Cuando el ébola llegó al hogar de Dorcas en las afueras de Freetown en Sierra Leona, el virus no perdonó a nadie. Su madre lo llevó a casa desde la clínica donde trabajaba cuidando un paciente con ébola, que finalmente murió. Ella, a su vez, contagió con el virus al padre y la hermana mayor de Dorcas, que había estado ayudando a limpiar el abundante vómito y diarreas de su enferma madre. Luego vino el turno de Dorcas, quien a sus 17 años llevó a sus padres enfermos al hospital con la motocicleta familiar.

Para la madre fue ya demasiado tarde, le dijo Dorcas al activista por la paz Chernor Bah, durante su reciente visita a Sierra Leona. Dorcas se puso en cuarentena con su padre, quien estaba cada vez más enfermo, y le cuidó intensamente a pesar de que ella empezó a sentir también los síntomas de la infección viral. A las pocas semanas su madre murió, su padre murió, y su hermana mayor murió. Pero Dorcas sobrevivió.

Dorcas regresó a casa para encargarse del cuidado y la alimentación de sus dos hermanos menores, con los $10 de arroz y aceite provistos por el gobierno; un suministro que se agota rápidamente. Sus vecinos la tratan con desconfianza, explicó a Bah. Chernor Bah compartió la historia de Dorcas por Skype durante una conferencia sobre la crisis del Ébola en África Occidental organizada en la Universidad de Columbia, en Nueva York, mientras él mismo se encontraba bajo su propia cuarentena. De los sobrevivientes con quien Bah habló estando en Sierra Leona, la mayoría eran chicas jóvenes como Dorcas, que habían perdido a toda su familia. En estos momentos hay comunidades enteras en cuarentena. Las casas, que solían albergar grandes familias de 20 o más miembros, están ahora reducidas a unos pocos sobrevivientes. "Esto está afectando a la esencia misma de lo que somos como pueblo y como nación", dijo Bah. "El cuidado de los enfermos es una parte fundamental de nuestra humanidad".

O como Dorcas dijo a Bah: "Me contagié de Ébola por amor, y ahora tengo que valerme por mí misma y sin saber si alguna vez podré volver a la escuela".

Sobrevivir al ébola es solo el primer desafío en Guinea, Liberia y Sierra Leona. Estos países, que carecen de sistemas de atención sanitaria suficientes, se enfrentan ahora a las secuelas económicas y sociales de un brote devastador. Así como el ébola infecta traicioneramente a los propios trabajadores sanitarios encargados de luchar contra él, el virus está debilitando todavía más a países muy pobres, agravando los problemas persistentes desde guerras civiles e históricos. Los aproximadamente 28 millones de habitantes de Guinea, Liberia y Sierra Leona disponen solo de unos pocos cientos de médicos, muchos de los cuales ya han perecido durante su heroica lucha para detener la enfermedad.

La llegada del ébola ha empeorado todavía más las perspectivas para el control de otras enfermedades tropicales arraigadas en estos países como la fiebre de Lassa y la malaria. Peor aún, dado que los síntomas de estas otras enfermedades tropicales pueden ser los mismos –y no existen todavía pruebas para la detección rápida del ébola–, algunos de estos pacientes terminan en salas de aislamiento junto a enfermos de ébola, donde el riesgo de infección es mucho más alto. "Esto nos obliga a prestar atención a las personas a quienes no solemos prestar atención," dijo el economista Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la Universidad de Columbia, que alojó la reunión de un día sobre la crisis del ébola. "No debería sorprendernos que esa gente no tenga atención sanitaria. Éste es el sistema real que tenemos en el mundo. Somos muy negligentes."
 
El problema no es solo un sistema de salud débil y sobrecargado. Los suministros de alimentos en los países con escasez han disminuido aún más. La falta de nutrición e incluso el hambre severa, están en aumento. Cuando los precios de alimentos básicos como el arroz y la yuca se disparan y el miedo obliga a cerrar mercados, las economías sufren. De acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) las cosechas están estancadas, mientras que para los agricultores resulta difícil trabajar sus campos porque los trabajadores están enfermos o tienen miedo de viajar.

