Crecen las especulaciones sobre la posibilidad de que este verano (boreal) la Agencia Antidrogas de EE.UU. (DEA, en sus siglas en inglés) revise la decisión de designar en su “Lista I” (Schedule I) a la marihuana, lo que la coloca, igual que la heroína, entre los fármacos más peligrosos del mundo. Muy pocos estadounidenses saben o entienden el proceso de clasificación de las drogas de la DEA, y una revisión de la historia del cannabis como una droga de la Lista I muestra que el rótulo es muy polémico y dudoso.

El desacreditado fiscal general John Mitchell, de la administración de Nixon, puso a la marihuana en esta categoría en 1972 como parte de la “clasificación” de los medicamentos según la Ley de Sustancias Controladas de 1970. Se considera que las drogas de la Lista I no tienen uso médico y sí poseen un alto potencial para el abuso. El cannabis ha estado allí desde entonces. “Hasta hoy, nunca se ha definido a la marihuana como una medicina”, dice Russ Baer, coordinador de personal de la Oficina de Asuntos Públicos y Parlamentarios de la DEA. “No hay un uso médico seguro y efectivo, y hay un alto potencial de abuso, y no se puede utilizar en entornos médicos”. Esta determinación ha llegado a ser protegida por un proceso bizantino, kafkiano y burocrático ahora inmune a la opinión de la mayoría de los médicos de Estados Unidos, y de un vasto cuerpo de conocimientos científicos, dicen muchos expertos.

“Por supuesto que el cannabis tiene usos médicos”, dice Donald Abrams, oncólogo integrativo de la Universidad de California, San Francisco, y uno de los pocos investigadores que han sido capaces de obtener suministros de cannabis aprobados por el gobierno y extremadamente limitados para aplicar en ensayos en humanos. “A partir de la evidencia antropológica y arqueológica está bastante claro que el cannabis ha sido utilizado como medicina desde hace miles de años, y que era una medicina en EE. UU. hasta 1942”, añade Abrams. “Soy oncólogo y lo digo todo el tiempo: no pasa un día en que no recomiendo el cannabis a los pacientes para tratar las náuseas, la pérdida de apetito, los dolores, el insomnio y la depresión. Funciona”.

 
Filtrado de la solución de extracto de cannabis./ David Downs

La inclusión de la marihuana en la Lista I no sucedió en un vacío, señalan los historiadores. Con frecuencia se atribuye al racismo explícito, combinado con las reformas del New Deal y con el interés personal burocrático, la culpa de la primera ronda de la prohibición federal del cannabis bajo la Ley de Tasación de la Marihuana de 1937, que limitaba la posesión a aquellos que pagaban un impuesto elevado para un conjunto limitado de aplicaciones médicas e industriales. (El cannabis se eliminó de la Farmacopea oficial de EE. UU. en 1942). “En los EE. UU. segregados, los diarios decían 'esto hace que las mujeres blancas y los hombres negros tengan sexo'”, señala el historiador Martin Lee, autor de Smoke Signals: A Social History of Marijuana.

Inicialmente, la Asociación Médica de Estados Unidos se opuso a la prohibición. El cannabis era médicamente útil, dice William Woodward, abogado de la asociación. “Por lo que era el Congreso en ese momento, se podía forzar algo simplemente mintiendo”, añade Lee. “¿Quién iba a dar un paso adelante [en 1937] para a defender una droga que usaban los negros, los latinos y los músicos de jazz?”

La Ley de Tasación pasó en medio de las reformas del New Deal, y ese año los primeros vendedores de marihuana fueron arrestados y encarcelados. Sin embargo, la ciencia reapareció una década después. En 1944, el informe del Comité La Guardia de la Academia de Medicina de Nueva York fue el primero de una larga línea de organismos oficiales que cuestionaron la prohibición. El comité encontró que la marihuana no era físicamente adictiva, no era una droga de entrada y no llevaba a la delincuencia. Pero Harry Anslinger, jefe de la entonces Oficina Federal de Narcóticos, calificó el informe de no científico, y la prohibición pasó. “Cada 10 años desde entonces —aunque estamos un poco retrasados— algunos órganos de gobierno prestigiosos han revisado los datos y han llegado a la misma conclusión [contra la prohibición]”, dice Abrams.

