A diferencia de los puercoespines, los perros son una especie relativamente práctica, tanto entre ellos como con nosotros. En YouTube hay numerosos videos de perros que dicen, esencialmente: “Solo sigue acariciándome, por favor. Sí, eso es... más”. Pero esta relación no es unilateral. Muchos estudios han encontrado que las interacciones positivas entre las personas y los perros pueden ser beneficiosas para ambas especies. El aumento de la β-endorfina (beta-endorfina), la oxitocina y la dopamina —neuroquímicos asociados con sentimientos positivos y con el vínculo— se ha observado en los perros y en las personas después de interacciones placenteras como acariciar, jugar y hablar. Esencialmente, interactuar con un perro, en especial un perro conocido, puede tener algunos de los mismos marcadores psicofisiológicos de cuando dos personas emocionalmente unidas pasan tiempo juntos.

Pero, ¿hay cierto tipos de interacciones que tienen un impacto desmedido? Los perros están increíblemente atentos a los rostros humanos y, en algunos casos, incluso a expresiones faciales específicas. Esta conducta aparentemente rutinaria y benigna —como cuando su perro mira su rostro hermoso y usted, el de él o ella—en realidad podría ser una pieza muy importante del rompecabezas en nuestra relación con los perros, sugiere un estudio publicado esta semana en Science.

El nuevo estudio, realizado por Miho Nagasawa de la Universidad de Azabu en Japón, y colegas, se basa en un trabajo anterior de Nagasawa —publicado en Hormones and Behavior en 2009— que halló que los perros y sus dueños que comparten una larga mirada mutua tenían mayores niveles de oxitocina en la orina que los propietarios de perros que solo miran brevemente. (La oxitocina, un humilde péptido de nueve aminoácidos que a veces se le llama la “hormona del amor”, se ha relacionado con la vinculación social y es decisiva para la serie de cambios hormonales previos y posteriores al nacimiento). Nagasawa y sus colegas concluyeron que su descubrimiento fue “una manifestación de la conducta de apego”. Al describirla en este contexto, los investigadores postularon que la mirada entre un perro y un ser humano (particularmente un ser humano conocido), comparte propiedades similares a las relaciones madre-hijo .

El nuevo estudio de Nagasawa investiga si el comportamiento de observación de un perro no solo afecta las concentraciones de oxitocina de los propietarios, si no también la del perro. En el primer experimento, los investigadores recolectaron orina de 30 parejas perros-propietarios, antes y después de una interacción de 30 minutos. Al igual que en el estudio anterior, los dueños de los perros que mostraron más comportamiento de observación tuvieron un notable incremento en la concentración de oxitocina. Pero esta vez los investigadores también encontraron un aumento similar en la neuroquímica en los perros.

Un segundo experimento estuvo destinado a desentrañar si se puede observar una relación causal entre la mirada mutua y la liberación de oxitocina. A otro grupo de 30 perros se le dio un spray intranasal de oxitocina o de solución salina antes de interactuar con la gente. Encontraron que las perras que recibieron oxitocina miraron por más tiempo a sus dueños que cuando recibieron solución salina. Como era de esperar, esta mirada también estimuló la secreción de oxitocina en los dueños de los animales. Los efectos mutuos no se observaron entre los perros y los humanos no familiarizados; y por razones que requieren más investigación, estos efectos no se observaron en los machos y sus dueños. Estas diferencias entre los sexos no se observaron en la primera parte del experimento.
Así surgió una historia —y probablemente una que hará feliz a los amantes de los perros: la mirada mutua entre los perros y las personas que los cuidan produce un perfil fisiológico muy similar a lo que se observa entre madres e hijos recién nacidos. Esta coincidencia podría tanto contribuir como facilitar nuestra relación intensa y profunda con los perros.

Reflexionando sobre sus hallazgos en una entrevista realizada vía Skype, Nagasawa recomienda que “los dueños de perros no solo den órdenes a sus perros, sino que también construyan la relación [y] consideren el papel potencialmente benéfico que puede tener una mirada mutua”.

