Basado en la multitud de noticias publicadas por muchos medios de comunicación importantes que deberían saber mejor, la mayor no-noticia científica de la semana es el descubrimiento de una posible señal de radio proveniente de extraterrestres parlanchines en algún lugar de la Vía Láctea. Estoy aquí para decirles que si alguien espera que este sea el momento del primer contacto con otra civilización galáctica, por desgracia, es probable que vaya a estar decepcionado.

Todo comenzó inocentemente, con una entrada de blog el pasado sábado que estaba cuidadosamente redactada por el respetado periodista científico Paul Gilster. Gilster escribió acerca de un mensaje que había recibido de algunos investigadores de SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, por sus siglas en inglés) que informaron de una curiosa y potente ráfaga de ondas de radio de tres segundos proveniente de una estrella situada a menos de 100 años luz de distancia. Los investigadores, dirigidos por Nikolai Bursov de la Academia Rusa de Ciencias, no podían descartar la posibilidad de que la señal fuera artificial y estaban tan intrigados que decidieron hacer un “monitoreo permanente” de la estrella.

La nota de Gilster provocó una tormenta de cobertura de noticias sensacionalistas  que, mientras escribo esto, continúa moviéndose con fuerza por periódicos y sitios web para sorprender a casi todo el mundo que se encuentre con ella. Mi predicción es que pronto se extinguirá, como (casi) siempre ocurre con este tipo de noticias.

Esto es lo que sucedió: en mayo del 2015, el radiotelescopio RATAN-600 en Zelenchukskaya, Rusia, detecto una señal proveniente de HD 164595, una estrella a 94 años luz de distancia en la constelación de Hércules. Se trata de una estrella muy similar a nuestro Sol aunque un poco más vieja, con una edad estimada de 6.300 millones de años. También alberga al menos un planeta conocido, un mundo inhabitable del tamaño de Neptuno, aunque, por supuesto, podría haber otros mundos más habitables en ese sistema.

Si la señal es realmente artificial, y si realmente viene de HD 164595, su fuente de energía debe ser gigantesca. Según Seth Shostak, astrónomo del Instituto SETI en California, que no participó en la investigación, una ráfaga de radio enviada en todas las direcciones por una hipotética civilización extraterrestre necesitaría cientos de veces más energía que la de toda la luz solar que llega a la Tierra –basado en el brillo que tenía la señal que apareció en el telescopio ruso (eso es debido a que solo estaríamos viendo una pequeña parte de la radio-energía total)–.

Si, por otro lado, se tratara de un haz de energía centrado exclusivamente en la Tierra, la señal requeriría el doble de electricidad usada en los Estados Unidos en un año. Está claro que si se tratara de otra civilización galáctica, esta sería mucho, mucho más avanzada que la nuestra.

El problema es que no hay una buena razón para pensar que esta señal proviene en absoluto de alienígenas, y nunca la ha habido, dice Eric Korpela, un astrónomo de la Universidad de California en Berkeley. Korpela dirige SETI@Home, una iniciativa de ciencia ciudadana que procesa datos de SETI utilizando equipos domésticos. En el blog de SETI@Home, Korpela dice que después de evaluar la evidencia disponible “no estaba impresionado” y que los datos son “relativamente poco interesantes”.

“SETI@home ha observado millones de potenciales señales con características similares, pero hace falta más que eso para tener un buen candidato”, añade Korpela. “Para cumplir con el criterio mínimo son necesarias múltiples observaciones”.

Eso no ha ocurrido con el hallazgo ruso. La señal putativa solo se produjo en una de las 39 ocasiones en las que el telescopio RATAN-600 escaneó la estrella y la forma en la que se realizaron los escaneos indica que no se puede descartar que ocurrieran muchos posibles falsos positivos. En lugar de haber sido emitida por un extraterrestre, dijo Korpela, la señal podría fácilmente haber sido el resultado de las erupciones de la estrella que se observaba, una emisión de un agujero negro supermasivo en una galaxia al fondo, o incluso algo natural, como la amplificación de radio emisiones estelares emitidas por una estrella pasando por el primer plano de cruce o la ondulación transitoria de un plasma interestelar.

