Con 232,5 descargas eléctricas anuales por kilómetro cuadrado, el lago de Maracaibo en Venezuela es el sitio con mayor actividad eléctrica del mundo. Esa es la conclusión de un estudio realizado con información del Sensor de Imágenes de Rayos (LIS, por sus siglas en inglés) de la NASA y recabada durante 16 años de observación satelital.

Anteriormente este ranking de rayería era liderado por una región del Congo en África. Una mayor precisión y resolución determinó que la capital de los rayos es esta región venezolana conocida históricamente como el “Relámpago de Catatumbo”. Allí se dan unas 297 tormentas al año.

Kabare, en la cuenca del Congo, quedó ahora en el segundo puesto con 205,3 descargas eléctricas anuales por kilómetro cuadrado. De los 30 primeros del ranking, solo seis no están cerca de sitios con montañas.

“La topografía es clave para la formación de tormentas” Rachel Albrecht, investigadora de la Universidad de Sao Paulo, Brasil,  y primera autora del trabajo que se publica en el Boletín de la Sociedad Americana de Meteorología. 

Cuando la corriente de aire cálido y húmedo proveniente de una zona llana es obligada a ascender por las montañas, se enfría y debido a la alta humedad comienza el proceso de formación de nubes por condensación. A veces ese aire cálido puede converger con una brisa fría de montaña. Luego, las partículas de agua y hielo de esas nubes chocan entre sí  y generan un campo eléctrico que alimenta relámpagos y rayos.

En otros sitios sin montañas presentes en el ranking las tormentas locales ocurren por el calentamiento de la superficie. “El mar y los lagos se calientan de forma diferente a la tierra y estas diferencias pueden generar corrientes que ayudan al ascenso de las masas de aire para iniciar el proceso de condensación”, explica Eldo Ávila, científico especializado en física de la atmósfera de la Universidad Nacional de Córdoba y de Conicet en Argentina.

Rayería abundante

Albrecht asegura que en la región del lago de Maracaibo este fenómeno se da en un punto muy localizado y unos 300 días de cada año. “El gran lago tropical con aguas cálidas está rodeado de montañas, lo cual favorece a que las brisas de montañas converjan sobre el lago húmedo durante la noche. Estas tormentas eléctricas nocturnas son muy localizadas”, explica.

El segundo sitio, Kabare (República Democrática del Congo), se encuentra en las estribaciones de las montañas Mitumba, así como varios sitios africanos con mucha actividad eléctrica. “Aunque África ya no tiene el punto con más descargas eléctricas, es el continente con mayor número de puntos calientes (283 de los 500 registrados), seguido por Asia (87), América del Sur (67), América del Norte (53) y Oceanía (10)”, dice Albrecht.

Colombia tiene dos sitios en el “top ten”: Cáceres, en cuarto lugar con 172,3 descargas anuales por kilómetro cuadrado, y El Tarra, en séptimo lugar con 138,6 descargas anuales por kilómetro cuadrado. Según Albrecht, en estos casos la mayor intensidad eléctrica se registra durante el atardecer.

De América, Albrecht también destaca la actividad eléctrica en Argentina. “A pesar de que el primer sitio argentino está en el puesto 178 (Palo Santo con 69,8 descargas anuales por kilómetro cuadrado), en este país se detectaron la mayor cantidad de descargas en una misma tormenta, las cuales son enormes y se extienden sobre todo el norte y noreste del país”, explica. En una tempestad de estas se pueden detectar hasta 287 destellos por segundo pero en una gran superficie.

Estas grandes tormentas se producen por la interacción de los vientos de bajo nivel con humedad de la región amazónica con las montañas de los Andes o en las Sierras de Córdoba.

¿Por qué estudiar la rayería?

Para Eldo Ávila, el conocimiento de la actividad eléctrica de las tormentas proporciona información útil sobre el lugar, tiempo y la dinámica de la atmósfera, que son fundamentales para los balances de energéticos e hídricos del planeta.

“Además, los rayos son un peligro natural que daña y mata gente, destruye bienes y muchas veces es iniciador de incendios destructivos” señala Ávila, quien también estudia la actividad eléctrica, pero lo hace con una red de estaciones en superficie que monitorea todo el planeta de forma simultánea.

El LIS, por su parte, detecta la actividad eléctrica de nube a nube y dentro de una misma nube (relámpago) y desde la nube a la tierra (rayo). Utiliza un sistema de imágenes de alta velocidad que busca cambios ópticos producidos por una descarga eléctrica. Sólo analiza una banda de longitud de onda estrecha en la región infrarroja del espectro electromagnético. El instrumento está en sus días finales, pero será reemplazado por un equipo similar que se instalará en la Estación Espacial Internacional en agosto de este año.

“Cada uno de los sistemas tiene sus ventajas y desventajas, pero ambos son compatibles y la información que brindan son similares”, aclara Ávila.

Con su red, Ávila y su grupo detectaron dos sectores bien localizados en el lago de Maracaibo con mucha actividad eléctrica: uno en el suroeste del lago y otro cerca de la frontera con Colombia. También determinaron que en mayo y octubre se producen más relámpagos y que están concentrados durante la noche.