A lo largo de seis semanas del verano pasado las mujeres embarazadas en una amplia franja del este de Sierra Leona fueron incapaces de encontrar una sola persona que realizara cesáreas. El responsable de ello era uno solo: el virus del Ébola. 
 
El virus mortal, que mata a cerca del 70 por ciento de sus víctimas en África occidental, había matado a dos de los cuatro médicos del principal hospital de la región. Otro doctor había huido por miedo y el galeno restante estaba enfermo con otro mal. El Hospital Gubernamental de Kenema, una instalación que atiende a tres distritos con más de un millón de personas en la zona, típicamente atiende cada mes 150 partos y realiza 17 cesáreas, eso era antes del ébola. Pero la falta de profesionales de la medicina, unido a la resistencia de los pacientes de acudir para el cuidado al mismo lugar donde los pacientes de ébola están siendo dirigidos, se trajo de picada la cantidad de pacientes que dan a luz en el hospital.   El miedo también se ha extendido entre los otros pacientes que quedan en el hospital, mientras que  otros trabajadores de la salud no han acudido a realizar cesáreas, en ausencia de médicos especialistas disponibles.
 
En julio solo 93 mujeres llegaron a la clínica para dar a luz y ninguna pudo tener una cesárea, dice Laura Miller, coordinadora de salud del Comité Internacional de Rescate, que trabaja en esa zona de Sierra Leona. Pese a ello, solo hubo un pequeño aumento en la mortalidad materna en el hospital durante ese tiempo (aproximadamente un 4 por ciento en lugar de 1 por ciento), pero los cuidadores sospechan que más mujeres han tenido sus partos en casa y tal vez han fallecido al hacerlo. "Creo que la gente tiene miedo de ir al hospital porque hay mucho miedo de que la gente va a infectarse allí. Es una pena, porque una gran cantidad de trabajo se ha hecho en los últimos seis años en Sierra Leona para mejorar la calidad de la atención materna".
 
Los nacimientos en el hospital llegaron a un mínimo histórico este verano, señala Miller. En julio, el mes más afectado, hubo una disminución de aproximadamente el 25 por ciento. Los temores de las pacientes se derivó del hecho de que el hospital, hasta el mes pasado, era el principal sitio de la zona para la atención de ébola, dice Miller. Sin embargo, habían pocas alternativas para las mujeres embarazadas. Del puñado de centros de atención privados en la zona, algunos habían cerrado; mientras que una clínica cercana, a cargo de Médicos Sin Fronteras, dejó de aceptar pacientes embarazadas en julio porque ya no podían correr el riesgo para su personal. "Estamos esperando que la mortalidad materna se dispare", dice Lina Moses, investigadora de la Universidad de Tulane, que trabaja en la fiebre de Lassa en Sierra Leona. Además, la contratación de personal médico para ayudar con los partos es difícil porque tienen miedo a ser expuestos a la sangre de las pacientes, incluso cuando estas no muestren síntomas del ébola, dice ella.
 
Dar a luz puede ser una tarea desastrosa. Grandes cantidades de fluidos corporales son expulsados durante un parto vaginal. En una cesárea, pese a que el médico normalmente usa equipo de protección, que incluye una máscara, delantal y guantes, abrir un cuerpo y tener un contacto cercano con él puede ser aterrador en una zona donde el ébola está asentado.
 
En Sierra Leona se han registrado 4.862 casos de Ébola y 1.130 muertes hasta el momento. En todo el mundo, un total de 549 trabajadores de la salud se han infectado con el virus y 311 han muerto. Aunque en Liberia, Sierra Leona y Guinea había alta mortalidad materna antes de la epidemia, la Organización Mundial de la Salud espera que las cifras de esos países empeoren gracias al ébola. "Aunque no tenemos datos, se entiende que la falta de atención obstétrica de rutina tendrá un impacto negativo significativo en los resultados maternos y del recién nacido", dice Lisa Jane Thomas, una doctora de la OMS que trabajó en Liberia durante las últimas seis semanas.
 
Mas la historia de las pacientes embarazadas con ébola es aún más sombrío. "En este momento las tasas de supervivencia de las mujeres embarazadas con ébola son bajas", dice Thomas. Añade que se están escuchando relatos  acerca de las complicaciones que incluyen partos de niños muertos, muerte neonatal, hemorragias post-parto y abortos espontáneos con sangrado excesivo. Para ayudar a aumentar las tasas de supervivencia, la OMS, UNICEF y Save the Children redactaron una guía para partos seguros y atención del recién nacido en un brote de ébola, pero aún así, el miedo hacia la enfermedad dificulta la atención de pacientes embarazadas. De hecho, Armand Sprecher, un especialista en salud pública de Médicos Sin Fronteras, dice que para las pacientes con ébola la mortalidad materna es "casi universal".