En septiembre, cuando los científicos develaron los restos fósiles de una especie humana recién descubierta en Sudáfrica llamada Homo naledi, el sorprendente hallazgo electrizó a todo el mundo: 1.550 ejemplares representando a por lo menos 15 individuos, recuperados durante unas pocas semanas de excavación intensiva en el sistema de cuevas de Rising Star a las afueras de Johannesburgo. Pero fue la explicación de los investigadores sobre cómo terminaron los restos en la cueva, más que los fósiles mismos, la que capturó la imaginación pública y sacudió a la comunidad de paleoantropólogos. Los científicos propusieron que esta criatura — cuya edad geológica es desconocida pero que es claramente primitiva y tenía un cerebro del tamaño de una naranja — deliberadamente había colocado a sus muertos allí. Muchos expertos consideran que este comportamiento es exclusivo de nuestra propia especie, la del cerebro grande, H. sapiens.

Ahora, una investigadora que no es parte del estudio original, ha publicado la primera crítica formal en una revista científica de esa provocadora interpretación de los restos. Los miembros del equipo que hizo el descubrimiento refutan sus reclamos, pero otros observadores piensan que algunas de sus críticas son válidas, y que el equipo aún tiene que presentar un caso convincente de que H. naledi deliberadamente disponía de los cuerpos en la cueva.

Los fósiles de H. naledi fueron descubiertos por espeleólogos en una cámara a 10 metros bajo tierra en Rising Star. Para llegar a este santuario, llamado la cámara de Dinaledi, los exploradores tuvieron que reptar por pasajes de menos de 25 centímetros de anchura y subir por rocas empinadas y cortantes, sus linternas iluminando la más profunda oscuridad. ¿Cómo, se preguntaban los investigadores, terminaron los fósiles en una parte tan remota del sistema de cuevas?

Para responder a esa pregunta, el geólogo Paul Dirks de la Universidad de James Cook en Queensland, Australia, y sus colegas, analizaron las características de los huesos y la geología de la cueva. Los huesos pueden acumularse en cuevas a través de varios mecanismos: por ejemplo, las crecidas pueden desalojarlos del lugar donde reposaban originalmente, y los carnívoros pueden traer su presa desde afuera. Pero estas situaciones tienden a producir conjuntos de fósiles que contienen una mezcla de especies animales. Y uno de los aspectos más característicos del sitio de Rising Star es que H. naledi es la única especie animal mediana o grande encontrada allí.

 

Esta mano de H. naledi es una de las manos más completas conocidas de una especie humana extinta. Crédito: Kate Wong

En la ausencia de alguna señal indicadora de cosas como actividad de inundaciones o la de carnívoros, los investigadores concluyeron que la explicación más sólida hasta el momento es que H. naledi arrastraba sus muertos hacia la cámara, siguiendo al menos una parte de la misma ardua ruta que tomaron los científicos. La implicación suponía que esta especie extinta, cuyo cerebro es una tercera parte del nuestro, tenía una comprensión de la mortalidad y una tradición cultural en torno a ese concepto.

Este argumento ha sido recibido con escepticismo desde el principio. Varios expertos expresaron sus dudas en la prensa popular cuando Dirks, junto con el líder del proyecto Lee Berger de la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo y sus colaboradores, publicaron sus resultados en dos artículos de la revista eLife en septiembre pasado. Pero ninguno de los críticos había publicado sus argumentos contrarios en una revista científica revisada por pares, hasta ahora.

Aurore Val, becaria postdoctoral en la Universidad de Witwatersrand, escribió la crítica en el Journal of Human Evolution, disponible en internet. En ella argumenta que es imposible establecer, basado en las pruebas presentadas en el informe del equipo sobre el contexto geológico de los fósiles de H. naledi, que los cuerpos completos fueron dispuestos dentro de la cámara o a su entrada de la manera que sugieren los investigadores.

Val, quien fue estudiante de doctorado de Berger y que ha publicado trabajos con Berger, Dirks y otros miembros del equipo de naledi H. en el pasado, utiliza varias líneas de evidencia descritas en los informes iniciales para enfatizar su caso. Haciendo notar que los descubridores tienen todavía que determinar la edad de los fósiles, sostiene que ellos no pueden saber cómo era la cueva cuando los restos entraron en la cámara de Dinaledi. Las cuevas pueden cambiar dramáticamente con el tiempo, y Rising Star podría haber permitido alguna vez un acceso más fácil a la cámara. Val sostiene también que el equipo no analizó suficiente material fósil para descartar daños causados por el agua o el de transporte de carnívoros.

