TOKIO- Una empleada muy peculiar empezó a trabajar la semana pasada en los exclusivos grandes almacenes Mitsukoshi, en Japón. Su nombre es Aiko Chihira y es oriunda del distrito de Kawasaki, al sur de Tokio. Se trata de una trabajadora incansable que ofrece explicaciones detalladísimas sobre los 12 pisos de la tienda principal, y los próximos eventos que allí tendrán lugar. Pero a pesar del reconocimiento de sus jefes, en realidad no es una muy buena conversadora. De hecho, aunque habla japonés con fluidez –incluso con lenguaje de señas para sordos– no logra responder satisfactoriamente a las preguntas de sus clientes.

Chihira es un robot humanoide de tamaño natural e imagen realista, no conversacional, instalado en el centro comercial hasta el 5 de mayo. Por el momento emite información solo en japonés, pero puede también hablar y cantar en otros idiomas. Esta creación de Toshiba se presentó públicamente en el CEATEC-Japan a finales de 2014, pero la llegada a Mitsukoshi representa su primer "trabajo" directo con los clientes.

No es nuevo que haya robots haciendo el trabajo de personas. Los robots han sido parte del mundo industrial durante décadas. Pero por lo general en una forma mucho menos humanoide. Solo recientemente los han dotado de estas apariencias tan realistas, y programado para que tengan una relación más personal en el servicio al cliente.

Una semana antes de que Chihira llegara a su puesto de trabajo en Mitsukoshi, un robot más pequeño empezó a trabajar a tiempo completo en la sede principal del Banco de Tokyo. "Nao" se parece más a un amigable personaje de cómic que a una réplica humana. Construido por Aldebaran Robotics, el robot tiene la altura de un niño y puede entender y responder a las preguntas de los clientes en japonés, chino e Inglés. Incluso puede reconocer expresiones faciales humanas, según informó  The Wall Street Journal. Este verano un robot más grande de Aldebaran llamado Pepper empezará a trabajar en el Mizuho Bank japonés. Con un precio de $2.000, Pepper se creó con el objetivo de que llegue a las tiendas pero también a los hogares. 

Credit: Aldebaran

Lo que distingue a Chihira de los otros robots –aparte de su falta de habilidades interpersonales– es su aspecto humanoide. Vestida con un kimono y sandalias japonesas tradicionales, fue creada para parecerse a una mujer japonesa genérica de unos 30 años. El detalle en su cara y manos es impecable. De lejos uno la podría confundir con una persona. Sin embargo, cuando empieza a moverse, enseguida se nota que es una máquina. Incluso entre el personal excesivamente formal y bien entrenado de la tienda de lujo, sus docenas de motores convierten sus movimientos en netamente mecánicos. Su cabeza y torso se mueven a derecha e izquierda (también puede inclinarse) y sus brazos parecen deslizarse sobre planos definidos. Ciertamente habrá un largo camino antes de esta agradable y corpórea C-3PO sea confundida con un ser humano, o incluso genere el efecto del valle inquietante.

Después de una breve estancia en la entrada principal de la histórica tienda, Chihira fue trasladada a un escaparate en el séptimo piso. Un jueves por la noche, tres días después de la llegada del robot en la tienda, algunos compradores curiosos –o quizá aficionados a los robots– se pararon a observar a Chihira durante unos minutos. La mayoría parecían impresionados por su fisonomía realista y nivel de sus detalles, como el tono de piel, textura natural, y hasta finas líneas en las manos.  

Credit: Katherine Harmon Courage

 

Pero en esta ciudad bulliciosa y cargada de tecnológica, ninguno parecía terriblemente sorprendido o desconcertado. L ocierto es que Chihira aún no está preparada para relevar a las unidades biológicas de su alrededor. Por el contrario, Chihira y sus similares todavía son una fuente de empleo para programadores, ingenieros y diseñadores. Y por lo que se ve, estos seres humanos todavía tienen mucho trabajo por delante.