Reza el dicho popular que más vale maña que fuerza. Pero si se poseen ambas cualidades, el éxito parece asegurado. Investigadores de la Universidad de California en Berkeley han constatado en un reciente estudio que, por lo general, las personas asociamos antes una constitución física fuerte y musculosa con habilidades de liderazgo que un físico delgado. Pero solo si se trata de hombres.

A través de una pantalla de computadora, los investigadores mostraron a 50 hombres y otras tantas mujeres las fotografías de empleados luciendo una camiseta de tirantes blanca, de modo que sus brazos, hombros y parte de la espalda quedaban al descubierto; también se marcaba su musculatura pectoral. Previamente explicaron al centenar de probandos que debían evaluar a una serie de trabajadores que hacía poco había contratado una nueva empresa de consultoría. Los experimentadores les facilitaron la tarea mediante preguntas concretas, entre ellas, si el candidato de la fotografía le merecía admiración y estima o si lo veían capaz de ascender en su carrera profesional. En definitiva, ¿creían que iba a ser un buen jefe?

Asegurar la cooperación grupal

"Asociaron a los hombres físicamente fuertes con un estatus más alto porque los percibían como líderes', señala Cameron Anderson, autor principal del estudio, en referencia a las respuestas de los encuestados. Con el fin de descartar la posibilidad de que estos hubieran equiparado la fuerza con el atractivo físico, cualidad que también se relaciona con un estatus social alto, los investigadores utilizaron dos estrategias. Por un lado, pidieron a los participantes que valoraran el atractivo físico general de las personas fotografiadas. Por otro, manipularon las instantáneas de modo que intercambiaron los cuerpos y los rostros de los candidatos musculosos con los de los delgados.

Según concluyeron los autores, la potencia muscular tenía un impacto significativo: los voluntarios veían en los hombres de complexión grande, fuerte y musculosa más posibilidades de ascender en su profesión y de ocupar un cargo directivo. Los investigadores también observaron que un aspecto agresivo no influía en este contexto: los sujetos con un porte intimidatorio quedaron descartados como posibles candidatos para un puesto de liderazgo. Además, el efecto no se producía cuando se trataba de evaluar a mujeres: las candidatas con una complexión fuerte y musculosa no despertaban más confianza que sus compañeras menos robustas para ocupar puestos de dirección.

Los investigadores sugieren que el reconocimiento, posiblemente intuitivo, de relacionar a los hombres fuertes con un estatus de liderazgo ejerce una función, sobre todo, prosocial, ya que podría favorecer la cooperación dentro del grupo. Con todo, destacan que este estudio no demuestra que los varones de estatura pequeña y complexión delgada no sean buenos candidatos para puestos de dirección, sino que revela que la fuerza física influye, al menos de manera inconsciente, en los demás. "La percepción de la fuerza da una cierta ventaja, pero no representa un todo o nada. Si te comportas de forma que demuestras que eres un líder, la fuerza no importa", subraya Anderson.

 

Este artículo de Spektrum se reproduce con permiso. Su versión en español se publicó  primero en Investigación y Ciencia