Los astrónomos han encontrado la mejor evidencia disponible hasta el momento sobre la existencia de un océano entero en un lugar extremadamente improbable: el planeta enano Plutón, en las oscuras profundidades del sistema solar. Allí, el nitrógeno y otros gases “volátiles” se congelan en condiciones criogénicas, y el agua se convierte en hielo tan duro como una roca. Durante décadas, los científicos han teorizado sobre cómo ese hielo podría actuar como un aislante, preservando vestigios de calor y humedad en lo profundo de Plutón y de otros objetos tan alejados del Sol. Pero no había suficientes datos para confirmar esas locas especulaciones.

Todo eso cambió cuando la misión de New Horizons de la NASA voló sobre Plutón el año pasado. Entre las muchas maravillas del planeta enano, la característica más brillante y sorprendente que halló la sonda fue una llanura en forma de corazón de 1.600 kilómetros de ancho, extendida a lo largo de la superficie del mundo lejano. A este corazón se le llama la “región de Tombaugh”, en honor a quien descubrió este cuerpo celeste, el astrónomo estadounidense Clyde Tombaugh. Las fisuras y fracturas alrededor de la región de Tombaugh y en otras partes del planeta sugieren que una capa subterránea de lodo acuoso podría estar solidificándose lentamente, rompiendo la superficie a medida que se expande como cubos de hielo en un freezer. Pero otras posibilidades más secas también podrían explicar tales grietas. Ahora, sin embargo, dos estudios publicados el miércoles en Nature refuerzan la teoría de que el corazón helado de Plutón contiene un mundo interior más cálido y húmedo.

“Si tenemos razón, los océanos en el sistema solar externo son comunes y otros objetos de tamaño similar a Plutón probablemente también tengan océanos subsuperficiales”, dice Francis Nimmo, autor principal de uno de los estudios y científico planetario de la Universidad de California en Santa Cruz.

La nueva evidencia del océano de Plutón proviene del lóbulo occidental de 1.000 kilómetros de la región de Tombaugh, una zona llamada informalmente “planicie Sputnik”. Esta llanura, cubierta de hielo brillante relativamente fresco y libre de cráteres, es una rareza en comparación con el resto de la antigua superficie escarpada de Plutón. Los científicos han explicado la apariencia juvenil de la planicie Sputnik al postular que se trata de una antigua cuenca de impacto, un gigantesco cráter lleno de gruesos témpanos de hielo más joven que, impulsados por el calor que se filtra desde abajo, agitan y refrescan la superficie. Sin embargo, lo más extraño acerca de la planicie Sputnik es su ubicación: a lo largo del ecuador en una curiosa alineación con Caronte, la luna más grande de Plutón. Esta luna está vinculada por las mareas con Plutón, y su órbita está sincronizada con la rotación del planeta, de modo que parece que cuelga inmóvil sobre la misma región de la superficie planetaria directamente sobre la planicie Sputnik.

“Si trazas una línea desde el centro de Caronte a través del centro de Plutón y hasta el otro lado del planeta, saldrá muy cerca de la planicie Sputnik”, dice James Tuttle Keane, estudiante de doctorado en la Universidad de Arizona en Tucson y autor principal del otro estudio de Nature. La posibilidad de un impacto gigantesco que haya generado un cráter tan precisamente alineado con Caronte es sumamente baja, dice Keane, por lo que él y su equipo (así como Nimmo) fueron a buscar otra explicación. Para eso usaron datos de New Horizons y telescopios terrestres con el fin de crear modelos sobre cómo podría influir la formación de la planicie Sputnik en la evolución interior y orbital de Plutón.

Ambos equipos hallaron que la extraña alineación con Caronte podría explicarse mejor si la planicie Sputnik fuera mucho más masiva que las regiones circundantes en Plutón. A lo largo de millones de años, esta “anomalía de masa positiva” hizo que el planeta entero se inclinara hacia su alineación actual con Caronte, similar a un frisbee con cuartos pegados a un borde, que se tambalea en vez de girar suavemente. Modelando este proceso, el equipo de Keane encontró que si la planicie Sputnik se habría formado al noroeste de su posición actual, las tensiones de su reorientación hacia el ecuador crearían una redes de fallas, cañones y montañas que se correspondan mucho con lo observado por New Horizons.

Según el equipo de Nimmo, un océano subterráneo es la razón más plausible para que la planicie Sputnik sea más pesada que sus alrededores. El nacimiento de la región a partir de un impacto gigante debió de haber excavado tanto hielo de la superficie de Plutón que la lluvia acuosa brotó de lo más profundo del interior, rellenándose hasta formar un moretón pesado, de escala planetaria, debajo de la corteza más delgada. A medida que el hielo superficial se acumulaba sobre ese moretón, la planicie Sputnik creció lo suficiente como para reorientar la rotación de Plutón. Los modelos de Nimmo sugieren que el océano del planeta está a unos 100 kilómetros de profundidad y tiene miles de millones de años, y se mantuvo líquido por las grandes cantidades de amoníaco, un anticongelante natural que prevalece en los cuerpos helados del sistema solar exterior. Si bien el océano putativo de Plutón podría, en principio, sostener la vida, probablemente se encuentre debajo unos 200 kilómetros de hielo y muy lejos de la Tierra, convirtiéndolo en un objetivo mucho menos atractivo para estudios astrobiológicos que otros océanos subsuperficiales más cercanos en el sistema solar, como los que existen en Europa, una de las lunas heladas de Júpiter y en Encelado, de Saturno.

David Stevenson, un científico planetario del Instituto Tecnológico de California en Pasadena, que no participó en ninguno de los dos equipos, califica a ambos estudios de “interesantes y plausibles” impulsores de una idea que ya tiene décadas de que Plutón tiene un océano.

Mientras que el tema del océano de Plutón es cada vez más hermético, Keane y sus colegas son menos optimistas sobre la posibilidad de que aún persista en las profundidades del planeta enano. Sus modelos sugieren que las fisuras de la superficie del planeta son también consistentes con un cuerpo de agua subterráneo que se congeló completamente hace tiempo. En este caso, gran parte de la pesadez de la planicie Sputnik y los ajustes en la rotación de Plutón podrían explicarse alternativamente por la acumulación gradual de hielo superficial dentro del cráter gigante. Este proceso se habría desarrollado durante las centenarias estaciones de Plutón, estiradas a lo largo de miles de millones de años, a medida que las columnas de nitrógeno gaseoso del verano se congelaron como nieve para quedar atrapadas como hielo durante el inverno en la gigantesca cuenca de la planicie Sputnik. “Seguimos siendo un poco agnósticos”, dice Keane. “No estamos seguros de si hay suficientes datos como realmente ver la diferencia [entre escenarios]”.

Incluso si el océano de Plutón ahora es sólo hielo, dice Keane, estos nuevos estudios en la planicie Sputnik revelan un poderoso y único vínculo entre el clima de Plutón y la evolución orbital que también podría operar en otros mundos helados en el sistema solar exterior. “Esta idea de un planeta entero que está siendo arrastrado por el ciclo de volátiles no es algo que mucha gente realmente haya pensado antes”, dice Keane. “El movimiento de los hielos volátiles a través de la superficie [de Plutón] está resurgiendo continuamente en el planeta y controlando su orientación: pasado, presente y futuro. Plutón todavía puede estar moviéndose y tambaleándose debido al transporte de volátiles, y este mismo proceso puede ser responsable de la actividad geológica contínua en otros mundos”.