Las vitrinas del Museo de Historia Natural de Londres conservan numerosos fósiles de dinosaurios, desde un diente de 10 centímetros de longitud perteneciente a un Tyrannosaurus rex hasta una cola de hadrosaurio de 4 metros de largo. Ahora, tal como anuncia un artículo publicado en la revista Nature Communications, un grupo de investigadores habría hallado restos de sangre y fibras de proteína de dinosaurios en ocho de estas reliquias, lo que sugiere que la preservación de los tejidos blandos puede ser más común de lo se pensaba.

"Es [un descubrimiento] alentador", sobre todo porque el material orgánico fue encontrado en huesos que no estaban en buen estado de conservación, afirma Matthew Collins, arqueólogo y bioquímico de la Universidad de York, que no participó en la investigación. Con todo, él y otros expertos advierten de que el hallazgo no aclara si los fósiles contienen proteínas antiguas.

Ya en los primeros años de la década de 1970, un grupo de científicos obtuvo imágenes de las que parecían estructuras celulares en el interior de restos de dinosaurios. El resultado levantó más de una duda, puesto que las proteínas suelen degradarse al cabo de cientos a miles de años después de la muerte de un organismo, aunque en algún caso podrían llegar a sobrevivir hasta los 3 millones de años. Hace una década, otro equipo de investigadores dirigido por Maria Schweitzer, paleontóloga de la Universidad estatal de Carolina del Norte, supuestamente logró extraer colágeno del fósil de un T. rex con una edad de 68 millones de años de edad. Schweitzer y sus colaboradores secuenciaron fragmentos de esta proteína y afirmaron que guardaba similitudes con la de las aves, los descendientes (vivos) de los dinosaurios. Sin embargo, nadie fue capaz de reproducir esos resultados.

El nuevo estudio, dirigido por Sergio Bertazzo, del Colegio Imperial de Londres, ha seguido una estrategia diferente para identificar el material biológico de los dinosaurios. Para ello, él y su equipo han utilizado un instrumento parecido a un microscopio electrónico de barrido que, en lugar de electrones, focaliza un haz de iones sobre una muestra. De esta manera, han obtenido imágenes de alta resolución del interior de ocho fósiles, que incluían, entre otros, un dedo del pie, las costillas, la cadera, una pierna y una garra de diferentes réptiles. En ellos han encontrado tejidos blandos y estructuras microscópicas que parecen glóbulos rojos, lo que representa un hallazgo completamente inesperado.

"Mi primera reacción fue 'estos resultados no son reales'", recuerda Susanne Maidment, también del Colegio Imperial de Londres. Además, los investigadores analizaron muestras de supuestas fibras de colágeno mediante un espectrómetro de masas, a fin de calcular el peso de las moléculas que las componen. Su valor resultó idéntico al de los tres aminoácidos más comunes que componen el colágeno.

No obstante, los expertos que no participaron en el hallazgo señalan que dicho resultado no constituye una prueba concluyente de que las moléculas analizadas sean orgánicas, ni que procedan de un dinosaurio. Según Collins, un tipo diferente de espectrómetro de masas, que sería capaz de secuenciar los aminoácidos de un fragmento de proteína, permitiría reproducir el trabajo y posiblemente confirmar la presencia de colágeno en los fósiles. Maidment asegura que el equipo espera llevar a cabo pronto este tipo de estudios. En caso de lograrlo, su investigación constituiría un punto de partida para entender la conexión entre los dinosaurios y las aves.

 

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado primero en  Investigación y Ciencia.