Científicos de la NASA han anunciado hoy la mejor evidencia hasta ahora de que Marte, alguna vez pensado como un lugar seco, estéril y muerto, aún puede tener vida en él: el agua líquida todavía fluye al menos en algunas partes del Planeta Rojo, filtrándose de laderas y acumulándose en lo que podrían ser piscinas capaces de nutrir vida, ubicadas en las bases de colinas y cráteres ecuatoriales. Estos notables sitios en Marte pueden ser los mejores lugares en el sistema solar para buscar la existencia de vida extraterrestre, pero hacerlo no será nada fácil.

Examinar las regiones potencialmente habitables de Marte en busca de signos de vida es sin duda la principal justificación científica para enviar seres humanos allí, pero de acuerdo con una nueva revisión conjunta de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU. y la Fundación Europea de la Ciencia, actualmente no estamos preparados para hacerlo.

El problema no es la explosión de cohetes, presupuestos reducidos, astucia política o poco apoyo público ( las típicas explicaciones que los defensores de vuelos espaciales ofrecen para la ausencia de viajes humanos a cualquier lugar más allá de la órbita baja de la Tierra). Más bien, el problema es la vida misma, en concreto, la tenacidad de los microbios terrestres, y la fragilidad potencial de los marcianos. Resulta que la forma más fácil de encontrar vida en Marte podría ser importando bacterias de Cabo Cañaveral; la contaminación podrían sabotear la búsqueda de marcianos nativos. La necesidad de proteger cualquier posible biosfera marciana de la contaminación terrestre, escriben los autores de la revisión, podría hacer necesario "evitar que los seres humanos aterricen o entren en las zonas" donde la vida marciana podría prosperar. Aunque este sentimiento no es nuevo, su sincero reconocimiento formal en un informe con este tipo de autoridad es realmente raro. La NASA planea enviar humanos a Marte tan pronto como en la década de 2030; comprensiblemente, el hecho de que dichas misiones pueden plantear inevitablemente riesgos de contaminación extrema, no es algo que la agencia está dispuesta a poner de relieve, aunque investiga activamente posibles soluciones para el problema.

Históricamente, en el contexto de Marte dicha "protección planetaria" ha sido una preocupación principalmente para la exploración robótica. El riesgo de contaminación es un problema incluso para máquinas, que, a diferencia de los humanos, pueden soportar ser ‘fritas’ con radiación y ‘bañadas’ en químicos fuertes antes del lanzamiento para erradicar rastros bacterianos. No obstante, los microbios que obstinadamente se niegan a morir con regularidad aparecen en salas limpias de la NASA, supuestamente estériles, para preparar la nave espacial interplanetaria. Los astronautas del Apolo incluso encontraron bacterias en la Luna que habían sobrevivido a un vacío casi total dentro de la nave robótica Surveyor 3 que había aterrizado más de dos años y medio antes. Si los microbios terrestres podrían vivir en lugares así, ¿por qué no en algunas de las partes más habitables de Marte?

El Tratado del Espacio Exterior de las Naciones Unidas, de 1967, prohíbe la "contaminación nociva" de otros mundos con la biología de la Tierra, y una organización internacional llamada COSPAR (Comité de Investigaciones Espaciales) establece los protocolos de protección planetaria de  EE. UU., Europa, Rusia y otras posibles potencias espaciales signatarias. Para proteger a Marte, desde 2002 COSPAR ha designado como restringidas "Regiones Especiales" en el planeta donde las condiciones son cálidas y lo suficientemente húmedas para soportar, posiblemente, la vida en Marte o para permitir que invasores terrestres puedan prosperar allí. Debido al rápido progreso de nuestro conocimiento del ambiente marciano y los límites fundamentales de la biología terrestre, las definiciones precisas para las Regiones Especiales siguen siendo obras en curso que se revisan oficialmente cada dos años. La nueva revisión conjunta, publicada la semana pasada, recomienda hacer una revisión de las conclusiones de un informe de 2014 sobre las regiones especiales de COSPAR del Grupo de Análisis del Programa de Exploración de Marte de la NASA.

