La combinación del cambio climático y el fenómeno de El Niño del año pasado probablemente creó el ambiente perfecto para que el virus del Zika se propagara rápidamente a través de América del Sur, según un nuevo estudio. Tanto el virus del Zika como los mosquitos que lo transportan han estado presentes en diferentes partes del mundo desde hace un tiempo. Pero varios factores, incluyendo condiciones climáticas específicas, podrían haber catapultado la enfermedad al estado de emergencia de salud pública, según investigadores de la Universidad de Liverpool.

“Hay una ventana de temperatura ideal y cuando se revisa el 2015 vemos que los números estaban en el rango correcto”, dijo Cyril Caminade, investigador asociado con el Instituto de Infección y Salud Global de la Universidad y autor del estudio. Caminade agregó que el clima fue solo uno de los factores que contribuyeron a ayudar a propagar la enfermedad —pero fue una pieza importante del rompecabezas.

 

CRONÓLOGIA DE LA INFECCIÓN DEL ZIKA

Entre febrero y mayo de 2015, cerca de 7.000 casos de enfermedad con erupciones cutáneas fueron reportados en estados del noreste de Brasil. En ese momento el zika no despertaba sospechas, y por ende no se realizaron pruebas para detectar el virus. Ya en febrero de 2016, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la reciente asociación de la infección por zika con microcefalia y otros trastornos neurológicos constituía una emergencia de salud pública de interés internacional.

“Es una combinación de cosas. En primer lugar, la introducción del virus, que creemos que sucedió en 2013. Además de eso, se trata de poblaciones que no habían estado expuestas antes a este virus en particular, por lo que fueron muy vulnerables a él. Este patógeno también era particularmente virulento. Y dos años después de su introducción, usted tiene las condiciones climáticas perfectas para que se propague”, dijo.

El estudio publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences concluye que en 2015 el riesgo de transmisión de zika en América del Sur fue el más alto en 65 años . Eso es en gran parte porque las enfermedades transmitidas por mosquitos pueden ser extremadamente sensibles al clima. Los cambios en los patrones de lluvia y temperatura pueden modificar las poblaciones de mosquitos. Además, las variaciones en la temperatura también pueden hacer a los mosquitos más propensos a transmitir enfermedades a través de la picadura.

Dado estos factores, el informe señala que es “muy probable” que el brote de zika haya sido alimentado por el fenómeno de El Niño — especialmente debido a que ocurrió en un contexto de aumento constante de las temperaturas en la región–.

“Ya ha habido preocupaciones de que el Pacífico tropical se está haciendo más cada vez más caliente. Además, tenemos un evento cálido como el El Niño, que es básicamente un movimiento masivo de temperaturas cálidas que van de este a oeste”, dijo Caminade.

PARALELISMOS CON EL DENGUE

Los hallazgos son consistentes con las asociaciones anteriores entre el clima y otra enfermedad transmitida por vectores: el dengue. Mientras que el dengue es una enfermedad estacional, con un pico en la misma época todos los años, los datos indican que las epidemias más grandes coinciden con los años en los que El Niño ha sido más fuerte, dijo Jonathan Patz, director del Global Health Institute de la Universidad de Wisconsin en Madison.

“El Zika, por supuesto, es transportado por el mismo mosquito y es la misma familia de virus”, explicó Patz. “Hay una relación fuerte entre El Niño y el dengue, así que no me sorprende un poco que veamos la misma relación con el zika”.

Una mejor comprensión de estos riesgos podría tener implicaciones en el nivel de las políticas, agregó; por ejemplo, haciendo hincapié en la necesidad de sensibilizar a las comunidades locales y así reducir los criaderos de mosquitos.

“También podría ayudar al financiamiento de los programas de vigilancia de mosquitos, que es donde realmente empieza el rastreo de los mosquitos infectados. Además, si sabemos que las temperaturas extremas son un factor que contribuye a la enfermedad, puede haber una alerta temprana y una mejor respuesta planeada en torno a la predicción del clima”, dijo Patz.

Anthony Janetos, profesor y director del Centro Frederick S. Pardee para el Estudio del Futuro a Largo Plazo de la Universidad de Boston, dijo que los hallazgos del estudio también sirven como una advertencia porque, debido a factores como los viajes internacionales y la pérdida de hábitats, hay muchas más oportunidades para que las personas entren en contacto con nuevas enfermedades.

“[En este caso], la variabilidad climática esencialmente sobrealimentó la transmisión y eso consiguió a mucha más gente expuesta. No se sabe cuántas otras situaciones como esta podrían estar ahí, donde hay una enfermedad que circula a bajo nivel, pero tiene partes de su ciclo de vida que son sensibles al clima y podrían ser impulsadas si este cambia”, dijo.

Reimpreso de ClimateWire con el permiso de E&E News. E&E ofrece cobertura diaria de noticias sobre energía y medio ambiente en www.eenews.net.