Ya para 1977 Exxon era consciente del cambio climático, 11 años antes de que se convirtiera en un asunto de interés público, de acuerdo con una investigación reciente de InsideClimate News. Este conocimiento no impidió que la empresa (ahora ExxonMobil y la mayor compañía petrolera y de gas del mundo) pasara décadas negándose en reconocer públicamente la existencia del cambio climático e incluso promoviendo la desinformación en torno al tema —una técnica que muchos han comparado con las mentiras difundidas por la industria del tabaco sobre los riesgos para la salud que conlleva el fumar—. Ambas industrias eran conscientes de que sus productos dejarían de ser rentables cuando el mundo entendiera los riesgos, tanto que utilizaron los mismos consultores para desarrollar estrategias sobre cómo comunicarse con el público.

Los expertos, sin embargo, no están muy sorprendidos. "Nunca ha sido ni remotamente plausible que no entendieran la ciencia", dice Naomi Oreskes, profesora de historia de la ciencia en la Universidad de Harvard. Pero resulta que Exxon no solo entendía la ciencia, sino que la compañía participaba activamente en ella. En las décadas de 1970 y 1980 empleó a los mejores científicos para investigar el problema y lanzó su propio, y ambicioso, programa de investigación que empíricamente estudiaba el dióxido de carbono y construía rigurosos modelos climáticos. Incluso, Exxon invirtió más de un millón de dólares en un proyecto para determinar cuánto CO2 es absorbido por los océanos. Esa era una de las preguntas científicas más grandes de la época, lo que significaba que Exxon estaba, verdaderamente, realizando investigaciones sin precedentes.

En su investigación de ocho meses, los periodistas en InsideClimate News entrevistaron a antiguos trabajadores de Exxon, científicos y funcionarios federales, y analizaron cientos de páginas de documentos internos. Hallaron que el conocimiento que tenía la compañía sobre cambio climático se remonta a julio de 1977, cuando uno de sus experimentados científicos, James Black, pronunció un aleccionador mensaje sobre el tema. "En primer lugar, existe un consenso científico general de que la forma más probable en que la humanidad está influyendo en el clima global es a través de la emisión de dióxido de carbono por la quema de combustibles fósiles", dijo Black a la gerencia de Exxon. Un año más tarde le advirtió a Exxon que duplicar los gases de CO2 en la atmósfera aumentaría las temperaturas promedio globales en dos o tres grados –un número que concuerda con el consenso científico actual–. Continuó advirtiendo que "el pensamiento actual dice que el hombre tiene una ventana de entre cinco y 10 años antes de que se presente la necesidad crítica de tomar decisiones difíciles en torno a cambios en las estrategias de energía". En otras palabras, Exxon necesitaba actuar.

No obstante, ExxonMobil no concuerda con que estas primeras declaraciones fueran tan fuertes, y jamás concluyentes en lo absoluto. "No llegamos a estas conclusiones, ni tampoco tratamos de enterrarlas como ha sido sugerido", dijo a Scientific American el portavoz de ExxonMobil, Allan Jeffers. "Lo que más me sorprende es que hemos estado diciendo esto por años, que hemos estado involucrados en investigación científica sobre el clima. Estas personas van y sacan algunos documentos que nosotros hicimos públicos en nuestros archivos y los muestran  como si fueran una bomba mediática de un informante interno, gracias a un lenguaje recargado y el uso selectivo de materiales".

Una cosa es segura: en junio de 1988, cuando el científico James Hansen de la NASA dijo en una audiencia del Congreso que el planeta ya se estaba calentando, Exxon mantuvo públicamente su posición de que la ciencia aún era controversial. Más aún, expertos coinciden en que Exxon se convirtió en un líder en campañas de confusión. Ya para 1989 la compañía había ayudado a crear la Coalición Global del Clima (disuelta en 2002) para cuestionar la base científica de la preocupación del cambio climático. También ayudó a evitar que Estados Unidos firmara, en 1998, un tratado internacional sobre el clima conocido como el Protocolo de Kioto,  para el control de gases de efecto invernadero. La táctica de Exxon no solo funcionó con Estados Unidos, sino que también hizo que otros países, como China e India, no firmaran el tratado. En ese momento, "un montón de cosas se desenmarañaron", dice Oreskes.

Pero los expertos aún no terminan de completar el rompecabezas del concepto errado de Exxon. El verano pasado, la Unión de Científicos Preocupados presentó una investigación complementaria a la de InsideClimate News, conocida como Climate Deception Dossiers (Archivos de Engaño Climático). "Incluimos un memorándum proveniente de una coalición de empresas de combustibles fósiles en el que básicamente se comprometen a poner en marcha un gran esfuerzo de comunicaciones para sembrar la duda", dice el presidente de la unión, Kenneth Kimmel. "Incluso hay una cita que dice algo así como ‘La victoria se logrará cuando la persona promedio tenga dudas sobre la ciencia climática’. Así que es bastante fuerte".

Desde entonces, Exxon ha invertido más de $30 millones en grupos estratégicos (think tanks) que promueven la negación sobre los cambios en el clima, según Greenpeace. Aunque los expertos nunca podrán cuantificar el daño que la desinformación de Exxon ha causado, "una cosa segura es que hemos perdido mucho terreno", dice Kimmell. La mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera se hicieron después de 1988. "Creo que si las compañías de combustibles fósiles hubieran sido honestas sobre esto y hubieran sido parte de la solución en vez del problema, habríamos progresado mucho [hoy] en lugar de duplicar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero".

Los expertos coinciden en que el daño es enorme, por lo que están comparando el engaño de Exxon con las mentiras difundidas por la industria tabacalera. "Creo que hay muchos paralelismos", dice Kimmell. Ambas sembraron dudas acerca de la ciencia por sus propios medios, y ambas trabajaron con los mismos consultores para ayudar a desarrollar una estrategia de comunicación. Señala, sin embargo, que las dos industrias se diferencian en el tipo de daño causado. Las empresas tabacaleras amenazaron la salud humana, pero las compañías petroleras amenazaron la salud del planeta. "Es un daño que en su alcance es global ", dice Kimmel.

Para probar esto, Bob Ward —quien en nombre de la Real Academia del Reino Unido envió una carta a Exxon en 2006 afirmando que su ciencia era "inexacta y engañosa"— considera que es necesaria una investigación a fondo. "Porque, francamente, el episodio del tabaco era probablemente el episodio más vergonzoso que uno se pudiera imaginar", dice Ward. Kimmell está de acuerdo. Estas razones "realmente destacan la responsabilidad que tienen estas empresas de confesar, reconocer esto, y trabajar lo más pronto posible con los demás para reducir las emisiones y pagar por algunos de los gastos que vamos a tener que sobrellevar", dice Kimmell.

No parece, sin embargo, que Kimmell tendrá su retribución. Jeffers afirma que los hallazgos de la investigación son "simple y evidentemente falsos, engañosos y los rechazamos por completo", palabras que coinciden con las pronunciadas contra ellos por Ward, hace casi una década.