Hay que invertir unos  dos años de trabajo y unos $200.000 para desarrollar un auto propulsado completamente por energía solar, pero se necesita mucho más tiempo y experiencia para pulir los pequeños detalles y mejorar los prototipos para poder coronarse campeón de una competencia como la Carrera Solar de Atacama, que en su edición de 2014 plantea un recorrido de 14.000 kilómetros a través del desierto más árido del mundo.

Este año, 20 equipos procedentes de cinco países distintos –Japón, Bolivia, Ecuador, Chile y Colombia– competirán, del 13 al 17 de noviembre, en las dos categorías del circuito que se ha consolidado como la más importante de América Latina y una de las principales del mundo.  
Por un lado la Ruta Solar es la carrera de vehículos híbridos que utilizan una combinación de energía solar y tracción humana y cuentan con una restricción presupuestaria de $7.000, con el objetivo de desarrollar autos ecológicos a bajo costo y permitir la participación de equipos con financiamiento limitado.

Por otro, el Desafío Solar Atacama, que reúne a vehículos de tres ruedas (modalidad clásica), diseñados así para reducir al mínimo las pérdidas de eficiencia mecánica ­–y que suele comprender un perfil alar como fuselaje y un habitáculo ajustado–, y cuatro ruedas (modalidad evolución), el plato fuerte de la competición, pues las características de estos autos los acercan a los convencionales.

 

La Universidad Andrés Bello de Chile participará en el carrera con Sköll, un auto que solo utiliza energía solar. Foto de Patricia Luna



Este año la atención se centra en la participación por primera vez del equipo japonés Tokai, de la universidad del mismo nombre,  bicampeón del World Solar Challenge de Australia (2009 y 2011),  considerada la carrera solar más importante del mundo. Los japoneses son veteranos en la materia,  llevan más de dos décadas investigando y desarrollando vehículos de propulsión solar.

Su propuesta, el Tokai Challenger 2013, uno de los autos más espectaculares y con el que defendieron su título mundial,  alcanza velocidades medias de 85 kilómetros por hora utilizando únicamente la energía solar y pueden llegar a 150 kilómetros por hora combinado con la energía de la batería.

“Nuestro auto solar combina paneles solares muy eficientes (6 metros cuadrados con eficiencia de conversión de 22,5%) con una carrocería extremadamente ligera, de apenas 150 kilos de peso. Los módulos solares aportan una energía de 1,35 KW y cuenta con un motor eléctrico  que puede llegar a los 100 kilómetros por hora cuesta arriba”, explica Hideki Kimura, profesor del departamento de ingeniería eléctrica y electrónica de la Universidad Tokai.

Los japoneses se enfrentan al conocimiento local.  Su máximo competidor será el bicampeón de la Carrera Solar de Atacama en sus anteriores ediciones, el equipo Antakari, una colaboración entre la industria y la universidad, como ocurre en varios de los otros equipos participantes, que reúne a los ingenieros de Minera Los Pelambres con la Universidad de la Serena (norte de Chile).

El Antakari Solar cuenta con 6 metros cuadrados de paneles solares efectivos, utiliza tecnología silicio nanocristalino, con una eficiencia de conversión de 24%, lo que permite capturar en horario pico –entre las 11 a. m . y las  3 p. m.– unos 1.400 KW, alcanzando velocidades de 90 kilómetros por hora.  Este modelo pesa 30 kilos menos que su predecesor,  pues redujeron el peso del chasis y el fuselaje,  utilizando el conocimiento de materiales compuestos, como fibras de carbono de la Empresa Nacional de Aeronáutica de Chile.

Un pequeño banco de batería de 3,85 KWh constituye su pulmón energético y además utiliza la telemetría a través de un vehículo escolta.  “Segundo a segundo estamos leyendo lo que está pasando en el auto  y determinamos si la energía que estamos tomando la gastamos completamente en el motor o la almacenamos en la batería para sortear una subida más adelante. Al piloto le dedicamos la velocidad del auto y por topología interna del vehículo se produce un balance energético, si le solicitamos circular a 80 kilómetros por hora y gasta 1.000 KW y si está obteniendo 1400 KW, los 400 KW restantes se almacenan en las baterías”, explica Jaime Muñoz, capitán del equipo.

Para coronarse campeones los equipos –que luchan por el prestigio puesto en el que no hay premio en metálico­– tendrán que enfrentarse a los muchos desafíos que esconde el desierto más árido del mundo, aunque también el de mayor radiación solar, en una carrera marcada por fuertes ascensos y descensos.

“Las competencias de autos solares se llevan a cabo en lugares prácticamente planos. En Atacama en cambio pasamos en un solo día del nivel del mar a 3.400 metros con pendientes muy pronunciadas. Ese desafío es muy complicado, es una competencia más allá de velocidad, se trata de eficiencia, se lucha por llegar al otro lado con la energía que cuentan, que es muy poca”, explica Leandro Valencia, director de la carrera.  

Más allá de la carrera

La competencia tiene el objetivo de promover que equipos de todo el mundo generen innovación en tecnologías fotovoltaicas,  desarrollar la movilidad eléctrica y crear conciencia entre emprendedores y los ciudadanos de la importancia de las energías renovables como impulsoras de una sociedad más sustentable, de todo lo que se puede lograr con energía solar.  

Para ello  trata de generar ambientes de colaboración entre estudiantes y el sector empresarial para encontrar sinergias que sirvan a ambos y poder crear así una nueva industria en torno a estas tecnologías. 

“Tenemos también el objetivo de generar una industria nacional de movilidad eléctrica, hacer vehículos eléctricos livianos que no son solares, sino vehículos eléctricos equipados con una batería que puedes sacar y cargar en la oficina”, señala Valencia. 

“Todos los conocimientos que se requieren para hacer ese auto están en los competidores de carrera solar Atacama y todas las máquinas que se necesitan para fabricarlos están en la industria del metal mecánica que es proveedor de la minería, nuestra principal industria. Tenemos todos los incentivos para desarrollar una industria en Chile y no voy a descansar hasta que vea este tipo de autos eléctricos fabricados en el país en las calles”, señala entusiasta.

Un desarrollo que podría convertir a Chile en líder en la industria de vehículos eléctricos mundial y en un país capaz de generar innovación tecnológica solar. “Deberíamos ser la capital del sol”,  afirma Valencia, convencido.   
 

El miércoles, varios de los vehículos que participarán en la carrera fueron exhibidos frente al Palacio de la Moneda, en el corazón de Santiago de Chile. Foto de Patricia Luna