Una serie de inscripciones en las cuevas subterráneas de la Isla de Mona, ubicada entre Puerto Rico y República Dominicana, evidencia que los españoles se sintieron impresionados con la cosmología indígena y más que una imposición absoluta, hubo espacios para el intercambio religioso en el Caribe durante el período de conquista. El hallazgo ha sorprendido a arqueólogos e historiadores por igual, y añade nuevos detalles a una relato que hasta el momento se creía bien documentado.

La Isla de Mona es una de las zonas con más cavernas por kilómetro cuadrado en el mundo. Aunque las cuevas eran utilizadas para la protección de la comunidad indígena y el almacenamiento de productos y objetos de valor, también cumplían una función importante en la práctica de rituales religiosos.

Este es precisamente el caso de la “cueva 18”,  una caverna ubicada en la costa sur de la isla y a la que solo se puede llegar trepando por una peligrosa pendiente. Allí, a 50 metros de la entrada, los investigadores hallaron dibujos y frases religiosas hechas no solo por indígenas sino por españoles que tuvieron acceso a la cueva, seguramente guiados por los aborígenes de la zona.

“No esperábamos encontrarnos con esto. Fue una total sorpresa”, dice Alice Samson, arqueóloga de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, y coautora del trabajo publicado en Antiquity.

La cueva 18 está compuesta de 11 recámaras en un espacio de 6.500 metros cuadrados. Las paredes están adornadas con más de 250 dibujos indígenas realizados entre los años 1272 y 1458, antes de la llegada de los españoles. “Pero lo verdaderamente fascinante son las más de 30 inscripciones en español y latín, fechas y nombres que fueron realizadas después, en el siglo XVI”, explica Samson.

Entre las inscripciones hay tres frases que tienen una importante carga religiosa. La primera es “Plura fecit deus”, que puede traducirse al español como “Dios hizo muchas cosas”. Los investigadores piensan que la palabra “cosas” es una referencia a la amplia cantidad de íconos indígenas que ya había en el lugar, y podría simbolizar un momento de confusión o sobrecogimiento espiritual del visitante.

Otra frase, también en latín, reza “verbum caro factum est”, una cita bíblica que aparece en el libro de Juan y que significa “la palabra se hizo carne”. La línea es una referencia directa a la aparición de Jesús en la Tierra.

La tercera oración, “Dios te perdone”, es una frase muy popular entre quienes profesan la fe cristiana y exhorta a un acto de contrición.

“Creemos que los españoles estaban reaccionando a la belleza del sitio y a lo que experimentaron durante su visita a la cueva 18, incluyendo toda la simbología indígena que ya tenía siglos allí. Hay que recordar que este era un momento de crisis teológica en España, que había sido ocasionada en buena parte con el descubrimiento de América”, dice Samson.

La cueva alberga también numerosas referencias a Jesucristo, con su nombre escrito varias veces y de diferentes formas, y la inclusión de símbolos indudablemente cristianos, como el calvario.

¿Pero quiénes son los autores de las inscripciones? “No sabemos con seguridad”, dice Samson. “En algunos casos, pensamos que pudo tratarse de indígenas conversos a la fe cristiana, aunque también hay españoles que dejaron su nombre inscrito en las paredes de la cueva, pero no hemos podido descifrar quiénes son o qué rol jugaron en la sociedad española instalada en Isla de Mona”.

No obstante hay un excepción: Francisco Alegre. De acuerdo con distintos documentos históricos y administrativos, Alegre llegó a San Juan de Puerto Rico con su padre en 1530 para ejercer una serie de funciones administrativas al servicio de la Corona. Además del nombre, el parecido entre su firma en documentos oficiales y la inscrito en las paredes de la cueva 18 hacen pensar que se trata de la misma persona.

Se ha documentado antes la visión de los indígenas frente a la imposición y asimilación del cristianismo, como es el caso de pero esta es la primera vez que se obtiene un registro arqueológico que también incluye la reacción de los conquistadores a la cosmología de los pueblos nativos de América.

A juicio de Peter E. Siegel, arqueólogo del Departamento de Antropología de la Universidad Estatal de Montclair, Nueva Jersey, y quien no participó del estudio, el descubrimiento de los registros en Isla de Mona provee una visión extremadamente íntima de las dinámicas culturales que tuvieron lugar en las primeras fases de la conquista.

“Estos hallazgos nos hacen reconsiderar la narrativa que tenemos sobre este proceso de conquista y de cómo se forjó, a partir de allí, los cambios culturales que dan pie a las sociedades modernas en el Caribe”, señaló Siegel, quien ha participado en importantes excavaciones arqueológicas de sitios prehispánicos en la región.

Samson y su equipo están de acuerdo, y de hecho, planean continuar sus excavaciones en la Isla de Mona: “Hay trabajo arqueológico para toda una vida allí. Y con un poco de suerte, seguiremos descubriendo tesoros”.