El artículo se adentra en un debate en curso entre los investigadores acerca de si la sincronización biológica observada entre perros y humanos indica una “coevolución de los vínculos perro-ser humano”, como sugiere el título del estudio de Science. Nagasawa y sus colegas también investigaron si el aumento de oxitocina observado en perros aparece en lobos domesticados que han interactuado con un ser humano conocido. Los lobos, sin embargo, rara vez miran a los humanos durante más de unos minutos. Esta divergencia llevó a los investigadores a postular que “la mirada entre perro y propietario como una forma de comunicación social probablemente evolucionó durante su domesticación” con los humanos.

Probar las teorías evolutivas (particularmente coevolución) es notoriamente difícil. Si bien es emocionante incluir a lobos socializados en estos estudios, las diferencias entre perros y lobos no deben necesariamente ser precedidos por el sonido del cuerno de coevolución. Zsófia Virányi, investigadora científica principal en la Universidad de Medicina Veterinaria del Instituto de Investigación Messerli de Viena, y co-fundadora del Centro de Ciencias del Lobo, pregunta: “¿Cuánto de las diferencias que vemos se explica por factores evolutivos o diferencias en las condiciones de cría?”

Los investigadores están encontrando más ejemplos de áreas donde los lobos realizan con éxito tareas socio-cognitivas con seres humanos, incluyendo la atención a nuestras señales sociales. Por ejemplo, en un estudio reciente Virányi encontró que tanto los perros como los lobos aprendieron de demostraciones hechas por seres humanos. En un capítulo del libro “The Social Dog: Behavior and Cognition” (“El Perro Social: Comportamiento y Cognición”), escrito por Juliane Kaminski y Sarah Marshall-Pescini, Virányi y su colega Friederike Range reflexionan sobre las numerosas hipótesis que buscan comprender la domesticación del perro. Los autores sugieren que las “diferencias entre perros y lobos no significan, sin embargo, que la domesticación no es necesaria ni suficiente para explicar el comportamiento humano como en los perros”.

Y luego está también el juego de números. Aunque 60 perros contribuyeron a la investigación actual, la pregunta de la coevolución se abordó, en última instancia, con solo cinco lobos adiestrados por humanos. El estudio comenzó con 11 lobos, pero ¿adivinen qué?: Es difícil recoger la orina de un lobo. En un caso, la orina de un lobo se recogió dos horas después de la hora deseada porque el animal se quedó dormido —que es otra manera de decir que los investigadores tal vez no querían despertar a un lobo. Sería útil saber más sobre los comportamientos en el estudio de estos cinco lobos. Por ejemplo, ¿estaban explorando el nuevo ambiente donde se realizó la prueba o intentaban salir, y esos factores podrían contribuir a por qué no miraban hacia sus adiestradores?

Virányi incluso se pregunta si la mirada sería el factor crucial en los efectos de la oxitocina entre los lobos y los criadores. Si se probaran otros intercambios sociales, además de la mirada, ¿aparecería un ciclo hormonal positivo entre lobos y seres humanos? “A partir de estos resultados, no sería justo sugerir la ausencia total de un ciclo positivo mediado por la oxitocina en los lobos como especie”, dice Monique Udell, profesora asistente en la Universidad Estatal de Oregon que ha investigado las interacciones humano-lobo en la organización de investigación y conservación Wolf Park. “Sabemos que el apego madre-cría es importante para esta especie y muchos otros animales no domesticados, y que los humanos y los lobos puede mostrar vínculos de apego”. Además, los niveles de oxitocina del lobo, incluso antes de interactuar con sus adiestradores, son notablemente superiores a los niveles de todos los perros probados. Tal vez simplemente todavía no hemos descubierto todos los detalles de los mecanismos de oxitocina del lobo.

En otras palabras, todavía no descarte a los lobos ni a otras especies. “No estoy convencida de que esto sea algo específico del perro”, añade Virányi. “El sistema de la oxitocina es tan antiguo que si la socialización está ahí, entonces fácilmente puede poner a un miembro de otra especie en estos contextos”.