Los azúcares que comemos pueden influir en la forma en que nuestro cerebro decide si debemos poner nuestro tenedor sobre la mesa o volver por un poco más de comida, de acuerdo con un nuevo estudio. Los hallazgos sugieren que la fructosa, un azúcar que se encuentra en frutas, así como en productos endulzados como gaseosas, no dispara la señal de saciedad del cerebro de la misma manera como lo hace la glucosa, un azúcar que es la fuente principal de combustible para la mayoría de las células de nuestro cuerpo. La fructosa más bien puede activar caminos cerebrales que aumentan el deseo de comer.

En 2013, Kathleen A. Page,  de la Universidad del Sur de California, y sus colegas encontraron que la fructosa activa el hipotálamo, una parte de nuestro cerebro que regula la ingesta de alimentos (J. Am. Med. Assoc., DOI:10.1001/jama.2012.116975). En cambio, la glucosa, que contiene el mismo contenido calórico que la fructosa, suprime esa actividad y conduce a una sensación de llenura.

En el nuevo estudio, el equipo de Page miró los efectos de la fructosa y la glucosa en las áreas del cerebro que procesan el sentimiento de recompensa. Le dieron a los voluntarios agua con sabor a cereza, unas endulzadas con fructosa, otras con glucosa y luego observaron la actividad cerebral de los participantes a través de imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI), mientras les mostraban  imágenes de alimentos. Cuando la gente bebía fructosa, las imágenes de alimentos producían más actividad en la corteza orbitofrontal que cuando tomaron glucosa. La actividad en esta región del cerebro se ha relacionado con una mayor motivación para ir en busca de recompensas, incluyendo alimentos o medicamentos.

Antes de que los sujetos  salieran de la máquina de resonancia magnética funcional, los investigadores les ofrecieron la opción de recibir una merienda ese día o dinero un mes después. Las personas que solo habían consumido fructosa eran más propensos a renunciar al día de pago retrasado a favor de la merienda en comparación con aquellos que solo habían recibido la glucosa (Proc. Natl. Acad. Sci. USA 2015, DOI:10.1073/pnas.1503358112).

Una fortaleza del estudio es la combinación de esta prueba de toma de decisiones con los datos de imágenes del cerebro, dice Peter J. Havel, profesor de nutrición en la Universidad de California, en Davis, quien no participó en el estudio. "Está conectando  lo que está sucediendo en el cerebro con lo que la gente está haciendo en realidad".

El estudio, dice Havel, se limita a los efectos a corto plazo de la fructosa en comparación con la glucosa. Por eso él propone que se hagan estudios más largos que cuantifiquen cuánto la gente come, fuera del laboratorio,  después de consumir los dos azúcares.

Este artículo se reproduce con permiso de Chemical & Engineering News (© American Chemical Society). El artículo fue publicado por primera vez el 7 de mayo de 2015.