Durante los últimos cuatro años, y hasta hace unas cuantas semanas, el geólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Jerónimo López fue el presidente del Comité Científico para la Investigación Antártica. SCAR, por sus siglas en inglés, es la organización encargada de promover y coordinar la investigación científica en Antártida, y de asesorar al Tratado Antártico en temas de ciencia. Con 43 países miembros, y nueve uniones científicas internacionales, podría decirse que es una pequeña Naciones Unidas de la ciencia antártica. López ha sido el único hispanohablante hasta el momento en ocupar esa posición. Scientific American habló con él acerca del futuro de la ciencia antártica y la creciente participación latinoamericana en ella.

Este es un extracto de la entrevista:

Creado en 1958, el SCAR es una organización más antigua aún que el mismo Tratado Antártico. ¿Por qué es tan exitoso?

El SCAR es una organización extraordinaria y que cumple una función necesaria. Desde el punto de vista científico cubre todas las disciplinas y en el aspecto humano incluye a personas de culturas y procedencias muy diversas, de países que tienen un nivel científico diferente, y una decidida disposición a cooperar. Creo que trabajar en un lugar tan hostil como Antártida refuerza los vínculos de ayuda y colaboración. El SCAR en lo científico, así como el tratado en el ámbito político, son ejemplos extraordinarios de cooperación internacional.

¿Cuál ha sido el mayor logro del SCAR últimamente?

En términos generales, haber reforzado su papel orientador y coordinador de la investigación científica internacional en Antártida. Como un ejemplo destacado de esta labor, señalaría el proyecto planteado en 2014 para identificar las principales preguntas a las que la ciencia antártica debería dar respuesta en los próximos 20 años o más allá. Fue un proceso iterativo de consulta a la comunidad científica mediante dos encuestas online. Se recopilaron un millar de preguntas. Luego se  consultó quiénes eran los líderes más influyentes y visionarios en sus campos. Recibimos unas 500 nominaciones de científicos. Se formó una comisión internacional y al final fueron seleccionadas 75 personas para hacer un retiro, que gracias a la ayuda financiera de la Tinker Foundation, se celebró en Nueva Zelanda. El resultado fue publicado en agosto de 2014 en la revista Nature, como las Seis Prioridades de la Ciencia Antártica. Luego, en 2015, se publicó otro artículo en la revista Antarctic Science.

¿Cuáles son los temas críticos para la investigación durante las próximas décadas en esta región del globo?

Entre otros, están el estudio de las conexiones atmosféricas y oceánicas entre Antártida y el resto del planeta, incluyendo la acidificación de los mares antárticos y los cambios del nivel del mar. También están la adaptación de la vida al ambiente y a los cambios del ecosistema antártico. La investigación en  Antártida es crucial para entender las variaciones del clima y sus consecuencias. Por eso otro importante tema de estudio son los cambios climáticos del pasado como base para elaborar modelos predictivos de los cambios futuros. Uno de los grandes retos para el futuro es la investigación de los procesos que tienen lugar en la base del casquete glaciar antártico, donde en los últimos años se ha puesto de manifiesto la presencia de una abundante cantidad de agua líquida.

Gracias a la información obtenida en las perforaciones del hielo antártico, que entre otras cosas incluye burbujas de aire del pasado, sabemos que los valores actuales del CO2 en la atmósfera superan en más del 30% a los que ha habido en los últimos 800.000 años. Y los valores de metano están en el orden del doble de los habidos en ese periodo de tiempo. Pero se busca hielo aún más antiguo, y ya han sido identificadas zonas donde podría haber hielo de más de un millón de años. Hielo tan antiguo solo se puede encontrar en Antártida, en Groenlandia el hielo conocido tiene menos de 150.000 años.

¿En general, cómo ve la participación de Latinoamérica en la ciencia antártica?

Latinoamérica está teniendo un desarrollo importante de sus programas antárticos. Hay países que tienen institutos antárticos y programas con una larga tradición y que se han modernizado mucho en los últimos años. Por ejemplo, el Instituto Antártico Chileno, el Instituto Antártico Argentino y el Programa Antártico de Brasil. También Uruguay y Ecuador tienen programas antárticos y estaciones sobre el terreno, y Perú acaba de estrenar un moderno buque oceanográfico con gran potencial para la investigación en Antártida. Los países suramericanos poseen una organización para coordinar sus logísticas y operaciones antárticas, llamada Red de Administradores de Programas Antárticos Latinoamericanos.

Suramérica es el continente más cercano a Antártida y recibe de modo muy directo los efectos del Polo Antártico, y viceversa. Por ello, los efectos en los recursos pesqueros, la acidificación del mar o el cambio climático en Antártida tienen consecuencias particularmente relevantes para Suramérica, incluyendo también a los países ubicados en zonas subtropicales y tropicales. La contribución de los países latinoamericanos es muy importante para la investigación antártica y el SCAR promueve esa presencia, que es muy bienvenida.

El otro tema bandera del SCAR es la presión humana en Antártida. ¿Cómo ve el presente y futuro del turismo antártico?

Es un tema en el que el tratado está vigilante. Se regula para reducir el impacto acumulativo de los visitantes. Un problema asociado al aumento del número de buques y de visitantes es el riesgo de introducción de especies foráneas. Precisamente esta es una de las temáticas que se investigan en el seno del SCAR. En su situación actual, el turismo antártico está en una línea de responsabilidad, en un marco controlado. Cada año, la Asociación Internacional de Operadores de Turismo Antártico , que reúne a las principales compañías, asiste a las reuniones del tratado y emite informes.  Un turismo bien dimensionado y responsable tiene efectos educativos y muchos de esos viajeros se convierten en embajadores de los valores del tratado y de la protección ambiental de Antártida.

¿Cuál es su interés científico como geólogo en Antártida?

Me interesan la evolución del relieve, la geomorfología, la neotectónica, la conservación del patrimonio geológico y los cambios recientes en la superficie del terreno, por procesos naturales y por impactos humanos. En la actualidad dirijo un proyecto sobre estos aspectos, en el que empleamos imágenes de satélite para extrapolar a áreas distintas las observaciones realizadas en ciertos lugares, por ejemplo en las zonas libres de hielo en las que en los últimos años hemos elaborado mapas geológicos y geomorfológicos. Fui a Antártida por primera vez en el año 1989 y desde entonces he participado en 10 expediciones, con varios países.

¿Haber sido el primer presidente hispanohablante de SCAR habrá hecho crecer la motivación de Latinoamérica en cuanto a realizar investigaciones en el Continente Blanco?

El interés y la motivación de los países y los científicos latinoamericanos hacia Antártida existen independientemente de quién sea el presidente del SCAR. Y lo mismo ocurre en lo que se refiere a promover desde el SCAR la participación de esos países en los proyectos y grupos de trabajo internacionales. En mi caso, los lazos de muchos tipos que me unen a Suramérica y la facilidad que supone compartir la lengua española y entender bien el portugués, han facilitado una relación muy estrecha con esos países y con numerosos colegas latinoamericanos. Ojalá que esto haya podido contribuir algo al deseable desarrollo de la integración de Latinoamérica en el foro internacional del SCAR. Por mi parte seguiré promoviéndolo en la medida que me sea posible.