Como los autos, algunos microbios usan petróleo como combustible. Esos microorganismos explican en gran medida por qué el derrame de petróleo de BP ocurrido en 2010 en el Golfo de México no fue mucho peor.

“Los microbios hicieron un trabajo espectacular digiriendo mucho del gas natural”, dice el biogeoquímico Chris Reddy, del Instituto Oceanográfico Woods Hole. Las moléculas de hidrocarburo relativamente pequeñas del gas natural son las más fáciles de digerir para los microorganismos. “La velocidad y capacidad es una evidencia alucinante de los microbios”, agregó.

Como sugiere Reddy, los microbios contaron con la ayuda de la naturaleza del derrame de petróleo —llamado Louisiana—, pues era un crudo ligero y suave mezclado con gas natural, a diferencia del bitumen u otros aceites, que son pesados y sucios. “Es mucho más fácil para degradar”, dice Christopher D'Elía, biólogo de la Universidad Estatal de Louisiana y decano de la Escuela de Costa y Ambiente. “Las bacterias tenían algo que era más soluble”.

Más de 150 moléculas diferentes conforman el caldo tóxico de hidrocarburos que surgían del pozo Macondo de BP en el fondo del Golfo de México. Los microbios masticaron los hidrocarburos más pequeños y dispersos (e incluso los propios dispersantes) de forma relativamente rápida, ayudados por el hecho de que estas moléculas se pueden disolver en agua. “Yo les doy un 7 sobre 10”, dice el biogeoquímico David Valentine, de la Universidad de California, Santa Bárbara, sobre el trabajo de los microbios de digerir el derrame de petróleo.

Las corrientes oceánicas, además de mantener el petróleo derramado lejos de la costa, estimularon la actividad microbiana en medio del derrame. Esa mezcla continua del agua permitió un florecimiento bacteriano que transformó millones de barriles de petróleo en un estimado de 100 mil trillones (10 21) de células microbianas de Colwellia —que consumen etano—, Cycloclasticus —que digieren compuestos aromáticos—, Oceanospirillales —quienes se inclinan por los alcanos, Alcanovorax —que prefieren el petróleo—, Metilococcaceae —adeptos al metano— y otras especies, incluyendo por lo menos una hasta ahora desconocida para la ciencia.


 
 

Pero incluso los microbios hambrientos no podían limpiarlo todo, y mucho de lo que consumieron (componentes del gas natural, como metano, etano, butano, propano y pentano) no cuenta legalmente como parte del derrame de petróleo.  Además, también se derramaron muchos hidrocarburos similares al alquitrán, que son demasiado grandes para que los microbios los digieran.

Reddy y sus colegas aún visitan el Golfo de México tan frecuente como pueden para caminar por las playas y recoger muestras. “Estamos tratando de ver quién es el chico más duro del barrio”, dice Reddy sobre los componentes del derrame, en un intento de averiguar por qué estos hidrocarburos no pueden ser biodegradados o incluso desintegrados por la luz solar. De hecho, la luz del sol por sí sola puede transforman el petróleo que quedó en la superficie sin degradar. “La naturaleza tiene una gran caja de herramientas para combatir el petróleo”, añade, aunque no queda claro si los hidrocarburos que se degradan por la luz del sol son peores o mejores desde un punto de vista toxicológico.

Las floraciones de bacterias también parecen ser al menos parcialmente responsables de la nieve marina aceitosa que recubrió el fondo del Golfo de México a raíz de la explosión de Macondo. Otra vez, un inesperado efecto secundario con impactos desconocidos.

“La sustancia está en casi dondequiera que se mires”, dice la biogeoquímica Samantha Joye, de la Universidad de Georgia, describiendo los estudios que realizó con el submarino Alvin, entre otras herramientas, sobre los sedimentos que se encuentran bajo los 1.000 metros o más de agua. “Hasta 15 por ciento de lo que fue derramado está en el fondo del mar. Esta es una cifra bastante notable, dado que no se pensó inicialmente como un destino potencial para el petróleo”.

Incluso las moléculas más pequeñas no pueden consumirse si no hay suficientes nutrientes en el agua, así como también nitrógeno o fósforo. “Los nutrientes regularon la biodegradación”, dijo Joye. “Eso podría explicar por qué tanto petróleo se sedimentó, ellos degradaron tanto como pudieron”. De hecho, los microbios pueden haber sido obstaculizados no sólo debido a la limitación de nutrientes, si no porque el auge de la población microbiana podría haber significado un crecimiento paralelo en sus depredadores o de los distintos virus que pueden infectar a estos digestores de derrames.

Por otra parte, uno de los mayores requisitos para que estos microbios puedan digerir hidrocarburos —el oxígeno— no está presente en los sedimentos de las profundidades o en la suciedad de los pantanos de Louisiana. Eso responde a por qué el petróleo del pozo Macondo persiste en esos lugares, cinco años después, y tal vez por varios más.

“Los microbios son como adolescentes”, dice Reddy. “Puedes pedirles que limpien el garaje durante el fin de semana. ¿Pueden hacerlo? Sí. ¿Lo harán? Tal vez. ¿Harán un trabajo tan bueno como tú deseas? Probablemente no”.