Muchos padres que dan a sus hijos una educación religiosa están convencidos de que, gracias a ello, sus niños son más empáticos y justos. No obstante, un estudio que ha publicado Current Biology esta semana revela precisamente lo contrario. 

“Normalmente se piensa que la religiosidad está vinculada con el autocontrol y la moralidad. Esta creencia está tan profundamente arraigada en la sociedad que, en algunos ambientes, las personas que no son religiosas se llegan a considerar moralmente sospechosas”, comenta a Sinc Jean Decety, autor principal del trabajo e investigador en el departamento de Psicología de la Universidad de Chicago (Estados Unidos). Por ejemplo, “en Estados Unidos las personas no religiosas tienen pocas posibilidades de ser elegidas para altos cargos políticos”, opina.

 “Por lo tanto, está comprobado que la religión influye en los juicios morales de la sociedad y su comportamiento hacia otros, y precisamente es esa relación entre moral y religión la más polémica de todas, aunque no siempre es positiva”, señala Decety.

El equipo de investigadores evaluó el comportamiento de 1.170 niños de entre cinco y doce años procedentes de seis países: Canadá, China, Jordania, Turquía, Estados Unidos y Sudáfrica.

La mayoría de los niños se había criado en ambientes cristianos (23,9%), musulmanes (43%) o no religiosos (27,6%), aunque en el estudio también se incluyeron judíos (2,5%), budistas (1,6%), hindúes (0,4%) y hogares agnósticos (0,2%).

Para el experimento se dieron a los niños varias pegatinas para que las compartiesen con otros compañeros de su escuela y su mismo grupo étnico. Los de mayor edad se mostraban más generosos, pero la religión también se puedo relacionar con su comportamiento.

Los más religiosos se mostraban menos predispuestos a compartir, mientras que los más altruistas eran los que procedían de familias ateas o agnósticas.

Otro descubrimiento es que los niños religiosos juzgaban el daño interpersonal de una manera más severa y consideraban que los castigos debían ser mayores que en el caso de los no religiosos.

Según los investigadores, estos datos concuerdan con estudios realizados previamente en adultos, pero los que se han obtenido ahora muestran cómo se desarrollan las actitudes sociales y culturales en la etapa infantil, un periodo más delicado a la hora de aprender.

Secularización para la moralidad

Teniendo en cuenta los resultados del estudio, los investigadores plantean si la religión es realmente fundamental para el desarrollo de la moralidad.

 “Las sociedades secularizadas son más pacíficas y generalmente más ‘sanas’ que las de aquellos países que se anclan en valores religiosos”, opina Jean Decety. “Los países democráticos con poca fe religiosa –como Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Japón, Bélgica o Nueva Zelanda– a día de hoy tienen los niveles más bajos de criminalidad en el mundo y en ellos destaca el bienestar de sus ciudadanos”.

Según sostiene el investigador, algunos estudios sociológicos avalan que los hogares seculares otorgan una buena base moral a los más pequeños. Este tipo de enseñanza aportaría, en opinión de Decety, valores éticos fuertes para las futuras generaciones.

“Espero que la sociedad empiece a entender que la religión no garantiza la moralidad y que comprenda que una y otra son cosas distintas”, resalta.

El autor afirma que seguirá con su investigación y quiere ampliarla incluyendo a niños de edades comprendidas entre cuatro y ocho años, procedentes de 14 países: Canadá, China, Cuba, Colombia, Argentina, Chile, Sudáfrica, Turquía, Jordania, Taiwan, Tanzania, Etiopía, Noruega y México.