LE BOURGET, FRANCIA— Un histórico acuerdo mundial para combatir el cambio climático ha sido adoptado aquí, en las afueras de París. Con la ayuda de 186 planes nacionales para reducir la polución por gases de efecto invernadero, los negociadores de 196 países, grandes y pequeños, ricos y pobres, se unieron para emitir un nuevo acuerdo climático que podría cambiar el mundo o, para usar las palabras contenidas en el preámbulo del acuerdo, a la “Madre Tierra” (también conocida como los suelos, los mares, los cielos y la vida en este planeta).

El nuevo Acuerdo de París declara la ambición de mantener el aumento global de las temperaturas a un máximo de 1,5 grados Celsius si es posible, hace un llamado a un balance entre la contaminación con gases de efecto invernadero y las emisiones de gases de efecto invernadero después del 2050, implementa ciclos de 5 años para hacer revisiones de los planes nacionales y  las acciones por comenzar pronto y el seguimiento de esas acciones, y confirma la inversión de al menos $100.000 millones por año para ayudar a los países más afectados por los cambios del clima. También hace un llamado a los científicos para que calculen cómo exactamente podría el mundo mantenerse en 1,5 grados Celsius, dado que las temperaturas para el 2015 ya han subido un grado Celsius, –el año más caliente jamás antes registrado–. La contaminación por gases de efecto invernadero debe llegar a su punto máximo “lo más pronto posible”, dice el pacto. El primer “inventario” global oficial de esfuerzos para concretar todas estas ambiciones del Pacto de París se llevará a cabo en 2023.

El proceso para llegar a un acuerdo estuvo  cargado de tensión, pero también se dio sin sobresaltos. La diplomacia francesa supervisó las conversaciones climáticas mejor organizadas hasta ahora, todo bajo el mando  del ministro de relaciones exteriores Laurent Fabius. Aunque fueron necesarias intensas reuniones entre negociadores y agitadas juntas en calurosas habitaciones de plywood , hasta bien avanzada la noche del 12 de diciembre, un acuerdo final fue logrado a las 7:29 p.m., hora de París.  “Hemos logrado un excelente acuerdo, no dormimos mucho”, dijo Fabius. Verdaderos problemas debían ser resueltos, especialmente los relacionados con el dinero, monitoreo y motivación para alcanzar más reducciones de los gases de efecto invernadero. Por ejemplo, el debate alcanzó niveles furiosos cuando se discutían las palabras que se usarían para describir el objetivo más importante: por debajo de 2 grados C, muy por debajo de 2 grados C o incluso por debajo de 1,5 grados C, antes de acordar escribir “mantener el aumento de la temperatura global promedio muy por debajo de 2 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales, y ejecutar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados C”. Ahora, este pacto de París podría convertirse en realidad una vez que sea aceptado por 55 naciones, que sean responsables de al menos  el 55% de la polución de gases de efecto invernadero.

Desde luego, los 186 planes nacionales presentados están lejos de alcanzar la meta de 1,5 grados C, o incluso 2 grados C, propuesta por el pacto de París. En cambio, los planes nacionales podrían resultar en la emisión de 55.000 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero para 2030, comparados con cerca de 35.000 millones de toneladas métricas de gases emitidos hoy. Un análisis de 146 de estos planes, llevado a cabo por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, los cuales van desde preservar bosques en Indonesia hasta recortes en el uso de carbón en Estados Unidos, sugiere que se podría mantener el calentamiento global por debajo de 3,7 grados C, si los planes han sido implementados por completo para 2030. De ahí el énfasis que ha puesto la llamada “Coalición de Grandes Ambiciones” en incluir el valor de 1,5 grados Celsius en el trato final, de acuerdo con Tony de Brum, exministro de relaciones exteriores de las Islas Marshall. Ese aumento de la temperatura global —casi garantizada debido a las actuales concentraciones de CO2 en la atmósfera— busca mostrar la voluntad de luchar para salvar a los países que enfrentan riesgos existenciales con el cambio climático. De Brum habló del miedo que sus nietos le tienen al mar, a pesar de haber crecido a las orillas del océano, debido a las mareas que continúan creciendo y creciendo. “Esto no puede ser así, tenemos que luchar contra esto”, dijo De Brum.

Otro país en una situación similar es la nación insular de Tuvalu, en el océano Pacífico, cuyo primer ministro Enele Sopoanga, logró recaudar no solo dinero para la adaptación sino también para cubrir los daños que ya están siendo experimentados en su país. Sopoanga espera que esto continúe en el futuro: “Pérdidas y daños es para cuando no queda nada más a lo que adaptarse, cuando uno tiene que trasladar a las personas de la isla. Mi punto máximo de negociación es el límite de 1,5”.

Ese límite de 1,5° C es reflejado en el acuerdo final, y requiere que la contaminación por gases de efecto invernadero alcance su máximo nivel en 2020 y cero emisiones de carbono en 2050, de acuerdo con el físico Hans Joachim Schellnhuber, director del Instituto Potsdam para la Investigación de Impacto Climático. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático ha sido llamado de manera explícita a hacer su propio análisis extensivo para ser incluido en el preludio del Acuerdo de París, y que diga qué se debería hacer para mantener el calentamiento global en hasta 1,5 grados C, así como también el impacto de ese nivel de calentamiento para el 2018. Aunque esta meta podría no ser alcanzable, sí podría incitar y acelerar el cambio al uso de energías limpias, mejores prácticas de agricultura y otros tópicos similares. “Creo que todos hemos sido persuadidos y estamos cantando la misma canción”, dijo Sopoanga. “Necesitamos cantar esa canción con más intensidad”.

