Al sur del mar Caribe, frente a las costas venezolanas, hay profundidades en las que el oxígeno es un completo extraño. En las aguas de la Fosa de Cariaco, considerada una de las principales cuencas anóxicas del mundo, un equipo de científicos realiza desde hace dos décadas constantes mediciones con el objetivo de descifrar no solo las características de este ecosistema único, sino aproximarse a las causas que pueden ayudar a explicar fenómenos como el cambio climático.

Desde noviembre de 1995 los investigadores viajan mensualmente a la fosa a bordo del buque oceanográfico Hermano Ginés, para recolectar y analizar muestras de agua y sedimentos que extraen, mediante un sistema de botellas, nucleadores y trampas de partículas controlados de forma computarizada, de profundidades que pueden llegar hasta los 1.380 metros.

Al compilar de forma disciplinada y continua esta información, han logrado estructurar una serie de tiempo, una base de datos que permite ver cómo funciona la naturaleza en formas que es imposible detectar si se mide algo una sola vez o unas pocas veces en el mismo periodo, explica Yrene Astor, investigadora de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales y coordinadora del proyecto Cariaco, que debe su nombre tanto a la cuenca como a las siglas de Carbon Retention in a Colored Ocean.

Al tratarse de una depresión ubicada a una enorme profundidad en la plataforma continental, la fosa permite una radiografía muy completa del pasado, pues no hay perturbaciones que trastoquen el orden en que se van depositando los sedimentos. "De esta manera es posible estudiar cuáles son los cambios que se han producido en la dinámica de las aguas superficiales", explica el ecólogo y biólogo marino Ramón Varela, también investigador de la Fundación La Salle. Añade que la Fosa de Cariaco es uno de los contados sitios en el planeta que permite esa versión de un viaje en el tiempo: la información acumulada allí se remonta hasta más de 2 millones de años de antigüedad, aunque solo se han analizado los últimos 600.000 años.

Las observaciones metódicas que iniciaron hace dos décadas les han permitido establecer que en estas aguas la variabilidad puede ser la norma. Varela apunta que han registrado más cambios de los que podían imaginar cuando comenzaron. Astor coincide en esta apreciación: "La expectativa de que los fenómenos estacionales en esta región tropical se repitan igual año tras año no es correcta". Las variaciones que ocurren, "transforman un sistema ecológico de una condición con características específicas a otro totalmente diferente", apunta.

Al documentar estos cambios los investigadores pueden saber cómo se producen las interacciones entre distintas variables y cómo se vinculan, lo que significa avanzar en la comprensión de cómo se comporta el sistema para poder realizar predicciones. "Muchos de estos parámetros nunca se habían medido anteriormente", asegura Astor. Entre otras cosas, estudian las características del fitoplancton, de nutrientes y bacterias, así como el ciclo del carbono "que implica el análisis de todas las formas en que se encuentra en el mar, tanto en el agua como en los sedimentos".

Las muestras se extraen mediante un sistema de botellas, nucleadores y trampas de partículas controlados de forma computarizada, de profundidades que pueden llegar hasta los 1.380 metros./ Foto cortesía del Proyecto Cariaco

De la superficie a lo profundo

Los ecosistemas en la Fosa de Cariaco se suceden en tres capas: una aeróbica, que comprende desde la superficie hasta los 200 metros de profundidad y que constituye un ambiente propicio para la reproducción de fitoplancton. Le sigue una capa subóxica, que se extiende hasta los 350 metros de profundidad, una región poblada por comunidades microbianas diversas, como bacterias, virus y protozoos.

Finalmente, está el mundo misterioso que alberga la capa anóxica, por debajo de los 350 metros de profundidad, caracterizado por la presencia de ácido sulfhídrico y metano, donde solo subsisten organismos anaeróbicos y formas de vida muy simples y primitivas.

Entre los eventos que han registrado desde que comenzaron las mediciones, destaca el terremoto de Cariaco de 1997, que permitió apreciar cómo se comportaban los sedimentos de la fosa durante un sismo. "Eso no había sido posible antes en otros sitios similares de otras latitudes", afirma Varela.

Otro período clave se ha registrado a partir de los años 2004 y 2005, debido a una caída de la intensidad de los vientos en la zona, vinculada con una migración hacia el norte del centro de altas presiones de las Azores, un fenómeno relacionado con el cambio climático global. Esto ha afectado la surgencia, el movimiento que hace que los nutrientes de las aguas profundas asciendan a la superficie.

"La surgencia de Cariaco es muy importante porque es la mayor en todo el Atlántico occidental", añade. Como consecuencia, ha disminuido la cantidad de fitoplancton, base de la cadena alimenticia de una de las áreas con mayor producción de sardinas, lo que ha provocado el colapso de la pesca.

La disminución de la intensidad de los vientos también ha incidido en el aumento de temperatura del mar en las aguas de la fosa en los últimos 20 años, que ha sido de 1,7º C, notablemente mayor en comparación con lo ocurrido en la región, donde se registró un aumento de 0,67º C.

Huellas humanas

Las mediciones en la fosa también han aportado pruebas acerca del papel que ha jugado la acción humana en el aumento de CO2 en la atmósfera. Han conseguido esta evidencia a partir del estudio de los foraminíferos, un abundante grupo de microfósiles marinos que recolectan de las muestras de sedimentos. Al analizar los caparazones de estos organismos puede verse la relación entre los distintos isótopos de carbono y a partir de ello es posible determinar el tipo de CO2 que absorbió el fitoplancton que constituyó su alimento, lo que en este caso revela una clara influencia antropogénica.

"La señal del carbono proveniente de combustibles fósiles aparece claramente en el carbonato de estos caparazones. Cariaco ha servido como lugar ideal para calibrar varios de estos indicadores climáticos que sirven para identificar condiciones ambientales a partir de compuestos generados por organismos del plancton", agrega Varela.

Astor destaca el valor del proyecto como plataforma de información científica, sobre la cual investigadores de varios países han podido generar proyectos de distinta índole. En los estudios hechos en la cuenca han participado, además de científicos venezolanos y de Estados Unidos, investigadores de Austria, Canadá y Corea del Sur, entre otros, junto con aproximadamente 200 técnicos y estudiantes, que se han sumado al esfuerzo de extraer los secretos de las profundidades.