Flotando con un paracaídas desde el espacio exterior hasta Mongolia, el 17 de noviembre los astronautas del Shenzhou-11 de China pusieron fin a la travesía espacial experimental más larga de esa nación, que duró 33 días. La misión fue el broche de oro de un año en el que se produjeron una serie de éxitos notables en el programa espacial chino, entre ellos la sexta misión espacial tripulada del país, el lanzamiento de un nuevo módulo del laboratorio espacial y el estreno de un puerto espacial. China también inauguró un radiotelescopio de clase mundial este año, evidenciando la creciente participación del país en las ciencias espaciales. Estos avances, dicen los expertos, convierten a China en una de las naciones espaciales de mayor nivel en la Tierra y la que quizás tenga más ímpetu que nadie, un estatus que emociona a los científicos y que podría inspirar a otras naciones a intensificar sus propios planes.

La mayor parte de la misión Shenzhou-11 mantuvo, de forma segura, a los dos miembros de la tripulación, Jing Haipeng y Chen Dong, dentro del laboratorio Tiangong-2 que se lanzó en septiembre. El dúo se dedicó en gran parte a perfeccionar el conocimiento necesario para desarrollar la gran estación espacial de China. Esa estación debe estar completa a mediados de la década de 2020, cuando  se proyecta que la Estación Espacial Internacional se  retire, un hecho que los planificadores espaciales chinos han enfatizado.

China también incluyó en su lista del año el primer uso de un nuevo puerto espacial similar al Centro Espacial Kennedy y al Centro de Lanzamiento de Satélites Wenchang, en la isla de Hainan frente a la costa sur de China. La extensa instalación vio los primeros despegues de dos cohetes este año: el Long March-7 y  el cohete portador Long March-5. Ambos impulsores son esenciales para una agenda espacial en expansión, con este último dedicado a catapultar  la estación espacial multi-modular de la nación y posiblemente, casi de forma literal, apuntar hacia la Luna.

China está aprendiendo de hazañas lunares robóticas anteriores, incluyendo los orbitadores no tripulados y el módulo de descenso que envió al rover lunar chino, Yutu, en diciembre de 2013. Ahora, su plan multidireccional busca que la nave espacial robótica Chang'e 5 sea lanzada en la segunda mitad de 2017 sobre un cohete Long March-5: aterrice en la Luna, recoja varios kilos de muestras lunares y luego arroje los especímenes de regreso a la Tierra. Además, se espera que en 2018 sea el lanzamiento de una sonda dirigida al lado lejano de la Luna, lo cual seria un área nueva para cualquier país. Pero, mirando más allá del paisaje lunar, China también está ocupada trabajando en un rover para Marte cuyo despegue está programado para el 2020.

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La mayor parte de la actividad espacial de este año parece apuntada hacia un objetivo que China ha insinuado hace tiempo, si no es que lo ha declarado oficialmente: una misión humana a la Luna. “China se está acercando cada vez más al final del ‘Proyecto 921’, una gran estación espacial con tripulación permanente”, dice Joan Johnson-Freese, profesora del Departamento de Asuntos de Seguridad Nacional en la Naval War College en Newport, Rhode Island. “Una vez que esto se logre, no estaré sorprendida si hacen el anuncio oficial de una misión humana a la Luna”. Dejar sus huellas en suelo lunar está ahora en las metas de China, dice Johnson-Freese, después de que la nación haya desarrollado cuidadosamente todas las habilidades necesarias a través de sus programas Shenzhou y Chang’e.

“También es digno de mención que China tenga ahora el radiotelescopio más grande del mundo”, dice Johnson-Freese, refiriéndose al Telescopio Esférico de Apertura de Cincuenta Metros (FAST, por sus siglas en inglés) que comenzó a operar en septiembre. Según China, FAST tiene el doble de la sensibilidad del Observatorio de Arecibo, y de cinco a 10 veces la velocidad de prospección. “Con eso, China pareciera estar preparada para hacer el tipo de ciencia que puede hacer que su país consiga un largamente codiciado Premio Nobel”, dice.

Las ambiciones de los robots lunares de China son igualmente emocionantes para los científicos. La perspectiva de que las muestras sean devueltas por Chang'e-5 el próximo año –más de cuatro décadas desde que las últimas fuesen tomadas por Luna 24, de la Unión Soviética en 1976– es tremendamente emocionante para la ciencia lunar, dice Ian Crawford, profesor de ciencia planetaria y astrobiología en el Birkbeck College en Londres. “Será especialmente interesante si, como parece probable, las nuevas muestras se recogen de una región aún sin muestreo”, señala Crawford. Por otra parte, si China tiene éxito en hacer el primer aterrizaje en el lado lejano de la Luna en 2018, ese “será otro logro técnico importante y científicamente muy informativo”.

Los expertos especulan que China está en parte llevando a cabo estas actividades por razones geopolíticas, así como científicas, al igual que los Estados Unidos y la Unión Soviética en la era espacial temprana. “Pero creo que es altamente deseable intentar integrar las actividades de China en actividades globales de exploración espacial”, dice Crawford. Una vía para hacer esto, añade, es a través del Grupo de Coordinación de Exploración Espacial Internacional (ISECG, por sus siglas en inglés), un foro voluntario y no vinculante de 14 agencias espaciales que busca reforzar las agendas individuales de exploración de los países para el bien colectivo –un grupo en el que la Administración Nacional del Espacio de China es miembro–.

ESFERA DE INFLUENCIA

Las acciones recientes de China podrían desencadenar otro “momento Sputnik”, dicen algunos, estimulando a otras naciones a acelerar sus ambiciones espaciales. En particular, su afán por la luna podría inspirar a los Estados Unidos a revisar un destino aparentemente olvidado. Nuestro satélite celestial es un activo estratégico, dice Clive Neal, un científico lunar de la Universidad de Notre Dame en Indiana, y que ha estado desaparecido en acción en los actuales planes de exploración de la NASA. Si el interés de China en la luna rejuvenece la nuestra, los Estados Unidos tiene la oportunidad de estimular los empleos del sector privado mientras expanden la humanidad más allá de la Tierra, agrega. “El próximo año China intentará algo que solo la ex Unión Soviética ha hecho y los Estados Unidos aún no ha logrado hacer, y es robóticamente devolver muestras de una superficie planetaria”. Tales muestras, de una parte inexplorada de la superficie lunar, dice Neal, “tendrá un enorme impacto en la ciencia lunar... pero ¿se permitirá a los científicos estadounidenses estudiarlos?” Además, ejecutar una misión con un rover en el otro lado de la luna, sugiere, “pondrá a China en una clase propia con respecto a la exploración espacial”.

Neal dice que es evidente que China tiene grandes ambiciones espaciales, como lo indica su desarrollo de capacidades para la órbita terrestre baja, la superficie lunar y Marte. “El compromiso chino con el espacio es impresionante gracias al desarrollo de capacidades en un corto período de tiempo”, concluye Neal. “¿Este es su momento ‘Apolo’?”