Los números no dan, al menos en este momento, pero los ciclos de cinco años en los que los países deben mostrar “progreso” de las acciones nacionales para combatir el cambio climático podrían ayudar con esto, así como también las revisiones, cuyo objetivo es ayudar a países rezagados e impulsar las ambiciones de los ambiciosos, en 2018. De hecho, luego de París, el mundo comenzará un “nuevo proceso”, dice Gao Feng, representante especial de cambio climático del Ministerio de Relaciones Exteriores de China. “Desarrollaremos todas las reglas necesarias para hacer que el acuerdo de París sea operativo”.

“No es el sistema que visualizábamos al principio, pero es probablemente lo mejor que podemos obtener”, añade Alf Wills, quien tras una vida como biólogo, ahora se desempeña como líder de la delegación de negociación de Sudáfrica, en parte por obstáculos como los que presentan los republicanos en Estados Unidos. Al mismo tiempo, esos obstáculos evitan que Estados Unidos se comprometa a un acuerdo verdaderamente vinculante, así como también a la inversión de más dinero para adaptación, daños y otros impactos causados por el cambio climático. “Estados Unidos está diciendo: ‘Ustedes van a hacer más. Nosotros vamos a hacer menos’. Esta es una píldora difícil de tragar”.

Aún así, las naciones que integran la UNFCCC se han tragado esa píldora, en parte gracias al enfoque de abajo hacia arriba que China trajo a la mesa de discusiones.  Las llamadas Contribuciones Nacionales Previstas y Determinadas (INDC, por sus siglas en inglés), hacen posible concretar el acuerdo, como lo hicieron los acuerdos anteriores para contener gases de efecto invernadero provenientes de los mayores contaminadores, como Estados Unidos y China.

En una apasionada súplica mientras se llevaban a cabo las negociaciones tarde en la noche, el Secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry, llamó el pacto de París un “monumento a la diferenciación”, dado que cada país podrá establecer sus propias metas gracias a estos INDC. “Ha logrado 186 planes completamente voluntarios, determinados por cada nación”, dijo Kerry en una reunión a puerta cerrada para tratar de negociar un trato el pasado 10 de diciembre. “Ningún plan es igual al otro. Eso es diferenciación”.

Pero los planes sí tienen algunos elementos en común, tales como un cambio de combustibles fósiles a energía limpia, ya sea eólica, solar, geotérmica, nuclear o hidroeléctrica, así como también tecnología para capturar la contaminación asociada con el cemento y acero requeridos para construir esas fuentes de energía limpia. También incluyen planes para proteger los bosques existentes y tal vez para plantar más, y para cambiar las prácticas agropecuarias de modo que se pueda almacenar más carbón en los suelos. Significa ayudar a los países, como India o Zambia, que no pueden llevar a cabo esta acción por sí mismos a cubrir sus costos para hacer realidad esta transición, y también desarrollar las capacidades para actuar y adaptarse a los impactos del cambio climático. También significa actuar en concordancia con “la mejor ciencia disponible”, de acuerdo con el pacto de París.

Sin embargo, alcanzar un estatus de cero carbono o un acuerdo para eliminar gradualmente los combustibles fósiles no se menciona directamente en el Pacto de París. Estos puntos fueron sustituidos por la frase "un equilibrio entre las emisiones antropogénicas provenientes de las fuentes y la remoción por los sumideros de gases de efecto invernadero", debido a las objeciones de las economías de los combustibles fósiles como Arabia Saudita y Malasia.

Arabia Saudita ha sido el oponente más público de estos objetivos a largo plazo en París, pero, como dice el refrán, los árboles pueden ocultar el bosque. Los problemas son mucho más profundos que una nación rica en petróleo. Por ejemplo, las 4.000 millones de toneladas métricas anuales de carbono provenientes de China plantean un reto importante para el mundo, donde las emisiones de gases de efecto invernadero se compensan con las reducciones de gases de efecto invernadero. "La humanidad perdió 16 años para tomar acción" antes de París, dice Liu Zhenmin, viceministro de Relaciones Exteriores de China. "Nuestra contribución ha sido muy ambiciosa, pero creo que nuestras condiciones nacionales significan que todavía tendremos algunas dificultades para llevar a cabo esa contribución".

Aún así, la dirección es clara: avanzar lo más rápido posible hacia una civilización con poca polución, en función de las circunstancias nacionales. Eso incluye los esfuerzos como el acuerdo alcanzado entre China y Estados Unidos para desarrollar estrategias a largo plazo de bajas emisiones para frenar el calentamiento global, y compartir estas estrategias de manera amplia. "El objetivo es desarrollar un sistema de energía de bajo costo y con baja emisión de carbono, que pueda impulsar el crecimiento de empleos y la prosperidad económica que todas las regiones del mundo quieren ver", dice John McArthur, investigador principal de economía mundial y desarrollo del Instituto Brookings, un equipo de investigación de políticas públicas en Washington, D.C.

En otras palabras, la pregunta después de París es cómo generar energía limpia y reducir la contaminación de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento global. Como añade Gao: "Este resultado de París conducirá a toda la comunidad mundial hacia un futuro bajo en carbono".