Se creía que las impresionantes máscaras de piedra de Teotihuacán, los hallazgos emblemáticos de la antigua ciudad mexicana, estaban hechas de jade. Muchos investigadores también pensaban que los grandes rostros se hicieron en el sitio de la metrópoli precolombina. En cambio, parece que las máscaras fueron elaboradas en talleres ubicados lejos de la ciudad, en territorios hacia el sur de ella, y que el material usado para su confección fue piedra más suave, como serpentinita,  pulida con cuarzo. El cuarzo no está presente en los alrededores de Teotihuacán, reforzando la noción de que las máscaras se hicieron muy lejos. "Casi todo lo que se ha escrito acerca de la realización de las máscaras de Teotihuacán no es cierto", dice Jane Walsh, antropóloga del Smithsonian National Museum of Natural History en Washington, D. C.
 
Los nuevos detalles sobre la fabricación de estas antiguas y valiosas máscaras están saliendo a la luz gracias a la tecnología moderna: un microscopio electrónico de barrido analítico especial que puede identificar los átomos y los minerales que conforman la piedra, y mostrar minúsculas marcas dejadas por los artesanos que las tallaron. Timothy Rose, un geólogo del Smithsonian, presentó los resultados de los estudios hechos con el microscopio electrónico la semana pasada en Baltimore, en la reunión anual del American Vacuum Society, un grupo de científicos expertos en materiales. "Hemos examinado cerca de 150 de estas máscaras de varias colecciones de los museos", dice Rose, quien trabaja con Walsh.
 
Dentro del grupo se encontraron tres artefactos falsos, quedaron al descubierto porque el microscopio mostró las marcas que revelan que herramientas modernas se utilizaron en su confección. "Nos complace que el número fuera tan pequeño", añade. "Pero es importante contar con esta tecnología para determinar lo que es real, porque muchas máscaras, tanto en museos y colecciones privadas, no vienen con una buena documentación acerca de sus orígenes."
 
Hay muchas otras pruebas de que Teotihuacán tenía conexiones con sitios remotos, señala Geoffrey Braswell, antropólogo de la Universidad de California en San Diego, que estudia Mesoamérica. Otros artículos de importación han sido encontrados en la ciudad, dijo en un correo electrónico. Sin embargo, Walsh y Rose, recalcan que los responsables de crear las máscaras aún no han sido hallados.
 
En su apogeo de poder, en la primera mitad del primer milenio A. C., Teotihuacán, que se encuentra al norte de la actual ciudad de México, era la ciudad más grande en el Nuevo Mundo. Tenía más de 100.000 habitantes, grandes pirámides, edificios de apartamentos de varios pisos, avenidas amplias y estructuras ceremoniales. Esta sociedad dominaba incluso a los mayas de la época, que vivían al este de lo que hoy es el sur de México y Guatemala. La ciudad colapsó, por razones aún desconocidas, en el siglo VII D. C. y sus edificios fueron saqueados.
 
Más de 600 de sus máscaras de piedra son parte de las colecciones de museos de todo el mundo. Walsh dice que los investigadores pensaban que eran de jadeíta, una roca dura. Pero nadie había analizado realmente su composición.
 
Rose lo hizo, usando un microscopio electrónico de barrido especial. Por lo general, este tipo de microscopios requieren que las muestras sean recubriertas con partículas de carbono o de oro con el fin de producir imágenes. Eso no se puede hacer con valiosas piezas arqueológicas, ya que  las dañaría. Pero Rose utiliza un microscopio de bajo vacío, que rodea la muestra con vapor de agua en lugar de las partículas de carbono u oro. El haz del microscopio impacta sus electrones en el vapor, que luego interactúan con los electrones en la superficie de la muestra para producir una imagen detallada. También produce una firma de los átomos en la muestra. "Podemos decirle qué tipo de átomos se encuentran en cualquier material, y por lo tanto identificar cualquier mineral o roca", dice.
 
Las máscaras resultaron estar hechas de minerales como serpentinita, caliza y travertino, en lugar de jadeíta. Los científicos también identificaron granos más duros de cuarzo en la superficie. El cuarzo es un buen abrasivo para pulir piedra; no se encuentra cerca de Teotihuacán, pero sí se le encuentra unos 150 kilómetros al sur, en el estado de Puebla. En Puebla, los arqueólogos han encontrado restos de talleres utilizados para fabricar objetos de cerámica que son característicos de Teotihuacán. "Creemos que las máscaras fueron fabricadas por artesanos de Puebla, talladas y pulidas allí, y luego transportadas una larga distancia hasta la ciudad", dice Walsh.
 
Más evidencia para sostener esta interpretación proviene de otro material encontrado en las máscaras: esqueletos de las diatomeas, un tipo de algas. "Parecen como rulos para el cabello", dice Rose. Estos esqueletos forman diatomitas, un tipo de sedimento suave que da un buen pulido final a las máscaras de piedra. Una vez más, no se encuentran diatomitas cerca de Teotihuacán, pero sí aparecen en Puebla.
 
Gracias a que el microscopio electrónico de barrido revela detalles finos, tan pequeños como de un micrón de diámetro, los científicos fueron capaces de ver las marcas de herramientas de los fabricantes de máscaras. (Un micrón es una millonésima parte de un metro.) Esto resulta ser una buena manera de discernir las máscaras viejas y reales de las falsificaciones modernas. "Un tallador precolombino usaría una lima de piedra con arena para cortar la piedra", dice Walsh. "eso deja un surco recto en la superficie de la máscara". Falsificadores –incentivados por los $150.000 a $250.000 que esas máscaras modernas pueden alcanzar en las subastas– usan cortadores rotativos, que son mucho más rápidos, pero dejar una firma muy diferente sobre la piedra. "Se puede ver la curvatura de los recortes", dice. Los filos modernos también están llenos de diamantes, que dejan surcos paralelos reveladores.
 
Es tranquilizador, dicen los investigadores, que la mayoría de los objetos de los museos parecen ser genuinos. De ahora en adelante, como las excavaciones en Teotihuacán continúan y más máscaras saldrán a la superficie, es aún más reconfortante tener una herramienta a mano que pueda detectar los fraudes ocasionales.