De hecho, el PMA señala que los precios de los alimentos ya han subido un 24 por ciento en lo que va del año en los tres países más afectados. Las familias han reducido su ingesta a una comida al día en algunos casos. Junto con la reducción de los ingresos por la disminución del trabajo, el acceso a los alimentos se vuelve más y más difícil. Los precios de los seguros para los cargamentos que viajan hacia o desde los países afectados y sus vecinos se han incrementado, lo que agrava aún más la crisis financiera. La gente no está trabajando a causa del ébola, y no se les paga. Sin dinero, el comercio se paraliza.

En Conakry, capital de Guinea, la gente se está endeudando para poder proporcionar alimentos a sus hijos. En las zonas rurales del país, donde la epidemia comenzó, el número de comidas se ha reducido, a pesar de estar en plena temporada de cosecha, cuando normalmente los hogares rurales tienen más alimentos y dinero en efectivo. La Famine Early Warning Systems Network sugiere que "grandes poblaciones se enfrentarán a faltas moderadas y extremas de acceso a alimentos" si el ébola continúa extendiéndose. En otras palabras, la amenaza del hambre se acerca.

Los más afectados por la crisis del ébola, como en todas las crisis, son los más pobres, ya sea en las ciudades o en las comunidades rurales más remotas. "Los epicentros son los lugares donde las personas están descontentos con los sistemas de salud", explicó Ranu Dhillon a través de Skype desde Guinea, donde está trabajando para intentar controlar la epidemia. "Para ellos, el sistema de salud ni siquiera existe, o es una clínica en ruinas que no tiene suficientes medicamentos. Estamos construyendo un sistema sanitario al mismo tiempo que respondemos a la emergencia".

Incluso la falta de caminos para llegar o salir de las comunidades rurales hace que se requieran horas en vehículos robustos, o extenuantes caminatas de kilómetros. "No hay caminos y muy poca electricidad ", añadió Dhillon. "Si encontrar a los pacientes es difícil, todavía más es transferirlos desde los pueblos a los sitios de atención".

Una epidemia de miedo hace estragos junto con la del ébola. Las personas ocultan a sus muertos, preocupados de que enfermeros en "trajes espaciales" estén robando órganos o asesinando a los enfermos con varios protocolos de tratamiento, tales como la pulverización de los infectados con soluciones de cloro. La confianza en las autoridades se ha esfumado –si es que había alguna– y la gente ha recurrido a sobornar a los oficiales de salud para ocultar la causa de la muerte o permitir entierros que incluyan el lavado del cadáver, lo cual expone a las personas a la infección y propagación de la enfermedad. "La gente ve al centro de tratamiento como si fuera una sentencia de muerte. Los separan de sus familias en sus últimos días, y los entierran de una manera que no se adecua a sus prácticas culturales y religiosas", dijo Dhillon. "Ellos solo van a cooperar cuando sepan que van a obtener la mejor atención, y cuando crean que hay esperanza".

Como resultado, el número de infecciones de ébola reportadas puede ser hasta un 75 por ciento menor del real, según la Organización Mundial de la Salud. Además, la transmisión a través de fluidos corporales es más fácil en ciudades superpobladas con casas abarrotadas, como Monrovia, capital de Liberia, cuyas infraestructuras (como carreteras y electricidad) tienen capacidad para 300.000 personas y alberga 1,5 millones de habitantes. "Una de las mejores formas de interrumpir la propagación en África sería que la gente que se identifique a sí mismos como potencialmente infecciosos y se presentara a los centros de atención médica", explicó Robert Kanter, un pediatra e investigador del National Center for Disaster Preparedness (NCDP) en la  Universidad de Columbia. "Pero no lo harán a menos que crean que les va a beneficiar".