Mientras más de cerca miran a Marte los científicos planetarios, más son las Regiones Especiales que creen que ven. Las Regiones Especiales se concentran en el ecuador del planeta y las latitudes medias, en barrancos erosionados y en laderas empinadas y rocosas de los cerros y cráteres, donde la nueva evidencia publicada el 28 de septiembre en la revista Nature Geoscience indica que durante los veranos marcianos se dan flujos de agua salada y estos se acumulan en pequeñas piscinas. Regiones Especiales también pueden ser encontradas en cuevas, debajo de las capas de hielo polar y en puntos calientes geotérmicos por la actividad sísmica o volcánica. Tan solo a cinco metros de profundidad, donde el agua subterránea puede persistir en forma de hielo, vastas áreas del planeta podrían considerarse una Región Especial, a la espera de ser transformadas en un acogedor y acuoso Edén microbiano, por el calor de un recién formado cráter de impacto o las operaciones de una recién llegada nave espacial. El reporte también señala que deben existir Regiones Especiales en las fuentes aún desconocidas de las emisiones de metano misteriosas recientemente detectadas en Marte. En la Tierra estas emisiones se generan principalmente por los microbios, aunque cantidades detectables del gas también podrían surgir en Marte a partir de fuentes abióticas, aunque esas rutas de producción sin vida también requerirían de agua líquida.

Sin embargo, para saber a ciencia cierta si alguno de estos lugares es realmente especial probablemente sea necesario visitarlos –algo muy difícil de hacer con los protocolos actuales–. Antes de que una nave espacial pueda visitar una Región Especial deberá, en parte o en su totalidad, ser esterilizada de acuerdo a reglas estrictas, lo que podría añadir años de tiempo de desarrollo y muchos millones de dólares en el balance final de una misión. Incluso entonces, los protocolos pueden no ser suficientemente estrictos– las técnicas actuales son incapaces de eliminar completamente los microbios de una nave espacial, y nadie sabe realmente las condiciones de umbral para que las bacterias puedan crear colonias autosuficientes en Marte, o en la Tierra–.

Hasta la fecha, la primera y única misión de la NASA a Marte que de forma explícita iba en la búsqueda de vida fueron las sondas gemelas Viking, que aterrizaron en el Planeta Rojo en 1976. Todas los demás misiones desde entonces se han centrado en la búsqueda de señales de vida en el pasado de Marte, en lugar de su presente. Si ni los robots esterilizados pueden ser confiados para aventurarse en las Regiones Especiales, ¿qué pasa con los humanos plagados de microbios? Si solo se permitirá a los astronautas visitar lugares mediocres para buscar vida en Marte, ¿puede la NASA o cualquier otra entidad justificar las decenas a cientos de miles de millones de dólares necesarios para enviarlos allí? Si una tripulación humana llega a un área que pensaron poco prometedora para la biología, pero descubren condiciones de habitabilidad o incluso algo que vive allí, ¿tendrían que trasladarse de inmediato, o incluso empacar su cohete y lanzarse de nuevo a órbita? Estas y otras preguntas sin respuesta muestran cómo, en muchos sentidos, el descubrimiento de una biosfera marciana actual podría ser a la vez la realización del sueño más salvaje de la NASA y su peor pesadilla. Explican, como nada más puede hacerlo, el hecho de otro modo inexplicable que en la búsqueda de vida en Marte, la NASA ha estado evitando juiciosamente los lugares donde es más probable encontrarla.

Carl Sagan reflexionó que si alguna vez la vida es encontrada en la cuarta roca en distancia al Sol, "Marte entonces pertenece a los marcianos, incluso si los marcianos son solo los microbios". En este punto de vista el planeta se convertiría en un santuario sacrosanto, por siempre fuera del alcance de los seres humanos. Una perspectiva alternativa sostiene que los esfuerzos de protección planetarios son inútiles, tal vez incluso ingenuos: gracias a la contaminación probable de naves espacial anteriores, así como los intercambios de material antiguo proveniente de impactos masivos de asteroides, Marte probablemente ya experimentó muchas olas de invasores terrenales – cada uno de los cuales podrían haber sido fácilmente rechazados por una biosfera nativa más adaptada–.

En medio de toda la incertidumbre, el reporte señala una cosa muy clara: "Las implicaciones de protección planetaria de enviar astronautas a Marte plantea profundas interrogantes en la intersección de la ciencia, la ingeniería, la tecnología, la gestión de proyectos y las políticas públicas". El significado verdadero de esta afirmación para la NASA y otras agencias espaciales debería ser igual de claro: aunque inconveniente, las cuestiones de protección planetarias asociadas con misiones tripuladas a Marte son demasiado graves como para ser ignoradas, esquivadas o minimizadas. Ahora es el momento para comenzar a hacerles frente. De lo contrario, los viajes humanos a Marte pueden llegar a ser inexistentes, en el mejor de los casos, o, en el peor, convertirse en un fiasco que extingan por siempre la esperanza de estudiar ejemplos prístinos de vida marciana.