en Tempe. De hecho, los científicos en Minnesota descubrieron en 2010 que cuando el triclosán es tratado en plantas de aguas residuales, puede convertirse en dioxinas peligrosas. Estos productos químicos, que son de la misma familia que los PCB y los pesticidas, persisten durante años en el ambiente y suponen una amenaza significativa para la salud humanos y animal. Las dioxinas generadas por el triclosán se encontraron en los lagos en todo Minnesota, así como en el río Mississippi. Como resultado, el año pasado el estado decidió prohibir el triclosán; la restricción entrará en vigor el 1 de enero de 2017.

 

A la FDA le tomó varios años analizar pilas de estudios y sopesar los riesgos y beneficios del jabón antibacterial de manos, y basó su decisión de prohibir los ingredientes activos específicos en razones de seguridad y eficacia. “Ningún fármaco es completamente bueno o completamente malo”, dice Bruce Hammock, toxicólogo de la Universidad de California, en Davis. El experto observa que los estudios en animales son difíciles de traducir para el uso humano, y continúa: “Todo es una ecuación de riesgo-beneficio”. Aún así, dice Hammock, debido a que el triclosán y otros productos químicos en los jabones antibacteriales no muestran beneficios frente al jabón común no deberían ser usados por el público general. Sara Reisman, química orgánica del Instituto de Tecnología de California, coincidió. La experta sostiene que no hay suficientes beneficios para justificar la exposición de las personas en masa a productos químicos que pueden ser perjudiciales.

Paul DeLeo, del Instituto de Limpieza de EE.UU., una organización empresarial que apoya a la industria de productos de limpieza, dice que las compañías ya han buscado eliminar gradualmente el triclosán, en gran medida debido a la prohibición de Minnesota. Al ser entrevistado el mes pasado, DeLeo pensó que la FDA prohibiría el químico debido a la medida que tomó ese estado y la presión de los consumidores. Aiello, de la Universidad de Carolina del Norte, y Stuart Levy, director del Centro de Genética de la Adaptación y Resistencia a las Drogas de la Universidad de Tufts y consultor del comité asesor de la FDA, también creyeron que la FDA podría decidir poner en vigor una prohibición nacional.

A pesar de que ahora el triclosán y los otros productos químicos en la lista de la FDA están fuera de la ley, los productos probablemente no estarán libres de antibacteriales de hoy a mañana. DeLeo dice que las empresas han sustituido el triclosán con otros tres productos químicos que no están aprobados por la FDA: cloruro de benzalconio, cloroxilenol y cloruro de bencetonio. A estos productos químicos se les ha dado una extensión para permanecer en el mercado durante al menos un año mientras que las empresas reúnen evidencia que apoye su seguridad y eficacia. Los funcionarios de salud están preocupados de si estos productos antibacteriales tendrán los mismos problemas que el triclosán. “Sustituir uno con el otro no parece que vaya a resolver el problema”, dice Reisman.