Como demuestran las tasas de recuperación en los países más ricos, esta cepa de ébola puede ser tratada con éxito con técnicas tan simples como la sustitución de los líquidos perdidos por la enfermedad. Sin agua, los órganos fallan y la presión arterial se desploma, causando la muerte. En Estados Unidos y España el suministro por hidratación intravenosa y oral de cuatro litros al día o más de líquidos y electrolitos, parece haber reducido las tasas de mortalidad por debajo del 50 por ciento, según Dhillon y Kanter. Los tratamientos actuales para el cólera incluyen la rehidratación, pero también camas con un agujero en el centro para facilitar la defecación. Estas pueden ser reutilizadas para tratar a pacientes de ébola, pero simplemente no hay suficientes para todos a medida que se construyen nuevos centros de aislamiento.

La variable clave en el control de este brote de ébola está en reducir el tiempo que pasa entre la aparición de síntomas en los pacientes y su aislamiento. "La velocidad es importante," dijo David Abramson, director de investigación del NCPD.

Las matemáticas son simples: si una persona con ébola infecta a dos, y ellos a su vez infectan a dos más, la epidemia continuará su crecimiento exponencial y el mundo se enfrentaría hasta a un millón de casos a finales de 2014. Dicha tasa de infección se mantiene debido al número de días pasados ​​fuera de los centros de tratamiento o de aislamiento. Pero si un paciente se presentara al centro sanitario al momento de tener síntomas –asumiendo que exista una cama para ellos–, la infección se podría ir frenando. "Eso no es una reacción en cadena; es una infección autolimitada", señaló Sachs.

Eso significa que esta epidemia se puede detener. Tropas de Estados Unidos, entre otros, ya han sido desplegadas en la región para ayudar a construir nuevos centros de aislamiento, y los trabajadores del PMA también se han alistado en el esfuerzo de construcción rápida. "La epidemia es muy controlable, pero solo haciendo las cosas que ya sabemos que funcionan", señaló Dhillon. "Hasta que no veamos un caso en Guinea con la misma urgencia que vemos un caso en Nueva York, no vamos a estar moviéndonos con la velocidad necesaria".

Pero el virus todavía se puede propagar a otros países, de la misma manera que saltó desde Guinea a Sierra Leona y a Liberia, el país más afectado hasta el momento. Un niño infectado por el ébola ya ha llevado el virus desde Guinea a Malí, y pronto podría pasar a Costa de Marfil. Se han frenado potenciales brotes tanto en Senegal y Nigeria. "Tuvimos suerte de que en Nigeria no se expandiera más ", señaló Dillon, "pero no queremos tentar a la suerte por segunda vez".

Esta crisis sanitaria fue ignorada durante meses hasta que estuvo fuera de control. Justo ahora está empezando a recibir la atención necesaria, si bien no los recursos. Hasta el momento las naciones del mundo desarrollado han contribuido mucho menos de los mil millones de dólares necesarios para controlar la epidemia antes de que sea endémica, según las estimaciones de la ONU.

Los brotes anteriores de ébola estallaron en comunidades remotas, boscosas, y desconectadas en gran parte del mundo exterior. Eso permitió que estos brotes desaparecieran solos, como ocurrió hace unos meses con el brote en la República Democrática del Congo. Sin embargo, el brote en África occidental no se ha ralentizado todavía, y a medida que empeora aumentan las posibilidades de que se propague a Estados Unidos u otros lugares del planeta. En caso de que la crisis del ébola continuara expandiéndose, la enorme cantidad de problemas sociales y económicos que conlleva crecerían con ella, como por ejemplo agricultores que no podrían sembrar sus campos la próxima primavera. "El ébola no es solo una emergencia sanitaria, es una crisis de pobreza", dijo Bah. "Es una crisis de pobreza. Es una crisis de infraestructuras. Es una crisis de la educación."