Para el neurocientífico Chuanhai Cao, el problema con la clasificación de la marihuana como una droga de Clase I por la Administración para el Control de Drogas se puede resumir en dos palabras: ratones muertos.

Cao, investigador del Instituto Byrd de Alzhéimer en la Universidad del Sur de Florida, utiliza ratones transgénicos para estudiar el efecto del componente de la marihuana tetrahidrocannabinol (THC) en la beta-amiloide, la proteína que forma las placas encontradas en el cerebro de pacientes con alzhéimer. El tiempo es un factor crítico en su trabajo, los ratones, que son difíciles de criar, deben tener una edad específica en el momento del experimento. Uno de los proyectos de Cao, diseñado para ratones de 12 meses de edad, se retrasó tres meses mientras la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) procesaba el complicado papeleo que deben presentar en el sistema actual todos los científicos que investigan con marihuana. Algunos de los ratones murieron mientras Cao esperaba las aprobaciones que necesitaba para obtener el THC para el experimento; terminó con muy pocos animales y todos eran demasiado viejos como para generar datos útiles. "Fue un desastre", dice.

El escozor de esa calamidad, y de chapuzas similares relacionados con la DEA en laboratorios de todo Estados Unidos, podría aliviarse un poco este verano si en julio la agencia decide eliminar la marihuana de su Lista I de sustancias controladas, que incluye la heroína, y la reclasifica . "Me emocionaría mucho ver eso", dice Cao, que quiere que se traslade la marihuana a la Lista III, que incluye medicamentos como Tylenol con codeína e implica un proceso de aprobación de la DEA menos arduo.

Sachin Patel, profesor asociado de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt que estudia "el papel de los cannabinoides endógenos como mediadores de la resistencia de estrés", quedaría satisfecho con un cambio más modesto. "Reclasificar el cannabis a la Lista II permitirá que se lleve a cabo la investigación necesaria para determinar si va a ser una buena medicina, y para qué", dice Patel, que ha estado investigando el cannabis durante 15 años. En la Lista II se enumeran los medicamentos que se considera tienen un alto potencial para el abuso, incluyendo oxicodona o Percocet.

La marihuana está ampliamente reconocida como un tratamiento a menudo eficaz para una variedad de condiciones comunes. A pesar de que sigue siendo ilegal a nivel federal, 23 estados y el Distrito de Columbia han legalizado su uso para el tratamiento de dolor crónico, náuseas, glaucoma, migraña y más. Pero los investigadores como Patel y Cao creen que el cannabis tiene un potencial aún mayor en el tratamiento de trastornos más importantes, que incluyen alzhéimer, cáncer, epilepsia, trastorno de estrés postraumático y enfermedades autoinmunes. Han dedicado sus carreras a ello y, a pesar de las onerosas restricciones y un sinfín de molestias –una vez Patel esperó seis meses a que la DEA le diera luz verde– han hecho avances reales, publicándolos de forma rutinaria. Aunque la decisión de la DEA de reclasificar la sustancia, no elimine por completo la carga de la ilegalidad o el peso sobre los científicos, podría hacer despegar una nueva era en la investigación sobre la marihuana.

"No es que no tengamos mucha información", dice Lester Grinspoon, que ha estado investigando y escribiendo sobre la marihuana desde la década de 1960 y preferiría que la DEA la suprimiera de la lista por completo. "Si va a PubMed encontrará que hay 23.000 trabajos publicados sobre el cannabis. Pero [con la reclasificación] podemos extenderlo a estudios clínicos doble ciegos grandes". Grinspoon, de 87 años y profesor emérito asociado de psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, ve similitudes con la historia de otro fármaco. "No tuvimos grandes estudios doble ciegos de la penicilina hasta mediados de los años 60", dice, "así que todo era evidencia anecdótica. Pero daba la impresión de ser un medicamento asombroso. Y lo fue".

Reducir las restricciones de la DEA podría acelerar el ritmo y la cantidad de investigaciones en curso, que incluyen el trabajo básico in vitro que hace gente como Cao. (Por ejemplo, en un artículo publicado en 2014 en Journal of Alzheimer’s Disease, informó que las concentraciones extremadamente bajas de THC podrían reducir la producción de beta-amiloide en un modelo celular de la enfermedad de Alzheimer). También podría atraer más científicos hacia el campo, expandir las vías de investigación y hacer menos difícil atraer financiación. Y, como señala Patel, mientras que los ensayos clínicos rigurosos y controlados con placebo pueden confirmar las nociones populares sobre la efectividad de la marihuana para cosas como el dolor y las náuseas, posiblemente podrían refutarlas si se enfrenta evidencia anecdótica con ciencia. Sin esa prueba, dice, "realmente no lo sabemos". Un resultado más probable, añade Grinspoon, es que una nueva ola de investigación sin el estorbo de la Lista I demostrará que la marihuana es el medicamento versátil, no tóxico, de bajo costo que él ha llegado a descubrir que es.

Por supuesto, la DEA no es el único obstáculo. Los investigadores también deben seguir las regulaciones federales, separadas de los programas de sustancias controladas de la DEA y que requieren que la marihuana utilizada en estudios en los que es ingerida por seres humanos provenga de una sola fuente: el Centro Nacional de Investigación de Productos Naturales de la Universidad de Mississippi. Un estudio de 2015 realizado en la Universidad del Estado de Arizona encontró que entre 2008 y 2014, de los $1.400 millones que el Instituto Nacional de Salud estadounidense gastó en investigación sobre marihuana, solo $297 millones se gastaron en potenciales usos médicos; el resto, $1.100 millones fueron para los estudios de abuso y adicción.

Aún así, Grinspoon cree que la reclasificación de la DEA podría tener un efecto considerable en hacer cambiar la forma en que la comunidad médica percibe la marihuana y el valor de estudiarla. "La mala educación sobre el cannabis en los últimos 50 años ha sido tan completa que va a tomar tiempo", dice. "Pero esto va a derribar uno de esos obstáculos". Uno de los resultados posibles: "las facultades de medicina comenzarán a reconocer que deben enseñar sobre el cannabis como un importante nuevo medicamento. Por supuesto, ha estado alrededor por 10.000 años, pero nuevo en el sentido de llegar a la medicina occidental".

Sea o no que reciba la clasificación de la Lista III que está esperando, Cao continuará en el camino que ha seguido durante casi 10 años. Para él, la investigación del THC es una propuesta a largo plazo y una investigación personal. "Estamos tratando de encontrar terapias para los pacientes con alzhéimer", dice, "y mi mamá es un paciente con alzhéimer". Si existe alguna posibilidad de que la marihuana pueda proporcionar un tratamiento eficaz, él proseguirá, sin importar qué obstáculos regulatorios que tenga que pasar.