A lo largo de este mes los mejores atletas del mundo han tomado la pista de atletismo, la cancha de tenis y la piscina en los Juegos Olímpicos de verano en Río de Janeiro. Algunos conseguirán o han conseguido numerosas medallas porque son superiores al resto. Los investigadores tienen un término especial para los que son “los mejores de entre los mejores”: superélites.

¿Cuál es la diferencia entre un superélite y alguien que compite en los Juegos Olímpicos, pero se va a casa con las manos vacías? Una nueva investigación sugiere que puede deberse a la relación entre el entrenador y el atleta. De acuerdo con los resultados presentados en noviembre en la conferencia de rendimiento de élite en Londres (World Class Performance Conference), los superélites dicen que sus entrenadores satisfacen plenamente sus necesidades emocionales, actuando como amigos, mentores y seguidores inquebrantables –además de proporcionar un excelente apoyo técnico–. Los atletas de alto rendimiento que no ganaron medallas no sentían lo mismo respecto a sus entrenadores. “Esto contradice totalmente la opinión ampliamente aceptada de que simplemente debemos emparejar a los mejores entrenadores a nivel técnico y táctico con nuestros mejores atletas para lograr el máximo rendimiento”, dice Matthew Barlow, un investigador post-doctoral en psicología del deporte en la Universidad de Bangor, en Gales, quien dirigió el estudio.

La organización gubernamental UK Sport, que promueve el deporte de élite y el desarrollo deportivo de esa nación, encargó a Barlow y sus colegas averiguar qué es necesario para ganar múltiples medallas de oro. Inicialmente, los investigadores identificaron 43 variables para predecir con fiabilidad la probabilidad de que alguien se convierta en un superélite. Uno de esos factores es la relación entre el entrenador y el atleta, por lo que UK Sport decidió financiar un segundo estudio en profundidad que se centró exclusivamente en este aspecto.

Barlow y sus colegas reclutaron a 16 atletas superélite masculinos y femeninos, todos los cuales habían ganado una medalla de oro en algún campeonato importante (como los Juegos Olímpicos). También reclutaron a 16 atletas que habían competido en este tipo de campeonatos, pero que nunca subieron al podio. Los grupos fueron emparejados de acuerdo a su deporte, edad y género. Los científicos entrevistaron en profundidad a los atletas, sus padres y sus entrenadores. Después de analizar los resultados encontraron que todos los atletas dijeron que recibían apoyo técnico de sus entrenadores, pero los superélites dijeron que también disfrutaban de un profundo apoyo emocional. “Los atletas superélite percibían que sus necesidades de apoyo emocional y estima estaban siendo satisfechas, pero los demás pensaban que no era así”, dice Barlow.

Los entrenadores de los superélites actuaban casi como padres sustitutos, elogiando los esfuerzos de sus atletas, subrayando que creían en ellos firmemente, proporcionando retroalimentación positiva y mostrando interés en su vida personal. “Un entrenador le puede decir a un ciclista al empezar el día, 'Oye, no se te ve muy bien, vamos a tomar un café y hablar de los problemas que quizás estés teniendo en casa'”, dice Barlow. “Ellos tienen un vínculo que va más allá de las hojas de cálculo, el desempeño y los gráficos”. Algunos atletas de élite, por el contrario, sentían que eran invisibles a sus entrenadores o que sus mentores parecían esperar el fracaso en momentos clave en los que estaban necesitados de apoyo.

El estilo del entrenador, por supuesto, no es el único factor que contribuye a la ascensión de un atleta a la condición de supérelite. El estudio original –el análisis más completo de deportistas de alto rendimiento realizado hasta la fecha–, también reveló diferencias significativas respecto a la psicología y la vida personal de las superestrellas y sus homólogos de élite. Por ejemplo, frecuentemente los superélites habían experimentado un trauma en su infancia, y un punto de inflexión en la mitad de su carrera. Pero aún así, Barlow y sus colegas piensan que la relación entre el entrenador y el atleta juega un papel importante a la hora de triunfar en las olimpiadas.

Este estudio proporciona evidencia que respalda la hipótesis que los expertos han planteado previamente sobre el coaching, dice Jonathan Fader, un psicólogo clínico del deporte en la ciudad de Nueva York, que no participó en el estudio. Los mejores entrenadores, explica, “pasan su tiempo usando sus propias experiencias en el campo o su perspicacia como entrenadores para ayudar a que los competidores construyan y mantengan confianza sobre cuán fundamentales e inmutables son las destrezas que tienen. Esto generalmente requiere establecer una relación positiva, reflexiva y basada en la comprensión”.

Hasta ahora UK Sport ha emparejado a atletas y entrenadores basándose ​​únicamente en las capacidades de los atleta y el grado de éxito de los entrenadores. Sin embargo, la organización está trabajando ahora con Barlow y sus colegas para diseñar un nuevo método que tome en cuenta la relación completa entre ellos. UK Sport también espera capacitar a los competidores para que se entrenen a sí mismos en algunos aspectos. “Otro de los retos en los que estamos trabajando es el de desarrollar atletas autosuficientes”, dice Barlow. “Tomar consciencia de las necesidades que tiene un atleta y diseñar una estructura en línea con esas necesidades no es lo mismo que complacer cada uno de sus caprichos”.