Funcionarios de salud pública de EE.UU. se están preparando para una ola de bebés con graves defectos de nacimiento relacionados con el zika. Las últimas cifras oficiales sugieren que 808 embarazadas en EE.UU. pueden haber sido infectadas con este virus. Sin embargo, los médicos también se aprontan para la posibilidad del surgimiento de anormalidades congénitas en otra población: los bebés nacidos de mujeres que no sabían que estaban infectadas. La preparación para esa potencial avalancha —tanto física como psicológicamente— aún es desalentadora.

“Habrá una extraordinaria demanda de atención de necesidades especiales”, dice Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) de los Institutos Nacionales de Salud (NIH). “Necesitas reunir una gran cantidad de estos servicios para hacer un seguimiento, diagnóstico y cuidado de estas cosas a medida que evolucionan”. Las familias que se enfrenten con graves defectos de nacimiento podrían necesitar toda una gama de servicios que incluyen terapia ocupacional, terapia física y otros tipos de asistencia médica. En EE.UU. ya hay 21 bebés con defectos de nacimiento relacionados con el zika, y cinco embarazos perdidos se han vinculado a la enfermedad. Los médicos esperan que esos números aumenten en los próximos meses. Pero la incertidumbre dificulta la planificación. Incluso entre las mujeres embarazadas que tienen zika es imposible estimar cuántos de sus fetos desarrollarán anormalidades.

El potencial aumento en los defectos de nacimiento podría extenderse mucho más allá de la microcefalia (una cabeza extremadamente pequeña), a menudo asociada a las madres que tienen la enfermedad durante el embarazo. Las mujeres pueden dar a luz a niños con pérdida total o parcial de la audición, pérdida de la visión, deformidades de las articulaciones o daño neurológico grave. Sin embargo, no todas estas condiciones serán evidentes inmediatamente luego del nacimiento. Pasarán por lo menos dos años antes de que los médicos puedan tener una idea real de la extensión del problema en EE.UU., dice Karin Nielsen-Saines, pediatra especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de California, Los Ángeles, que estudia el zika.

A finales del mes pasado, un equipo de investigadores del NIAID fue a Brasil y vio preocupantes defectos de nacimiento relacionados con el zika en recién nacidos. Los bebés eran incapaces de retener los alimentos, tenían dificultad para tragar y no habían podido alcanzar los primeros hitos del desarrollo infantil, dice Fauci. Actualmente no hay manera efectiva para estimar cuántos de estos problemas aparecerán en los bebés estadounidenses. “Es lo desconocido lo que me está molestando”, dice.

“Lo que pasa es que estamos mirando los problemas obvios que requieren atención médica, como los niños que nacen con la cabeza muy pequeña o con sordera. Todas estas condiciones se vuelven evidentes rápidamente, pero otras cuestiones como el retraso en el desarrollo o los problemas de visión pueden tardar en identificarse”, dice Nielsen-Saines. “Los niños cuyas madres se sabe que han tenido zika deberían ser vigilados muy de cerca por especialistas en desarrollo y someterse a monitoreos frecuentes de visión y audición”.

Los datos sobre recién nacidos en Colombia sugieren que las mujeres infectadas por el zika que son asintomáticas pueden dar a luz a niños con anomalías vinculadas al virus. Con eso en mente, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han recomendado que se realicen pruebas de zika en la atención obstétrica de rutina a embarazadas que puedan haber estado expuestas al virus.

Sin embargo, el diagnóstico de una infección previa sigue siendo difícil, dice Karen Harris, obstetra de Gainesville (Florida) y que supervisa la coordinación del zika en su estado para el Congreso Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos. “Sabemos que la ventana de prueba puede ser de solo 12 semanas” después de la infección, dice Harris. “Así que no tenemos ninguna prueba que sea capaz de analizar hacia atrás a largo plazo y decir, 'Ah, tenías zika!'”.

Esto es “absolutamente una limitación de la tecnología actual”, coincide el director de los CDC, Tom Frieden, quien agregó que no existe una prueba para la exposición más allá de ocho a 12 semanas. “Esta es una de las cosas que estamos tratando de financiar con los fondos que recién se aprobaron”, dice, refiriéndose a los fondos de emergencia contra el Zika aprobados por el Congreso el 28 de septiembre. 

Obtener cifras confiables sobre los efectos a largo plazo de la exposición al zika en el útero será una prioridad de investigación en los próximos años. Nielsen-Saines prevé realizar un seguimiento de más de 180 embarazadas expuestas al virus en Brasil para registrar el desarrollo de sus hijos. También hay un enorme esfuerzo internacional, dirigido por investigadores brasileños y los NIH, para estudiar alrededor de 10.000 embarazadas afectadas por el zika y a sus hijos. Los nuevos registros de embarazo diseñados específicamente para realizar un seguimiento del zika en EE.UU. y sus territorios también están impulsando este tipo de vigilancia.

En Puerto Rico, la epidemia del zika eclipsó a la registrada en la parte continental de EE.UU. Desde 2015, las pruebas de laboratorio han confirmado la evidencia de exposición zika en 1.977 embarazadas en Puerto Rico (pdf). Más de un tercio de ellas (682), sin embargo, no había notado ningún síntoma del virus. De acuerdo con cifras de los CDC, la tendencia del brote en Puerto Rico sugiere que al menos una de cada cuatro personas —incluyendo mujeres que quedan embarazadas— pueden infectarse con zika.

Contra este nefasto escenario, la semana pasada el Congreso de EE.UU. dio luz verde a un proyecto de financiación contra el zika de US$ 1.100 millones, que llegó después de meses de retraso. El fondo apoyará la investigación de una vacuna para el zika, un mejor diagnóstico y la respuesta de salud pública a la amenaza. Sin embargo, para los niños nacidos con anomalías vinculadas al zika en la generación actual, las respuestas cruciales sobre el virus y cómo detenerlo habrán llegado demasiado tarde.