En una respuesta a las críticas de Val, Dirks, Berger y sus compañeros de equipo escriben en el Journal of Human Evolution que muchas de las críticas de Val son “espúreas” y que se derivan de malas interpretaciones de sus datos publicados. La cartografía de la cueva y la roca circundante indica que nunca ha habido una apertura directa desde la superficie a la cámara de Dinaledi, dicen, y aunque la geología muestra que la cueva ha cambiado con el tiempo, esos cambios han no alterado de manera fundamental la entrada a la cámara.

Además, escribieron Dirks y sus coautores, los estudios de los sedimentos en la cámara muestran que los fósiles no fueron transportados por el agua. Y señalaron que examen macroscópico de todos los especímenes fósiles y la inspección microscópica de más de un tercio de ellos representando todos los elementos esqueléticos, no reveló marcas de dientes de carnívoro. Asimismo, escribieron que el análisis de las fracturas en los fósiles no identifica una sola que sea consistente con daño de carnívoro.

El hecho de que el Journal of Human Evolution aún no haya publicado la respuesta irritó a los autores, que estaban bajo la impresión de que aparecería al mismo tiempo con comentarios críticos de Val. Según la co-editora jefe, Sarah Elton de la Universidad de Durham en Inglaterra, eso fue un malentendido por parte de los autores. Ella explica que no se garantiza la publicación de una respuesta. Todo el contenido pasa a través de la revisión por pares. Si una respuesta es aceptada para su publicación, aparecerá en el mismo número impreso, pero una crítica puede aparecer en internet antes que la respuesta asociada, esto debido a horario de producción de la revista. La respuesta de Dirks y sus coautores está actualmente bajo consideración para publicación, dice Elton.

Investigadores exteriores que han visto el comentario de Val y la respuesta del equipo, piensan que algunos de los reclamos de Val tienen mérito. “Las cuevas son sistemas muy dinámicos, y es difícil reconstruir estructuras del pasado", dice Jeffrey McKee de la Universidad Estatal de Ohio, y quien ha excavado sitios fósiles humanos en Sudáfrica. Él también está de acuerdo con Val en que los investigadores han descartado prematuramente las actividades de transporte de agua y carnívoros, entre otras posibilidades. El análisis de la tafonomía, es decir lo que sucedió con los organismos entre su muerte y el descubrimiento de los fósiles, “debe ser mucho más cuidadoso”, insiste. El hecho de que H. naledi es la única especie animal mediano a grande en el ensamblaje de fósiles es inusual, pero sin embargo también es consistente con escenarios distintos de entierro deliberado. Otro sitio surafricano, el Taung, donde McKee ha trabajado, contiene un depósito fósil que consiste principalmente de babuinos, y probablemente sea el trabajo de leopardos. Los leopardos a menudo concentran sus esfuerzos de caza en una sola especie, explica McKee. Y pueden hacerlo sin dejar mordeduras o rayones en los huesos. “La mayoría de los carnívoros toman las entrañas primero, de tal manera que en muchos casos no hay marcas”, explica, y añade que los fósiles de babuino de Taung muestran pocas marcas de carnívoro. "La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia", dice.

Martha Tappen, de la Universidad de Minnesota y especialista en tafonomía, también comparte algo del escepticismo de Val. Aunque ella apoya el enfoque del equipo para averiguar cómo los huesos entraron en la cámara — estudiando hipótesis competidoras y viendo cómo su evidencia se mide contra las predicciones de esas hipótesis — piensa que el escenario preferido del equipo es difícil de tragar. "Su explicación de Homo naledi llevando repetidamente a la cámara sus muertos durante años es tortuoso e increíble", afirma. Tappen se pregunta si los humanos extintos podrían haber bajado a la cámara, tal vez en busca de agua o para esconderse de un carnívoro, y quedaron atrapados.  “Tal vez nunca lo sepamos con certeza”, dice. Pero en su opinión una cosa es clara: "Necesitan seguir cavando".

Dirks dice que eso es justamente lo que el equipo está haciendo. “Seguimos explorando la cueva y hemos encontrado otras cámaras con restos de fósiles humanos que podrían arrojar más luz sobre la cuestión de por qué se producen restos de naledi en Rising Star”, anota. “Si grupos de todas las edades están igualmente representados en el depósito, la explicación podría ser diferente de una donde el grupo está fuertemente sesgado hacia los individuos más viejos o más jóvenes, por ejemplo. Esto no necesariamente puede probar o refutar la disposición deliberada, pero pondrá aún más restricciones”.

En cuanto a la pregunta candente de la edad de los restos de H. naledi, Dirks dice que la datación del sitio está en marcha: “Estamos actualmente explorando cinco técnicas diferentes en siete laboratorios en varios continentes, llevando a cabo pruebas de doble ciego de tres técnicas para obtener la máxima confianza en nuestros resultados”. Aunque el equipo ha estado bajo intensa presión para determinar la edad del material, la geología del sitio es compleja y los investigadores quieren hacer las cosas bien, explica. “Estén atentos”, dice. “No tardará mucho más”.