El Illimani, un imponente macizo de tres picos, de 6.462 metros de altura y ocho kilómetros de longitud, que forma parte de la cordillera de los Andes y es considerado el más emblemático de Bolivia, será el protagonista de una hazaña científica titánica.  

Para salvar su hielo, que contiene información privilegiada, una treintena de personas, entre científicos, técnicos y guías extraerán tres muestras (o “testigos” de hielo), cilindros de 10 centímetros de diámetro y 145 metros de longitud, de un peso aproximado de tres toneladas, para transportarlas a través de tres continentes, en un periplo de al menos 35.000 kilómetros hasta llegar a la Antártica, donde serán enterradas a 10 metros de profundidad y protegidas a una temperatura de -54° C para el uso por parte de futuras generaciones de glaciólogos.

El hielo contenido en los glaciares conserva pequeñas burbujas de aire e impurezas que se forman con la caída de las nieves sucesivas durante cientos o miles de años que sirven para estudiar el clima del pasado. El hielo del nevado Illimani y de un puñado de otros glaciares del mundo contiene información aún más relevante porque reúne características únicas: pueden revelarle a los científicos información sobre El Niño y otros fenómenos climatológicos sucedidos hace miles de años, los niveles de contaminación de la actividad humana y de las industrias y los efectos de las quemas forestales, entre otros aspectos importantes para la humanidad.

Esta iniciativa forma parte del proyecto “Protegiendo la memoria del hielo” (Protecting Ice Memory), que destinará al menos 3,4 millones de dólares a la extracción, conservación y resguardo del hielo de dos nevados del mundo: el Col du Dôme, ubicado en los Alpes franceses, y el Illimani, situado en los Andes bolivianos. Varias instituciones europeas, entre ellas el Instituto de Investigación y Desarrollo de Francia (IRD) y  el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) están a cargo del proyecto y en el caso boliviano se colabora con la Universidad Mayor de San Andrés(UMSA). Los fondos están siendo recolectados y administrados por la Fundación de la Université Grenoble Alpes.

¿Por qué el Illimani?

 “El Illimani es un glaciar que para los científicos tiene una importancia muy grande”, explica a Scientific American el glaciólogo Patrick Ginot, del IRD, quien se encuentra en Bolivia para coordinar toda la operación, prevista para 2017.  

Según Ginot, la particularidad del nevado boliviano es su situación estratégica, ya que se constituye en una frontera natural entre la Amazonía y el altiplano boliviano y queda muy cerca ( a 60 kilómetros) de la ciudad de La Paz y de toda la actividad industrial que se desarrolla en ella. Es un glaciar tropical porque se encuentra entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio. “El Illimani tiene 145 metros de espesor de hielo y su archivo es de aproximadamente 18.000 años”, agrega.

Además, para preservar este preciado hielo es necesario actuar pronto. Según estudios del IRD, los glaciares tropicales de esta región han sufrido un reducción de entre el 30% y 50% en los últimos 30 años. Este derretimiento se debe al rápido cambio climático que se ha producido desde la década de 1950, pero con mayor énfasis desde finales de la década de 1970, principalmente como resultado del aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, lo que ha ocasionado además un aumento promedio de la temperatura de 0,7° C en dicha zona.

El reporte más reciente sobre el retroceso glaciar presentado en 2013 (Anales de Glaciología, Ribeiro et al.), confirma lo anterior.  Entre 1963 y 2009, el Illimani perdió un 35% de su área total de hielo. Edson Ramírez, coautor de ese informe y uno de los glaciólogos pioneros en Bolivia sobre la necesidad de extraer núcleos de hielo para guardarlos para el futuro, dijo a Scientific American que “debido a los cambios globales del clima, los registros históricos de esta montaña están desapareciendo y es probable que en corto tiempo ya no existan para las generaciones futuras. Esta iniciativa pretende, por lo tanto, rescatar y guardar estos patrimonios que han permitido develar los grandes secretos del clima en los Andes a través del hielo”.

El periplo del hielo boliviano

Cerca de la cima del Illimani, a unos 6.300 metros, los científicos franceses, rusos y estadounidenses extraerán tres testigos de hielo (dos para su envío a la Antártica y una para el análisis actual) para luego ser transportados por los porteadores, a pie, hasta el campamento base, a 4.500 metros. Las muestras que se extraen tienen forma de cilindro, que luego se seccionan en pedazos de un metro (145 muestras en total).

Cada porteador cargará entre cuatro y seis muestras por viaje. Ellos deberán escalar hasta la cima sin ningún peso extra para poder bajar con las muestras obtenidas en sus mochilas. Andinistas y rescatistas supervisarán la instalación de las cuerdas de seguridad y guiarán la escalada hasta los 6.300 metros de altitud y el descenso posterior.

Desde el campamento base, al que se puede llegar en vehículo, se transportarán las muestras en cajas isotérmicas hasta la ciudad de La Paz, donde se las resguardará congeladas en cámaras especiales, a -20°C.

Al trabajo de análisis de una de las muestras se sumarán profesionales bolivianos del Laboratorio de Física de la Atmósfera y del Instituto de Investigaciones Geológicas y del Medio Ambiente de la UMSA.

En laboratorios de esta universidad, en La Paz, las muestras serán compactadas y preparadas para ser enviadas en un camión frigorífico hasta Lima, Perú, y de allí viajarán en un vuelo directo a París, de donde partirán a Grenoble, en el sur de Francia. Allí se unirán a las muestras de su “nevado hermano”, el Col du Dôme, ya extraídas en agosto pasado.

“Allí se prepara todo de nuevo y en otro contenedor frigorífico se envían los 30 metros cúbicos de muestras, por barco, hasta Australia y recién desde allí, con la ayuda de la agencia polar francesa IPEV, se transportará el contenedor hasta la Antártica”, dijo Ginot.

Pero la aventura no acabará ahí: una vez que las seis toneladas del hielo andino y de los Alpes lleguen a la estación de Dumont d’Urville, en la Antártica, todavía deben realizar una travesía de otros 1.100 kilómetros de distancia sobre el continente blanco (en un trayecto comparable al de viajar de París a Madrid) para llegar por transporte terrestre a la estación científica de Domo Concordia, destino final de los hielos milenarios. Ese último tramo durará entre siete y 12 días, dependiendo de las condiciones del tiempo. La temperatura allí en invierno puede bajar a -80° C.

Tan alucinante parece el transporte de los hielos bolivianos y franceses hasta la Antártica, que Wild Touch, la afamada agencia de producción del exitoso documental “La Marcha de los Pingüinos” y de “El hielo y el cielo”, hará otro producto similar con esta historia. Probablemente algún pingüino de la Antártica sea testigo de la llegada del hielo del Illimani a su nueva casa.