PASADENA, California. La nave espacial Juno de la NASA ha entrado con éxito en órbita alrededor de Júpiter. A las 8:53 p. m. hora del Pacífico del 4 de julio, los controladores en tierra recibieron un tono de telemetría de 2327 Hz –equivalente a la nota  D, la más alta en un teclado de piano– señal que indicaba que el encendido de 35 minutos de duración del motor de Juno había ralentizado la nave lo suficiente como para deslizarse en el abrazo de la gravedad del planeta gigante. Lanzada en 2011 en un viaje interplanetario de casi cinco años, Juno es la segunda nave espacial en órbita alrededor de Júpiter, después de la misión Galileo que exploró el planeta gigante de 1995 a 2003. Durante su captura en órbita Juno pasó a solo 4.490 kilometros por encima de la capa de nubes de Júpiter, tan cerca que el planeta ocupaba la mitad de su cielo. Aun así, Júpiter es tan grande que si un astronauta hubiese estado a bordo de la nave solo habría visto un cinco por ciento de la cara del planeta, completamente cubierta de nubes.

A menos de una hora después de  que Juno alcanzó la órbita de Júpiter, la maniobra de alto riesgo fue oficialmente completada cuando la nave volvió sus paneles solares de vuelta hacia el sol. "No voy a exhalar hasta que estemos señalado de nuevo hacia el sol",  dijo Scott Bolton, investigador principal de Juno, en una conferencia de prensa temprano en el día.

La nave cayó en picada desde el espacio interplanetario sobre el polo norte de Júpiter a eso de las 7:30 p. m. hora del Pacífico, cayendo cada vez más rápido, mientras se hundía más profundamente en el campo gravitacional del planeta. Hace tan solo dos días su velocidad relativa a Júpiter era de nueve kilómetros por segundo; al mediodía de ayer era de 12 kilómetros por segundo; y para el momento del encendido del cohete, iba a 54 kilómetros por segundo. El encendido del cohete redujo su velocidad en solo un uno por ciento, pero eso fue suficiente. (En teoría, la nave fue capturada por el planeta a  las 8:38 p. m., aproximadamente a medio camino a través del encendido del motor, pero la confirmación no llegó hasta más tarde.) Después de rozar tan cerca de la atmósfera superior de Júpiter, la nave espacial se disparó fuera de las nubes más altas del planeta alrededor de las 9:30 p. m. en una órbita alargada inicial de 8,1 millones de kilómetros.

Si no fuera por el encendido del motor de Juno, el campo gravitacional de Júpiter habría escupido la nave de nuevo en las profundidades del espacio interplanetario a casi la misma velocidad en que se aproximaba. Lejos de tratar de convencer a la población de que tal eventualidad nunca llegaría a pasar, los científicos e ingenieros pasaron el día entero advirtiendo a los periodistas de que podría ocurrir. "Juno está entrando en la parte más aterradora del lugar más espantoso", dijo Heidi Becker, del Laboratorio de Propulsión a Chorro,  y quien dirige el equipo de vigilancia de la radiación de la nave, durante una rueda de prensa la mañana del lunes. En su llegada a Júpiter, Juno corrió muchas posibilidades de catástrofe: la nave espacial podría haber sido noqueada por campos magnéticos intensos (a esa distancia, 20 veces más fuertes que los de la Tierra), la radiación ionizante (una dosis total de 265 rads –más que suficiente para matar un ser humano–), las partículas de polvo de los anillos de Júpiter (de las que el motor principal de la nave estaba completamente desprotegido), o la pérdida de energía si los paneles solares no fuesen capaces de reorientarse hacia al sol.

Ahora, antes de que Juno pueda reanudar sus comunicaciones de alta velocidad a través de su antena principal, los controladores deben perfeccionar su alineación con la Tierra y amortiguar cualquier movimiento de bamboleo, primero disparando sus propulsores, y luego alabeando los paneles solares ligeramente para ajustar la orientación de la nave espacial. Después de poner todos los instrumentos científicos en hibernación la semana pasada, como medida de precaución, los controladores de la misión están preparando encenderlos el miércoles. Incluso entonces, sin embargo, los científicos no esperan que se produzcan buenas imágenes o resultados dramáticos hasta el 27 de agosto, cuando la nave espacial complete su primera órbita y se abate cerca del planeta de nuevo. (Oficialmente, una órbita comienza cuando la nave espacial alcanza su máxima distancia, a la que llegará por primera vez el 27 de julio, de modo que el siguiente máximo acercamiento será considerado a mitad de la primera órbita de julio.)

El siguiente momento crucial llegará el 19 de octubre, cuando está programado que el motor principal dispare por una última vez, colocando a la nave espacial en una órbita de mapeo de 14 días. Si eso va bien, los científicos pueden por fin dejar de preocuparse por hitos específicos y en lugar perder el sueño por la escalada de dosis de radiación de Juno. Al inicio, la dosis se minimiza debido a la órbita polar de la nave espacial, que pasa bajo el cinturón de radiación, pero la órbita cambiará con el tiempo debido a la torsión del campo gravitatorio de Júpiter. A medida que su órbita cambie, Juno se acercará al planeta en un ángulo empinado, pasando por las regiones de mayor intensidad de la radiación y aumentando su exposición unas diez veces. A pesar de estar protegido en una bóveda de titanio, los instrumentos de la nave se van a cocinar de forma gradual. Por ahora, Juno ha logrado escapar de un final explosivo, pero no podrá evitar salir con un quejido.