Todo esto se reduce a que las afirmaciones extraordinarias requieren de evidencia extraordinaria y es muy difícil que los programas SETI modernos consigan esta evidencia. Contrariamente a las representaciones de Hollywood, los esfuerzos de SETI tienden a tener exiguos presupuestos que solo soportan observaciones poco frecuentes de pequeñas fracciones del cielo en rangos de ancho de banda estrechos. ¿Podría la nueva señal de HD 164595 ser una transmisión real de una civilización cósmica? Bueno, sí, es concebible que lo sea. Pero lo mismo podríamos decir sobre los millones de repuntes ópticos extraños y los picos de radio en los archivos de SETI, cada uno de ellos es un fenómeno singular, un susurro que fue detectado por un telescopio una sola vez, sin que se repitiera o regresara. Esto ha ocurrido antes, véase, por ejemplo, la tentadora “Wow! signal” de 1977, y cómo resultó en décadas de esfuerzos infructuosos para volverla a ver.

Incluso asumiendo que hubiera suficiente tiempo disponible en los telescopios (no lo hay), cada programa SETI en la Tierra se iría probablemente a la quiebra tratando de seguir cada uno de los millones de potenciales candidatos con la misma atención y cuidado con los que siguieron la Wow! signal. En un contexto en el que este tipo de recursos son limitados, solo las mejores y más convincentes señales deben merecer este tipo de atención y Korpela dice no estar seguro de que la señal de la HD 164595 haya cruzado ese umbral.

El problema real, dice Korpela, es que el frenesí mediático en torno a la HD 164595 significa que ningún programa SETI con buena reputación podrá a partir de ahora permitirse el lujo de no utilizar valioso tiempo de telescopio para buscar otras señales de la HD 164595. Estos proyectos necesitan fondos, y necesitan la atención del público –ignorar la señal, incluso aunque la probabilidad de que sea falsa es increíblemente alta no va a ser una opción–. “Vamos a sumarnos a este viaje”, escribió Korpela. “Y nadie va a encontrar nada”.

De hecho, según Shostak, el Allen Telescope Array del Instituto SETI ya está observando la estrella, aunque por el momento todavía no han visto nada peculiar. Otros resultados ya están llegando. El martes por la mañana el Breakthrough Listen Project, un esfuerzo SETI privado financiado por el multimillonario Yuri Milner, anunció los resultados de un seguimiento a la HD 164595 utilizando datos de archivo, así como nuevas observaciones del telescopio Green Bank en Virginia del Oeste. ¿Han encontrado algo significativo? Nada en absoluto.

Pero hay algo más revelador, el análisis estadístico de los datos disponibles realizado por Breakthrough sugieren que, si hubiera sido producida por causas astrofísicas naturales, estudios anteriores deberían de haber visto estas fuertes señales en otras partes del cielo. Lo que significa que el equipo de RATAN-600 fue “o muy afortunado por detectar esta fuente en sus observaciones o que la pasajera (señal) es el resultado de una interferencia local o de problemas de calibración”.

Es decir, si dejamos a un lado la posibilidad de que la fuente sea alienígena, parece que incluso es dudoso que la causa de la señal sea astrofísica –otras explicaciones más probables para la señal serían que un satélite pasó por encima, que hubiera una señal errante proveniente de las corrientes eléctricas que circulan por los cables en del observatorio, o incluso un fallo de software–.

Sin embargo, el equipo de Breakthrough Listen tiene la intención de seguir observando periódicamente a la HD 164595 para ver si la señal se repite. No cabe duda de que otros programas SETI harán lo mismo. Y quizás deberían hacerlo. Pero no nos engañemos: incluso en la ilustre y noble misión de poner fin a nuestra soledad cósmica, a veces es el perro el que pasea al amo.

Ahora bien, si están interesados en un hallazgo verdaderamente trascendental en relación a la búsqueda de vida extraterrestre, les dirijo hacia al anuncio de la semana pasada sobre el descubrimiento de un planeta rocoso que se encuentra en una órbita habitable alrededor de la estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri – pero me parece frustrante que este anuncio haya tenido un efecto mucho menor esta semana que esta otra noticia que es mucho más cuestionable–.