Muchas estrellas se forman en múltiplos, vinculadas en órbitas alrededor unas de otras, o incluso en agrupaciones jerárquicas donde las estrellas individuales pueden orbitar pares estelares (binarias), o los pares pueden orbitar a otros múltiplos.

Durante mucho tiempo los astrónomos pensaron que la mayoría de las estrellas estaban realmente hermanadas en este tipo de configuraciones. Pero en los últimos años, el conocimiento que se tenía fue objeto de un mayor escrutinio, y es posible que solo una pequeña fracción (menos de un tercio) de las estrellas de la Vía Láctea realmente tenga compañeras vinculadas gravitacionalmente.

En cualquier caso, hay dos mecanismos principales para construir sistemas estelares múltiples. Una, es la turbulenta ‘fragmentación’ de una nube molecular densa (nebulosa) en colectivos de estrellas, y la otra es que el disco protoestelar de un sistema de condensación gravitacional se fragmente debido a inestabilidades dinámicas –literalmente ‘brota’ en múltiples núcleos estelares densos–.

El mecanismo anterior podría hacer emparejamientos estelares ampliamente difundidos (miles de veces más separados que la distancia Tierra-Sol, medido en unidad astronómica, AU por sus siglas en inglés), mientras que el segundo podría generar grupos estrechamente ligados.

La evidencia directa de la formación de estrellas en órbita estrecha desde un solo disco protoestelar ha sido carente. Pero ahora el telescopio Atacama Large Millimeter / submillimeter Array (ALMA, por sus siglas en inglés) –un observatorio internacional alto en el desierto de Atacama, en Chile– ha logrado tomar una imagen extraordinaria de un sistema estelar muy joven, a unos 750 años luz de distancia, que parece mostrar el momento justo del proceso de inestabilidad en el disco que da origen a la formación de estrellas.

 
Imagen de ALMA del sistema L1448 IRS3B. Crédito: Bill Saxton, ALMA (ESO / NAOJ / NRAO), NRAO / AUI / NSF

La imagen de ALMA muestra el resplandor del polvo caliente en este joven sistema, y un par de estrellas bebé estrechamente en órbita (a la derecha) con una tercera estrella que se está formando aparentemente de una alteración, similar a un espiral, en el disco protoestelar ( a la izquierda).

Al presentar su trabajo en la revista Nature en octubre de 2016, Tobin et al., aseguran que esto es una evidencia directa de la fragmentación del disco que forma objetos protoestelares.

La escala sigue siendo grande para nuestros estándares del sistema solar. El par interno de las estrellas jóvenes están separadas unas 61 AU, mientras que la tercera formación estelar está a unas 183 AU más lejos.

Si la interpretación actual de estos datos es correcta, habremos visto en acción al mecanismo de creación de los sistemas múltiples estelares cercanos –y con la suficiente fidelidad que ahora se pueden obtener de las simulaciones por computadora para tratar de igualar la física exacta del proceso–. Este es un paso tremendamente emocionante hacia la decodificación de la formación y evolución de todas las estrellas.