La ley de Tasación relativa a la prohibición federal del cannabis se convirtió en ilegal en 1969 con el caso Leary vs. Estados Unidos, que encontró que la compra de un timbre fiscal de marihuana equivalía a autoincriminarse. El veredicto estimuló al Congreso a derogar la normativa y a sustituirla por la Ley de Sustancias Controladas de 1970, más exhaustiva.

La marihuana fue incluida en la Lista I en 1971 con carácter provisional, hasta que la ciencia pudiera ser evaluada. Pero el presidente Richard Nixon vio la prohibición de la marihuana como una manera de destruir a la izquierda pacifista, de acuerdo con las grabaciones clandestinas realizadas por Nixon en la Casa Blanca, así como las declaraciones de su personal a la prensa. Nixon convocó a la Comisión Nacional sobre Marihuana y Abuso de Drogas (lo que se conoció como la Comisión Shafer) para diseñar un apoyo científico para la inclusión del cannabis en la Lista I. “Quiero una maldita declaración fuerte sobre la marihuana”, dijo Nixon en las cintas de 1971. “¿Puedo conseguir eso de este, em, consejo nacional de mierda? ... Me refiero a una sobre la marihuana que les rompa el culo”.

 

Aceite de cannabis para pacientes con cáncer y epilepsia./ David Downs

La Comisión Shafer halló en 1972 que el cannabis era tan seguro como el alcohol, y recomendó acabar con la prohibición a favor de un enfoque de salud pública. Pero para entonces, la Oficina Federal de Narcóticos había sido separada del Departamento del Tesoro y fusionada con el Departamento de Justicia de EE. UU., desde donde el aliado de Nixon, el fiscal general John Mitchell, incluyó al cannabis en la Lista I en 1972; ese mismo año renunció para coordinar el comité de reelección de Nixon. [Más tarde, en 1974, fue sometido a juicio por el escándalo de Watergate y estuvo 19 meses en prisión por conspiración, perjurio y obstrucción de la justicia]. “¿Quieres saber realmente sobre lo que era esto?”, le dijo John Ehrlichman, ayudante de Nixon, al periodista Dan Baum en 1994, según un artículo publicado en la Revista Harper's en 2016. “La campaña de Nixon en 1968, y la Casa Blanca de Nixon después de eso, tenían dos enemigos: la izquierda pacifista y los negros. ¿Entiendes lo que estoy diciendo? Sabíamos que no podíamos hacerla ilegal para estar en contra de la guerra o de los negros, sino logrando que el público asocie a los hippies con la marihuana y a los negros con la heroína; luego, penalizando a ambos fuertemente, podríamos alterar estas comunidades. Podríamos arrestar a sus líderes, atacar sus hogares, disolver sus reuniones y vilipendiarlos noche tras noche en los noticieros. ¿Sabíamos que estábamos mintiendo sobre las drogas? Por supuesto que sí”.

Cualquier persona puede solicitar que la DEA reclasifique una droga, dice Baer. La DEA toma el consejo de la Administración de Alimentos y Drogas de EE. UU., del Departamento de Salud y Servicios Humanos, y de los jueces de derecho administrativo de la DEA, entre otros, pero “la decisión se toma ahí. Tenemos una autoridad final para la clasificación”, agrega. “Realmente se reduce a la ciencia. Esa es la base del argumento. Estamos obligados por la evaluación científica y médica”.

Muchos no estarían de acuerdo. Hace décadas, el juez de derecho administrativo de la DEA, Francis Young, recomendó desclasificar el cannabis en respuesta a una petición de grupos de activistas. Young dictaminó en 1988 que “la marihuana, en su forma natural, es una de las sustancias terapéuticamente activas más seguras que conoce el ser humano. Desde cualquier punto de análisis racional, la marihuana puede ser utilizada con seguridad dentro de una rutina de atención médica supervisada”. No obstante, la DEA negó la petición.

