Bajo el provocativo título de “Deja que coman tierra” (Let Them Eat Dirt), la microbióloga costarricense Marie-Claire Arrieta y su colega canadiense Brett Finlay acaban de publicar un libro para educar a los padres sobre los beneficios de unos bichitos con muy mala prensa: los microbios.

La modernidad ha traído consigo una guerra contra los microbios que cuenta con un amplio arsenal: los antibióticos, los antivirales, las vacunas, el agua clorada, la pasteurización y la esterilización, entre muchas otras. Esta obsesión por la limpieza nos ha permitido combatir numerosas enfermedades, pero al mismo tiempo que eliminamos los gérmenes malignos, diezmamos a otros microorganismos que son nuestros aliados y que forman la microbiota en nuestros intestinos: una familia de miles de millones de microbios con los que vivimos en simbiosis.

En “Deja que coman tierra”, que acaba de ser publicado en inglés y cuya publicación en español se espera para principios de 2017, Arrieta y Finlay explican cómo recientes estudios científicos han traído a la luz la estrecha relación entre nuestra microbiota y nuestro sistema inmunológico. Además, revelan cómo los microbios juegan un papel protagónico en la regulación de nuestro metabolismo, e incluso en nuestro desarrollo neurológico.

El libro pretende educar al lector sobre los microbios, al tiempo que da consejos a los padres para lograr que sus hijos desarrollen una microbiota que les ayudará a prevenir enfermedades como el asma y las alergias.

A continuación un extracto de una entrevista que Scientific American sostuvo con Arrieta, que trabaja como profesora de microbiología en la Universidad de Calgary, en Canadá:

 

¿Por qué cree que la sociedad moderna está embarcada en esta guerra fratricida contra los microbios?

Yo creo que es por miedo, un miedo que existe a raíz de la ciencia misma. La microbiología, como rama de la ciencia, comenzó hace 150 años, pero hasta hace unos 10 años la mayoría de investigaciones eran sobre los microbios que causan enfermedad. Los medios de comunicación juegan también un rol, pero la principal razón es que la gran mayoría de información que existe es sobre como los microbios causan enfermedades y qué es lo que hay que hacer para erradicarlos. Tanto las noticias científicas como las políticas de salud se basan en esa información. Ahora la cosa está cambiando y nos estamos dando cuenta de que hay que ver la otra gran cara de la moneda de los microbios.

 

¿Qué está cambiando?

Ha habido una serie de descubrimientos científicos en los últimos cinco o diez años en torno a lo que llamamos la microbiota, o el microbioma, que han revolucionado el campo de la microbiología y ciertas áreas de la medicina. La idea es que los microbios en el intestino hacen mucho más de lo que nosotros pensábamos. Cumplen labores de fisiología críticas en la salud, e incluso en nuestra supervivencia como organismos. Los microorganismos del intestino se encargan de madurar el sistema inmune. Si no los tuviéramos, nuestro sistema inmunológico no funcionaría. Se encargan también de regular el metabolismo, por ejemplo, deciden cómo se guardan y cómo se usan los lípidos y tienen un papel súper importante en el desarrollo neurológico. Y también en asuntos relacionados con el estrés y respuestas de comportamiento súper importantes como el miedo y la ansiedad. La microbiota actúa como una fábrica metabólica activa. Son células que están activamente produciendo metabolitos. De hecho, se considera a la microbiota como un nuevo órgano porque está en constante producción metabólica y está en constante interacción con el intestino, con el sistema inmunológico y con el sistema nervioso. Y también con la sangre, porque se pasan muchos metabolitos a través del intestino, de un lado hacia otro –de nuestro cuerpo a las bacterias y viceversa–.

 

El libro está dirigido especialmente a los padres, y les aporta consejos para lograr que sus hijos tengan una microbiota sana. ¿Cuáles destacaría?

Después de cada capítulo tenemos consejos y son como cien, pero una de las cosas que nos pareció súper interesante es que tener un perro en casa –pero no un gato, por alguna razón todos los estudios dicen que un perro– especialmente un perro que salga a la calle, disminuye considerablemente los riesgos de que los niños desarrollen asma o alergias. Los perros traen microbios de afuera para adentro y esa suciedad microbiana endurece el sistema inmune para no desarrollar enfermedades de carácter inmunológico. La otra es la higiene. Lavarse las manos es importante después de ir al baño, antes de comer, antes de preparar alimentos, etcétera, pero no hay que estar lavándose las manos todo el día. Ahora los chicos van al jardín y se ensucian, y les limpian las manos justo después del juego para no verlos sucios, y ese no es un momento en el que haya riesgo de enfermedades.

El punto más importante es el de la dieta. Porque no importa que tan expuesto estés a los microbios, si no los alimentas, se mueren. Los microbios en nuestro intestino se alimentan de fibra. En los últimos cien años los seres humanos han bajado mucho el consumo de fibra y lo que aconsejamos es que en el momento que empiecen a comer sólidos, los niños deben consumir fibra en todas las comidas, especialmente vegetales y frutas. Además, se deben sustituir todos los granos refinados por granos que sean integrales y disminuir el consumo de alimentos procesados y de aquellos ricos en azúcares refinados. También se debe incluir comidas fermentadas como el yogur, el kéfir o el chucrut (repollo encurtido). Estas cosas agregan microbios que son beneficiosos.

 

En ese sentido, el libro pone bastante énfasis en esa relación estrecha entre los microbios y los seres humanos en los primeros meses de vida, ¿verdad?

Sí, se cree que el momento del nacimiento es el momento más importante en cuanto a la exposición microbiana porque pasas de tener cero microbios a tener millones en cuestión de horas y cuando nacemos naturalmente nos exponemos a las secreciones vaginales y a las secreciones fecales que tienen una concentración de microbios altísima. Un niño que nace por cesárea no pasa por esa misma exposición microbiana y muchos estudios muestran que los niños nacidos en un parto natural tienen microbios distintos a los que nacen por cesárea. Solo el hecho de nacer por cesárea incrementa el riesgo de asma entre un 15% y un 30%, dependiendo del estudio. Por otro lado, está la leche materna, que no es estéril. La leche materna tiene microbios y eso no lo sabíamos hasta hace poco. De hecho tiene unos carbohidratos que no se pueden digerir por enzimas humanas, solo por los microbios que están en el intestino del bebé. Eso significa que cuando una mamá está alimentando a su bebé, no solo lo esta alimentando a él, sino también a los microbios que viven adentro suyo. Cuando un niño se amamanta se expone también a los microbios de la piel de la madre, que son muchos.

 

Otro de los grandes problemas a los que se enfrenta nuestra microbiota es al alto consumo de antibióticos en la sociedad moderna. ¿Cuáles son las recomendaciones del libro en cuanto al uso de antibióticos?

Los antibióticos son como un cuchillo de doble filo. Son necesarios porque es la única medida que tenemos para combatir infecciones que pueden ser letales. Pero cuando te tomas un antibiótico para una infección, el antibiótico mata a ese microbio y a un montón más, es como una bomba. Si te tomas un antibiótico en edad adulta, tu microbiota ya está establecida y es mucho mas resistente y es probable que se recupere en unos días, pero la microbiota de los niños que reciben antibióticos a una edad muy temprana, especialmente los que reciben más de un curso, puede ser alterada permanentemente porque no está aún establecida y es mucho menos resistente. No existe un factor más fuertemente asociado a enfermedades inmunológicas que el uso de antibióticos en el primer año de vida y en el tercer trimestre del embarazo. Hay que usar antibióticos porque no existe otra alternativa, pero los antibióticos se usan muchísimo más de lo que se debería.