Tras más de una década de planificación y horas de tensión, esta mañana un emisario de la Tierra hizo el primer aterrizaje suave de la historia en un cometa. El módulo Philae de la Agencia Espacial Europea, con forma de lavadora, aterrizó en la superficie escarpada del cometa 67P / Churyumov-Gerasimenko poco después de las 10:30 a. m. (EST),  tras haberse separado siete horas antes de su nave nodriza, el orbitador Rosetta.

"Estamos allí. Estamos sentados en la superficie. Philae está hablando con nosotros", dijo el administrador del módulo de aterrizaje Philae Stephan Ulamec, durante una transmisión en vivo del aterrizaje. "Estamos en el cometa." El módulo de aterrizaje parece estar en pleno funcionamiento, listo para comenzar su exploración del cometa helado. Los instrumentos a bordo del módulo incluyen, en particular, un taladro para acceder al material del subsuelo del cometa, así como un pequeño laboratorio de química para analizar las muestras recuperadas. Se espera que los datos que obtenga Philae revelen más sobre la historia temprana del Sistema Solar, y, potencialmente, ayuden a los científicos a reconstruir una visión más completa de cómo los cometas y asteroides ricos en agua pueden haber traído océanos a la Tierra en su infancia.  

Rosetta ya había hecho historia en sí, en agosto, cuando llegó a Churyumov-Gerasimenko, convirtiéndose en la primera nave espacial en orbitar un cometa. Se había puesto en marcha en marzo de 2004, balanceándose por la Tierra tres veces para construir poco a poco la velocidad para llegar a su presa.

Planificadores de la misión esperaban que el cometa fuera redondo y oblongo; en cambio, se encontraron que se asemeja a un pato de juguete, hecho de dos glóbulos de cráteres, uno grande, uno pequeño, que se suturan juntos por un cuello cónico de escombros helados. Esa extraña forma significaba que el cometa poseía un campo gravitacional más complicado, lo que, combinado con un período de rotación de 12,4 horas del cometa y sus penachos en erupción de gas y polvo, hacían el aterrizaje Philae una hazaña difícil para la navegación astronómica.

Al tiempo que Rosetta mapeaba el cometa desde su órbita, los investigadores estudiaron una gran cantidad de lugares de aterrizaje potenciales para Philae. Ellos rápidamente se enfocaron en una en particular, una región de un kilómetro cuadrado relativamente plana apodado "Agilkia." En lo alto de la "cabeza" del cometa en forma de pato, Agilkia es una región relativamente plana que logró el equilibrio de ser una zona que podía entregar buena ciencia y ser una  superficie segura para el aterrizaje. Debido a su topografía uniforme, Agilkia carece en gran parte de sombras oscuras cuando es iluminada, lo que proporcionará más luz solar para los paneles solares de Philae. Cerca, pero no peligrosamente cerca de los sitios de erupción de gas y polvo, el sitio también ofrece la posibilidad a Philae de estudiar el material prístino de esos sitios al mismo tiempo que puede analizar el núcleo del cometa.

La tensión en torno al aterrizaje comenzó a subir en las horas previas al amanecer del 12 de noviembre, cuando Rosetta liberó a Philae de sus garras. El pequeño descenso de la sonda sería totalmente autónomo y sin ninguna fuerza externa, confiando únicamente en la débil atracción gravitatoria del cometa para atraerlo a su sitio. La orquestación tenía que ser impecable, pues incluso un error minúsculo en el tiempo o la trayectoria durante la larga caída libre del módulo de aterrizaje, podría ponerlo en la región equivocada o, peor aún, fallar y no aterrizar en el cometa. También tuvo que ocurrir casi en su totalidad de forma autónoma, pues las señales electromagnéticas entre los controladores de la nave y la Tierra toman casi media hora para cruzar los más de 300 millones de millas (unos 482 millones de kilómetros) que separan el cometa de la Tierra.

Si las comunicaciones se hubiesen perdido entre Philae y Rosetta durante el descenso, la misión estaría en peligro, una grave posibilidad que todo el equipo científico observando sintió un par de horas después de la implementación de Philae, cuando se registró con su nave nodriza tarde, después de un retraso agonizante de varios minutos.

Una vez que Philae aterrizó, los riesgos solo crecían; Agilkia no era perfectamente plana, y si el módulo de aterrizaje se posaba en una pendiente demasiado empinada o una roca, podría caerse irremediablemente. Alternativamente, si su descenso lo llevaba a un lugar de aterrizaje muy firme, Philae podría rebotar en la superficie en el campo gravitacional débil, y bien caer hacia el espacio o caer al azar sobre riscos de hielo del cometa. Para evitar esto, se estableció que Philae disparara un propulsor de nitrógeno de baja potencia para estabilizarse y que desplegara arpones y tornillos de hielo para fijarse en el cometa. Sin embargo, durante los preparativos para el aterrizaje un sello del tanque de nitrógeno de la hélice no pudo romperse, pero la misión procedió de todos modos, fijando sus esperanzas en los arpones y tornillos.

En una conferencia de prensa poco después del aterrizaje, Ulamec, el administrador de la misión, señaló que la nave espacial parece haber aterrizado, rebotó, y luego se recostó de nuevo, a pesar de que sus arpones al parecer no lograron asegurar la nave a la superficie.

A pesar del histórico aterrizaje suave de hoy, técnicamente Philae no es la primera nave espacial en aterrizar en un cometa: Ese honor le corresponde a la "impactador" de la misión Deep Impact de la NASA, un instrumento de cobre que se estrelló contra el cometa Tempel 1 en julio de 2005 . Además de estos dos aterrizajes cometarios, los seres humanos solo han logrado aterrizar la nave espacial en otros seis cuerpos celestes: Venus, la Luna, Marte, los asteroides Ikotawa y 433EROS, y la luna de Saturno, Titán.

Ahora que se ha aterrizado con éxito, la agenda de Philae está llena de pruebas de sus instrumentos científicos y análisis iniciales de su lugar de aterrizaje. Las baterías principales del módulo son suficientes para alimentar tres días de operaciones científicas, después de lo cual Philae y su conjunto de instrumentos tendrán que depender de los paneles solares para obtener electricidad.  Sin embargo, los científicos de la misión esperan mantener el módulo de aterrizaje operativo por al menos seis meses, para que pueda tener un asiento en primera fila para los ‘fuegos artificiales’ que estallarán cuando el cometa se balancee más cerca del Sol en su órbita. El hielo de agua y otras sustancias volátiles comenzarán a sublimarse del cometa en mayores volúmenes, vertiendo penachos de material hacia el espacio y construyendo una cola más gruesa de gas y polvo.

Para marzo del próximo año, el cometa debe ser demasiado caliente para que Philae pueda operar, convirtiendo esa fecha en el final más optimista de la misión extendida, pero Rosetta continuará solo por más meses, observando el cometa cobrar vida bajo la luz del Sol hasta que su misión también termine, en diciembre de 2015, más de 4.000 días después de que comenzó.