Los reyes mayas, sus señores y sacerdotes. De todos ellos se conoce bastante. Aún existen lagunas, pero la idea de cómo vivían tiene forma desde hace bastantes años. Sin embargo, ¿cómo vivía la mayoría, el resto de la sociedad maya, las clases “medias” y “bajas”? Esa pregunta no es tan sencilla de responder.

En busca de luz sobre el tema, la estudiante de doctorado de la Universidad de Florida, Ashley Sharpe analizó los huesos de animales encontrados en tres ciudades maya.

Los huesos forman parte de la colección del museo de la universidad, del cual Kitty Emery es una de las curadoras y coautora del estudio, publicado en un número reciente del Journal of Anthropological Archaelogy 

Las conclusiones a las cuales han llegado revelan un mundo en donde las élites no necesariamente elegían comer de todo lo que estaba disponible, y donde los integrantes de las clases bajas estaban dispuestos a transportar comida por gran cantidad de kilómetros con fines tanto económicos como sociales.

Complicado sistema social

Los mayas son una de las civilizaciones precolombinas más importantes. Sus pirámides aún se proyectan sobre las selvas del sur de México y el norte de Centroamérica. Desarrollaron el concepto del cero y un juego de pelota en el cual no se podían utilizar los pies. Su mitología quedó plasmada en sus edificios y su sangre en la gran cantidad de descendientes indígenas que actualmente viven en zonas como Yucatán y Guatemala.

No obstante, la mayoría de los mayas no pertenecieron a la élite, sino que eran parte de lo que hoy calificamos como clases “medias” o “bajas”, es decir, grupos que no estaban dedicados al liderazgo político, militar o religioso.

El estudio de Sharpe y Emery se centra en las capitales Aguateca, Piedras Negras y Yaxchilan durante el periodo Clásico Tardío (500 al 900 d. C.) y permite concluir que los mayas tenían un sistema social complicado que regulaba el comercio, la distribución de la comida y el acceso a las especies animales.

Aunque parezca extraño en un primer momento, la investigación muestra que las clases medias eran las que usaban el mayor rango de especies animales en su alimentación. En contraste, las altas jerarquías tenían una alimentación más centrada en especies que para los mayas tenían un gran valor simbólico, como los jaguares y los cocodrilos (animales poderosos en la selva centroamericana).

“Esperábamos que las élites tuvieran la mayor diversidad (en consumo de especies animales), pero no fue así. Las élites comieron animales que eran considerados delicatessen, de manera similar a como las personas de nuestras clases altas comen cosas como caviar, pero el resto de nosotros piensa que no es algo muy apetecible”, dijo Emery en un comunicado.

Mientras por un lado los pobladores de las zonas más pobres y cercanas a la costa tuvieron una alimentación donde recursos locales como el pescado y los moluscos destacaron, los habitantes de zonas de mayor importancia social no se quedaron solo con la comida de su entorno, sino que tuvieron acceso a moluscos incluso en lugares que están a 160 kilómetros de la costa.

En esas zonas alejadas de las costas, las conchas de los moluscos fueron encontradas además en artesanías –lo cual muestra su valor social– y en pisos de viviendas –lo cual muestra su valor comercial–.

En el estudio se explica que si las élites de una ciudad tenían control sobre un recurso, es de suponer que tuvieran algún tipo de control sobre las poblaciones que lo obtenían y transportaban en sus propias espaldas.

Más evidencias en los huesos

Otro descubrimiento confirmado en las tres ciudades es que, aunque diferentes clases comieran el mismo animal, no todos comían las mismas partes. Esto se concluyó gracias al análisis de los restos de venado cola blanca y confirma la división social de la comida: las mejores partes fueron para las élites.

“Esta es la primera vez que estamos viendo este tipo de evidencia sobre lo que las clases medias y bajas estaban haciendo”, enfatizó Sharpe.

“Este estudio demuestra la diversidad de roles que los animales jugaron en la sociedad y economía maya, los cuales fueron mucho más allá de una preferencia dietética. Élites y no élites viviendo en la capital y los centros subordinados tuvieron diferente acceso a diferentes especies y, en algunos casos, incluso a diferentes partes de ciertas especies”, dice el artículo.

Sharpe dijo a Scientific American que quiere seguir estudiando las culturas de Mesoamérica y aceptó que el estudio tiene limitaciones.

“Es necesario más trabajo para determinar si los patrones encontrados en este estudio eran comunes en toda el área maya y también saber por qué o cómo estos patrones existían. Probablemente había reglas o leyes que mantuvieron esas prácticas, pero no sabemos los detalles”, comentó.