En 1999, en respuesta a la legalización médica en California, el Instituto de Medicina halló que la marihuana tenía usos medicinales y un potencial de abuso relativamente bajo, dando lugar a una nueva ronda de solicitudes. La DEA rechazó un nuevo pedido en 2011, citando la falta de investigación disponible en EE. UU. específicamente sobre la marihuana para fumar.

Los investigadores dicen que esto representa un clásico círculo vicioso, porque la escasez de investigación es el resultado directo de un bloqueo federal sobre este tipo de investigación por la DEA y el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés). “La razón por la que no tenemos más información se debe a que es muy difícil de estudiar. La única fuente legal de cannabis es el NIDA, que tiene una orden del Congreso de estudiar solamente sus daños”, dice Abrams. Los investigadores también señalaron que cerca de dos docenas de países, incluidos Israel, Canadá y los Países Bajos, así como varios estados legalizados como California y Colorado, tienen montones de datos científicos sobre la seguridad y eficacia del cannabis para fumar, así como otras formulaciones.

Muchos médicos también están frustrados por la aparente intransigencia de la DEA frente a la creciente evidencia e interés. En 2009, la Asociación Médica de Estados Unidos recomendó a la DEA que revisara el estado de la marihuana en la Lista I. Y una encuesta de Medscape de 2014 que incluyó a aproximadamente 1.500 médicos halló que 56 por ciento apoyaba la legalización del cannabis para uso medicinal a nivel nacional, con 82 por ciento de respaldo entre los oncólogos que fueron consultados. “Si los médicos apoyan el cannabis como medicamento, ¿por qué no es una medicina?”, se pregunta Abrams.

En 2014, los legisladores criticaron severamente a la administradora de la DEA Michele Leonhart en el Congreso por no responder a las preguntas acerca de si la heroína era más o menos peligrosa que la marihuana, que también es usada a menudo para tratar el dolor. Ambos están en la Lista I; sin embargo, si bien el cannabis no tiene un umbral de sobredosis letal disponible, 19.000 estadounidenses murieron por sobredosis de opioides recetados en 2014. A principios de este año, un investigador de la Institución Brookings pidió una reclasificación de emergencia del cannabis para salvar las vidas de estadounidenses. Todos los candidatos presidenciales de 2016 se han comprometido ya sea a cumplir con la legalización médica a nivel estatal, a reclasificar el cannabis o a quitarlo de la lista totalmente. “Creo que el gobierno federal ha dejado de lado cualquier reclamo de credibilidad en torno al cannabis”, dice Lee, autor de “Smoke Signals”. Por ejemplo, aunque el cannabis está en la Lista I, la forma sintética y pura del ingrediente más alucinógeno de la planta, el tetrahidrocannabinol (o THC), se encuentra en la Lista III junto a la codeína bajo la formulación farmacéutica llamada Marinol, que puede ser prescrita legalmente para tratar náuseas y debilidad. “He tomado [Marinol]. Es horrible”, dice Lee. “No puedo imaginar cómo alguien en su sano juicio puede pensar que tomar Marinol es más seguro que fumar hierba. Marinol es como un comestible; no puedes hacer nada”. Baer sostiene que el THC puro es una sola molécula, y por lo tanto se considera más seguro que la planta del cannabis, que contiene más de 300 tipos de moléculas.

La FDA y el Departamento de Salud y Servicios Humanos le han dado a la DEA nuevas recomendaciones de reclasificación, pero Baer no diría lo que son. Un cambio potencial en la reclasificación puede ocurrir el próximo verano boreal, según un memorando interinstitucional enviado a otros ocho legisladores a principios de este mes. El estado de la marihuana en la Lista I “realmente es una vergüenza nacional”, dice Lee. “Le da un nuevo significado a la frase ‘la gran mentira’. Es como decir ‘La luna está hecha de queso verde’. Que esto se mantenga hasta hoy es para reírse por no llorar”.