En el cuento tradicional, un muchacho trama burlarse de sus vecinos haciéndoles creer que un lobo merodea cerca de la aldea. Este relato con moraleja acaba mal para el travieso, pero una pequeña ave australiana sabe hacerlo mejor.

Si un verdugo pío amenaza un nido con polluelos de acantiza parda, los progenitores cantan a voz en grito ¡que viene el lobo!, en realidad, el azor. La falsa alarma amedrenta al intruso porque cree que su más temido enemigo, el azor australiano, anda próximo. La diminuta acantiza engaña así a su depredador.

Para estudiar esta refinada artimaña, el biólogo Branislav Igic, entonces en la Universidad Nacional Australiana, y sus colaboradores colocaron un verdugo disecado cerca de nidos de acantizas y emitieron los reclamos de alarma de los polluelos. Las acantizas adultas prorrumpieron en gritos de peligro e incluso imitaron los cantos de otras especies. Igic también puso a prueba a 18 verdugos mediante la emisión de sonidos de alarma por azor que eran fieles y no tanto a los reclamos de las acantizas. Comprobó que los segundos también eran disuasorios. Los resultados se publicaron la pasada primavera en Proceedings of the Royal Society B.

Los investigadores creen que los cantos que parecen proceder de varios individuos dan mayores visos de realismo a la alarma. "Las aves adoptan estrategias singulares sumamente interesantes para proteger a su prole", explica Igic, que ahora se encuentra en la Universidad de Akron. Los cantos de las acantizas distrajeron a los verdugos un promedio de 8,3 segundos, pero cuando Igic incluyó también los reclamos fieles, los verdugos permanecieron intimidados el doble de tiempo. Ese lapso adicional puede bastar para que los polluelos huyan del nido.

El camuflaje visual, ejemplificado por las inofensivas serpientes reales que semejan las venenosas serpientes de coral, es un viejo conocido de los etólogos, pero el mimetismo vocal sigue deparando muchas sorpresas. "Esta es otra prueba de las ventajas que otorgan algunas imitaciones vocales gracias a un comportamiento vocal inusual", afirma Tom Flower, ornitólogo de la Universidad de Ciudad del Cabo que no participó en el estudio. A él le gustaría saber con certeza si la farsa mejora la supervivencia de los polluelos. Por ahora, a diferencia de los aldeanos de la fábula, el verdugo aún no ha descubierto el engaño de la acantiza.

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en Investigación y Ciencia