Ocho hombres de Uruguay que se quedaron sin empleo al cerrar la filial de una empresa tabacalera multinacional salieron adelante con una experiencia única en el mundo: formaron una cooperativa y realizan actividades para informar sobre la evidencia científica que demuestra el daño del tabaco para la salud e inspeccionan espacios públicos como restaurantes, bares y kioskos. 

La cooperativa tiene contrato con el Ministerio de Salud Pública y ayuda a que se cumpla más con una política de control de tabaco que se viene desarrollando desde 2006 –impulsada desde la primera presidencia del oncólogo Tabaré Vazquez– cuando Uruguay se convirtió en el primer país de América totalmente libre de humo del tabaco.

Los hombres formaron la Cooperativa 21 de octubre por el día en que quedaron despedidos por Abal Hermanos, la filial de Philips Morris. Las ventas de cigarrillos habían caído por la reducción en la cantidad de fumadores y la empresa optó por el cierre de la planta. En 2010, la misma empresa había iniciado una demanda contra el Estado uruguayo por 2.000 millones de dólares estadounidenses ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a inversiones del Banco Mundial, un proceso que aún no ha terminado.  Philips Morris considera que la legislación uruguaya viola acuerdos sobre propiedad intelectual de sus marcas.

 “Empecé a trabajar en 1984 –contó a Scientific American Daniel Gómez, que trabajaba como inspector de control de calidad de la tabacalera–. En ese momento no estaba tan difundido el aspecto negativo del tabaquismo. En lo personal, sabía que fumar era perjudicial para la salud. De todos modos, lo veía como una decisión personal, y veía mi trabajo en la tabacalera como fuente de ingresos para mí y mi familia. A medida que las campañas públicas antitabaco fueron avanzando, tuve la sensación que no había marcha atrás. Pero yo nunca sentí culpabilidad por mi trabajo”.

Pero los sentimientos de Gómez son muy diferentes ahora. Recibió capacitación del Ministerio de Salud Pública sobre las evidencias científicas que demuestran que fumar está asociado a cánceres, enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.  “La experiencia de la cooperativa como respuesta al desempleo, que implica recorrer el país e intercambiar con públicos diversos, es una de las mejores cosas que me han sucedido. Estamos orgullosos por el fin social que tiene”. Ya se realizaron más de 6000 inspecciones y elevaron 400 actas por infracción de las normas de control del tabaco.

“Tenemos tres maneras de fiscalizar. Lo hacemos con visitas a lugares de trabajo, centros educativos, fábricas, bares y restaurantes. Vamos a comercios de un determinado rubro o nos movemos a partir de denuncias. Nosotros verificamos si las denuncias tienen fundamento”, contó Gómez. 

Desde el programa de control de tabaco del Ministerio de Salud Pública, el médico Winston Abascal informó a Scientific American que “la cooperativa cumple un rol doblemente beneficioso: promociona la cesación del consumo de tabaco e inspecciona los lugares para que se cumplan las normas”.

Por su política antitabaco, Uruguay ya exhibe buenos resultados. En 2006, fumaba tabaco el 32,4 % de la población adulta, mientras que en 2014 fumaba el 22%. En la adolescencia, el impacto fue mayor: en 2003 fumaba el 30% de los chicos entre 12 y 17 años, pero el año pasado solo consumía el 9,2%.

En el mundo, no hay antecedentes de cooperativas similares. Pero sí hay casos de individuos que abandonaron tabacaleras para jugar a favor de la salud. Son los casos de Jeffrey Wigand, un ejecutivo que inspiró la película El Informante  y fundó la ONG Smoke Free Kids en los Estados Unidos; Patrick Reynolds, nieto del fundador de la tabacalera que lleva su apellido y que pasó a ser un activista para advertir la mortalidad por el cigarrillo; y Víctor DeNoble, exinvestigador de Philip Morris que denunció a la empresa en los Estados Unidos por agregar componentes que favorecen la adicción a los cigarrillos.

Que exista la cooperativa es una iniciativa muy bien vista incluso por opositores al actual gobierno del Frente Amplio. Miguel Asqueta, médico que forma parte del Partido Nacional y expresidente de la comisión de salud de la Cámara de Diputados de Uruguay, opinó que “la falta de funcionarios públicos del Ministerio de Salud Pública para educación, información y fiscalización era un problema, y ahora se está cumpliendo de mejor forma porque los integrantes se la cooperativa fueron capacitados para esas funciones”. 

Asqueta consideró que la experiencia podría replicarse en otros países: “Se podrían armar cooperativas en otros países, siempre que se tomen los recaudos necesarios en cuanto a su desvinculación efectiva de la industria y a la capacitación efectiva y comprometida de sus integrantes”.