Enseñar a los padres de niños con autismo a interactuar más eficazmente con ellos redunda en beneficios para los pequeños, que permanecen durante años, según el estudio más grande y de más larga duración que analizó intervenciones para tratar este trastorno.

La capacitación estuvo dirigida a padres de niños con autismo que tenían entre 2 y 4 años. Seis años después de que los adultos completaran un curso de un año de duración, sus niños mostraron mejor comunicación social y redujeron las conductas repetitivas, y menos fueron considerados con autismo “severo” en comparación con un grupo control, según los resultados publicados el 25 de octubre en The Lancet .

“Esto no es una cura”, dice el psiquiatra infantil Jonathan Green, de la Universidad de Manchester, e investigador que formó parte del estudio. “Pero sí supone una reducción sostenida y sustancial en la gravedad y eso es importante para las familias”.

 John Constantino, psiquiatra infantil de la Universidad de Washington en St. Louis, Missouri, dice que los resultados son “monumentalmente importantes”, porque ha habido poca evidencia que demuestre que las intervenciones para tratar el autismo en etapas tempranas son eficaces, a pesar de que los investigadores ya comparten la idea en general. “Se trata de un raro ensayo controlado y aleatorio a largo plazo en un campo en el que no existe casi ningún dato de este tipo”, dice.

Pero agrega que la magnitud de la mejoría fue una decepción y que hubo señales de que los efectos del tratamiento disminuyeron con el tiempo.

Y aunque la terapia benefició las habilidades de comunicación y disminuyó las conductas repetitivas, no redujo la ansiedad de los niños, otro síntoma clave del autismo. “Tal vez, sobre todo, esto destaca cuán desesperadamente importante es que desarrollemos intervenciones de mayor impacto”, dice.

Entrenamiento en vídeo

Más del 1% de los niños estadounidenses son diagnosticados con trastorno del espectro autista, una condición en la que se altera la capacidad para comunicarse. No existe un tratamiento que haya demostrado definitivamente para combata los síntomas principales del autismo, dice Green.

La idea detrás de las terapias de intervención temprana para el autismo es que tienen más posibilidades de causar impacto, porque los síntomas no son tan severos y el cerebro está en una etapa temprana de desarrollo. Green y sus colegas pusieron en marcha el Ensayo de Comunicación de Autismo Preescolar (PACT, en sus siglas en inglés) para probar esas hipótesis. Los expertos reclutaron a 152 niños con autismo, muchos de ellos con síntomas graves de la enfermedad. Aproximadamente la mitad de ellos fueron asignados al azar para recibir una intervención; la otra mitad sirvió como control. Los dos grupos comenzaron el estudio con resultados similares en la medida de gravedad de los síntomas del autismo.

Sin embargo, la terapia estaba dirigida a sus padres. La capacitación fue adaptada a cada familia: dos veces al mes durante seis meses, los padres miraron vídeos de sus interacciones con sus hijos. Periódicamente, un terapeuta hacía una pausa en el vídeo para discutir los métodos que los padres podían utilizar para mejorar la participación de sus hijos y reforzar sus habilidades de comunicación. Los padres recibieron más sesiones de apoyo en los siguientes seis meses y acordaron hacer una media hora de actividades planificadas con sus hijos cada día a lo largo del año. Después de eso, las sesiones de terapia terminaron.

Al final de esa terapia, los niños que recibieron el tratamiento tenían síntomas menos graves de autismo. Y seis años más tarde, el seguimiento de 121 de los participantes originales del estudio mostró que los efectos de la terapia aún eran evidentes. En una escala que indica la severidad del autismo, las puntuaciones fueron inferiores en los niños cuyas familias habían recibido la capacitación: 7,3 frente a 7,8 en los niños que no habían recibido la intervención. Entre los que estaban en el grupo de intervención, 46% fueron considerados con autismo “severo”. Esa proporción fue de 63% en los niños no tratados.

Los datos son suficientes para apoyar el uso más amplio de intervenciones similares, dice Green. “Creemos que esto podría y debería ser parte de una indicación general para los niños con autismo”.