Uno puede intuir que está empezando a aburrir a un interlocutor cuando sus ojos se alejan y no le devuelve la mirada. Alinear las pupilas con alguien puede parecer una manera improbable para intercambiar señales, pero la verdad es que el contacto visual es una de las formas más importantes de comunicación no verbal. Utilizamos el contacto visual todos los días para indicar interés mientras escuchamos y hablamos. Los ojos humanos, con sus grandes áreas no pigmentadas, son excelentes a la hora de deducir hacia dónde una persona dirige su mirada. Esto nos facilita seguir la atención de alguien y darnos cuenta cuando su interés disminuye.

Sin embargo, el contacto visual necesita a dos personas: además del oyente, el hablante también tiene que mantener la mirada para que el contacto visual se produzca. Una serie de estados emocionales como la timidez, la vergüenza o la culpabilidad pueden hacer que alguien evite el contacto visual mientras trata de comunicarse. Y es posible que usted haya notado que cuando alguien piensa profundamente, baja los ojos. Un experimento reciente realizado en Japón sugiere que el contacto visual utiliza los mismos recursos mentales requeridos para tareas complejas, por lo que tratar de mantener la mirada del otro puede impedirle razonar.  En este caso, la ruptura del contacto con los ojos no proviene de alguna emoción, sino por la necesidad de preservar los recursos cognitivos: el contacto con los ojos puede agotar su ancho de banda mental.

En el experimento se les pidió a los participantes que no dejaran de observar los ojos de una persona en una pantalla, al mismo tiempo que realizaban una tarea verbal. A veces, la persona representada en la pantalla dirigía sus ojos al espectador y, a veces, miraba hacia un lado.

Para completar cada tarea, los participantes debían usar un verbo que se podría utilizar con un sustantivo dado. Por ejemplo, si escuchaban la palabra leche, podían decir beber. Es importante destacar que esta tarea puede ser más difícil de dos maneras diferentes. En primer lugar, un sustantivo puede trabajar con muchos verbos posibles (sopa podría responderse con comer, beber, cocinar). Esto aumentaría la dificultad de seleccionar una respuesta. Por otra parte, la tarea podría ser más difícil si los verbos correspondientes de un sustantivo eran más difíciles de recordar. Estos dos tipos de dificultades hacen que a los investigadores les sea más fácil alternar el desafío de la tarea hacia arriba o abajo.

Como era de esperar, la gente tomó más tiempo responder cuando se les entregaban los sustantivos más difíciles. Sin embargo, el contacto visual directo con la persona en la pantalla solo impidió el rendimiento de las personas cuando las instrucciones eran doblemente difíciles. Estos eran los sustantivos difíciles en ambas dimensiones, aquellos que permitían varias respuestas posibles y que tenían débiles asociaciones lingüísticas con sus verbos. Solo en estas tareas verbales más difíciles hubo una disminución apreciable del rendimiento de las personas mientras mantenían el contacto visual. Fuera de estos casos, mantener un estrecho contacto visual con el rostro en la pantalla no afectó el rendimiento.

Este hallazgo se suma a la evidencia de que el contacto visual hace que las personas tengan dificultades para realizar ciertas tareas. Estudios previos han establecido este fenómeno, pero muchos de esos estudios trabajaron más bien con el pensamiento visual –cosas como imaginar un paisaje 3D, o nombrar el color de una palabra–. En esos casos, la interferencia con el pensamiento podría explicarse simplemente porque mantener el contacto con los ojos también es visual. Al entregar la prueba en forma auditiva y pedirles a los sujetos que respondieran verbalmente, los investigadores en este estudio evitaron esa complicación.

Todavía no está claro por qué se produce un conflicto entre el contacto visual y algunos tipos de pensamiento. Los investigadores sugieren que solo cuando la tarea de asociación verbal es más difícil entra en escena un "sistema cognitivo general" para ayudar al sistema verbal. El contacto con los ojos podría estar gestionado por el sistema cognitivo general, que termina siendo suprimido por las demandas simultáneas. Sin embargo, es difícil especular sin hacer seguimiento del cableado cerebral detrás de las tareas. Además de las áreas corticales que se consideran más importantes para las tareas complejas y la cognición, el contacto visual también activa muchas áreas límbicas emocionales como la amígdala.

Los investigadores todavía tienen mucho que entender acerca de cómo la cultura afecta el uso que hace la gente del contacto visual. Si bien este estudio se llevó a cabo en adultos de habla japonesa, otro experimento tampoco encontró ninguna influencia significativa del contacto visual en la frecuencia cardiaca o en la duración del contacto visual en participantes japoneses y finlandeses. No obstante, los estudios realizados hasta la fecha se han centrado en las diferencias culturales de la percepción del contacto visual como algo positivo o negativo, o cómo actuar durante el contacto visual, por lo que se sabe menos acerca de la cultura y los efectos del contacto visual en el pensamiento. Si el apartar la mirada para poder pensar es algo transcultural, entonces quizás culturas con menos énfasis en el contacto visual permiten un pensamiento más profundo durante una conversación dada; mientras que aquellas que utilizan más el contacto visual podrían dar una mejor retroalimentación social entre compañeros de conversación. En nuestra vida cotidiana, ¿hablamos con más fluidez sobre temas complicados y sin contacto visual? y si es así, ¿perdemos algo en este intercambio?

El contacto visual es algo que preferimos desde el nacimiento, pero no siempre es algo ventajoso. En 1998, los investigadores teorizaron que evitar la mirada de los alrededores ayuda a pensar, apartándonos de posibles distracciones que nos rodean. Si bien queda por ver qué tareas se ven perjudicadas (y cuáles podrían ser mejoradas) con el contacto visual, las tareas verbales complejas parecen ser más difíciles para las personas que tratan de mantener la mirada del otro. Así que la próxima vez que esté en un concurso de miradas con un entrevistador, tómese el tiempo para mirar por la ventana, mientras reflexiona sobre las preguntas más difíciles. Su interlocutor debe perdonarle la falta de etiqueta si usted le da sus mejores respuestas.

 

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