Escasas investigaciones han evaluado el efecto de las emociones positivas en la salud. Por ello, un equipo dirigido por Jennifer Stellar, de la Universidad de Toronto, ha querido indagar el tema.

Los investigadores preguntaron a 94 estudiantes sobre las emociones que habían experimentado el mes anterior. Asimismo, tomaron muestras de la saliva de cada sujeto para determinar los índices de interleucina-6 (IL-6), molécula promotora de la inflamación. Hallaron que cuanto más emociones positivas, menor era la concentración de IL-6.

En un segundo experimento, pidieron a 105 voluntarios que respondiesen vía Internet un cuestionario que evaluaba su propensión a experimentar emociones positivas concretas. También analizaron su saliva. Tanto el gozo, la alegría, el orgullo como la admiración se asociaban con una reducción de IL-6, pero solo esta última era un ítem válido para pronosticar los índices de IL-6, a tenor de un test estadístico.

Los autores advierten que, probablemente, la relación entre el sentimiento de asombro y los valores de IL-6 sea bidireccional: a quienes gozan de una vida más saludable y menos estresada les resulta más fácil emocionarse. Este sentimiento se halla relacionado con la curiosidad y el deseo de explorar, en contraste con el aislamiento social que suele acompañar a la enfermedad o a las lesiones. Stellar apunta: "Sabemos que las emociones positivas son importantes para el bienestar mental, pero nuestros hallazgos sugieren que también favorecen al organismo".

 

Este artículo se reproduce con permiso y su versión en español se publicó primero en Investigación y Ciencia.