A menudo atribuimos características clave a uno de nuestros padres: "ha heredado el atletismo de su padre", "se enfada rápidamente, es como su madre". Si realmente es la genética la que está moviendo los hilos en estos casos, eso es otra historia. Sin embargo, un creciente número de investigaciones sugieren que la herencia genética también afecta a trastornos del estado de ánimo, incluyendo la depresión, que afecta solamente en EE.UU. a más de 2,8 millones de adolescentes, y sobre el cual hay evidencias sólidas de que los lazos hereditarios son fuertes entre madres e hijas.

Los investigadores de un nuevo estudio realizado en 35 familias sanas, publicado la semana pasada en The Journal of Neuroscience, han encontrado que el sistema corticolímbico del cerebro, responsable de la regulación de las emociones – y asociado con la manifestación de síntomas depresivos– es más probable que sea transmitido de madre a hija que de madre a hijo o de padre a hijo. Este hallazgo, que apoya la evidencias anteriores de investigación con animales y estudios clínicos sobre depresión, podría proporcionar una mejor comprensión sobre la función que juega  la genética en los trastornos del estado de ánimo y otras afecciones, lo que permitiría una mejor identificación de los grupos de riesgo y tomar medidas preventivas. "La singularidad de nuestro estudio", dice el autor principal Fumiko Hoeft, profesor asociado de psiquiatría en la Universidad de California, en San Francisco, "es que somos los primeros en estudiar a familias completas y escanear tanto a padres como a hijos para ver cuan similares son sus redes cerebrales. Podemos decir, a pesar de que la genética es más complicada de lo que pensábamos originalmente, a quién debemos nuestro color de ojos. Bromeamos acerca de heredar terquedad o el orden, pero de hecho nunca antes lo habíamos observado en las redes cerebrales humanas. [Esta investigación] era una prueba de impacto de la utilización de un nuevo diseño que tiene un gran potencial".

Hoeft cita el libro infantil de Dr. Seuss Horton Hatches the Egg (Horton empolla el huevo), en el que un elefante empolla un huevo de ave en lugar de su madre real y acaba eclosionando un híbrido de elefante-pájaro, como un ejemplo caricaturesco de la inspiración para esta investigación. Tanto las fuerzas de la naturaleza como la crianza juegan un papel. "Lo que es relevante es que muestra la profunda influencia del impacto del efecto prenatal en la descendencia, algo que a menudo olvidamos", añade Hoeft. "La contribución prenatal se toma en cuenta en los casos más graves, como el alcohol y el tabaco. Pero le sucede a todo el mundo. Una madre que está estresada genera un impacto en cómo resultará su hijo".

El hallazgo es particularmente relevante a la luz de las recomendaciones emitidas la semana pasada por el Comité de Expertos de Servicios Preventivos de Estados Unidos, que incluyen monitorear la presencia de síntomas depresivos en  mujeres embarazadas y madres que han dado a luz recientemente. Aunque esta recomendación responde principalmente al interés sobre el papel que tiene la "crianza" en la ecuación, Hoeft pretende desentrañar también cómo la biología juega su papel.

En el estudio Hoeft y su equipo tomaron imágenes por resonancia magnética (IRM) del cerebro de cada miembro de la familia (todos los participantes estaban sanos y ninguno había sido diagnosticado con depresión) y examinó unidades discretas de volumen en el sistema cortico-límbico. Encontraron que la asociación entre el volumen de materia gris en la amígdala, la corteza cingulada anterior, la corteza prefrontal ventromedial y el hipocampo (todas ellas partes del sistema cortico-límbico) fue mucho mayor en dúos madre-hija que en cualquier otro emparejamiento de progenitores e hijos, lo que, a su vez, puede sugerir un patrón significativo de transmisión específicamente femenino por parte materna en los trastornos del estado de ánimo como la depresión. "Estos resultados son realmente interesantes y emocionantes", dice Geneviève Piché, psicóloga de la Universidad de Quebec, en Outaouais, que ha estudiado un aspecto diferente de la transmisión intergeneracional de la depresión, en particular el impacto de los factores ambientales, como el cuidado de los padres y la conducta punitiva. "Pero tenemos que ser cautelosos al interpretar estos resultados," dice. "Por un lado, solo se estudiaron 35 familias, y estas fueron 35 familias saludables. No podemos estar seguros de que estos resultados se puedan generalizar a familias deprimidas, per se. Tendremos que esperar los futuros estudios en madres deprimidas y ver si obtenemos resultados similares".

Y, como señala Hoeft, mientras que el estudio sí muestra patrones de transmisión intergeneracional, no diferencia entre el tipo de influencia que se da: genética, impactos prenatales o postnatales, o también podría ser responsable alguna combinación de los tres. "No es solo un factor, es una acumulación de muchos factores de riesgo que intervienen o causan que un niño desarrolle síntomas depresivos", añade Piché. El equipo de Hoeft pretende abordar esta limitación en un nuevo estudio mediante el examen de imágenes por resonancia magnética de padres e hijos en familias que utilizaron distintos métodos de fertilización in vitro.

El presente estudio también abre puertas para futuras investigaciones. Hoeft está particularmente entusiasmada con las posibles aplicaciones del diseño de este estudio no solo a otras condiciones de salud mental, como el autismo, sino también para la formación de una mejor comprensión de nuestros sistemas de adicción y de recompensa e incluso nuestras habilidades lingüísticas (diferenciando, por ejemplo, entre el lenguaje, un habilidad innata que ha existido en toda la historia humana y, presumiblemente, está incrustado en nuestra genética, y la lectura, una habilidad relativamente mucho más reciente).

"Y estos resultados también son interesantes desde un punto de vista preventivo," dice Piché, "porque en el futuro nos puede ayudar a identificar niñas con mayor riesgo de padecer trastornos como la depresión, y luego ser capaces de, posiblemente, prevenir el desarrollo de síntomas depresivos ".