Mientras que en Estados Unidos varios estados relajan las leyes que gobiernan a la marihuana real, los cannabinoides sintéticos –conocidos comúnmente como fake weed (hierba falsa), spice o K2– han pasado a ser más difíciles de controlar. En lo que va del año, las oficinas de intervención de sustancias venenosas en Estados Unidos han recibido informes de más de 5.300 incidentes involucrando a estas drogas. Eso es más del doble de los casos presentados en 2013, según la Asociación Americana de Centros de Control de Envenenamiento. Después de una nueva ola de emergencias relacionadas con las drogas sintéticas, los  departamentos de salud desde Alabama hasta Nueva York han publicado alertas.  Solamente en Nueva York hubo más de 1.900 visitas a salas de emergencia entre abril y junio.

La gente fuma o inhala la marihuana sintética usando vaporizadores, y la sensación de éxtasis resultante más o menos imita aquella de la marihuana natural, pero con efectos secundarios más peligrosos que incluyen infartos, apoplejías y daño renal. Quienes usan la droga sintética también pueden entrar en estados delirantes y tan violentos que restringirlos requiere varias personas y el uso de antipsicóticos.

Los productores de la droga sintética usan una lista de ingredientes que rota continuamente. Cada vez que el gobierno federal coloca alguno de los compuestos bajo la lista de sustancias ilegales, los fabricantes reemplazan esa sustancia química por otra. Estas cambiantes recetas dificultan la identificación de las drogas nuevas y sus efectos secundarios. 

Marilyn Huestis, jefe de la Sección de Química y Metabolismo de Drogas del Instituto Nacional del Abuso de las Drogas, habló con Scientific American acerca de la historia de estos compuestos, lo que se sabe al respecto, y cómo afectan al cerebro.

[La siguiente es la transcripción editada de la entrevista].

¿Cómo afectan al cerebro los cannabinoides sintéticos?

Nuestro cerebro tiene receptores para cannabinoides. Están allí para responder a los neurotransmisores endógenos que controlan cosas como el hambre, la memoria y la función reproductiva. Cuando la gente los usa, ya sea en una droga sintética como el spice, o en la marihuana real [con su ingrediente psicoactivo primario, el delta-9 tetrahydrocannabinol, mejor conocido como THC], ambos actúan sobre la misma ruta cerebral.  Después de fumar o inhalar estas sustancias a través de un vaporizador, la droga viaja directamente hacia los pulmones, luego pasa al lado izquierdo del corazón, de ahí al torrente sanguíneo, pasando derecho al cerebro. Ese proceso toma muy poco tiempo. Los compuestos se unen con fuerza a los receptores para cannabinoides del cerebro—especialmente los receptores CB1 y CB2.

¿De dónde provienen los cannabinoides sintéticos?

Inicialmente fueron desarrollados por químicos expertos para ayudar en el estudio del cerebro y su funcionamiento. Varios artículos científicos sobre cómo funcionan estas sustancias se publicaron en revistas indexadas conocidas. Pero laboratorios clandestinos en China y ahora en otros lugares sintetizan esos compuestos, que al ingresar al organismo se unen a los mismos receptores en el cerebro a los que se une el THC, pero con la diferencia de que son 100 veces más potentes.   

¿Cómo se asemejan estas drogas a la marihuana?

Los efectos secundarios de estas drogas son similares, pero más potentes que aquellos de la marihuana. Uno de los efectos más característicos de fumar marihuana es un aumento de la frecuencia cardiaca, algo que se empeora con consumir los cannabinoides sintéticos. Por eso se han presentado infartos entre personas menores de 20 años. También ha habido apoplejías, convulsiones y efectos cardiovasculares muy pronunciados. Al igual que el THC, estos cannabinoides pueden causar ataques de pánico, pero más poderosos aun.   

También preocupan los efectos posteriores al consumo: después de usar los cannabinoides la gente tiende a la somnolencia, pero cuando se trata del producto sintético, el sueño es pronunciado. Hemos visto problemas con personas que conducen estando incapacitadas –hay quienes detienen el auto en medio del carril de alta velocidad en las carreteras–. También hay mucha más violencia y agresión con estas drogas de las que uno ve normalmente con la marihuana. Algunos de estos cannabinoides causan daños renales severos, y eso es algo que no se ve mucho entre otros usuarios del cannabis.

¿Quién está fabricando estos compuestos?

Principalmente los chinos, pero ahora también salen de otros países. Se han dado algunos allanamientos en India, y ciertos países de la antigua República Soviética, en Europa Oriental. No sé de ninguna síntesis que esté teniendo lugar dentro de Estados Unidos. Es muy fácil vender cosas en Internet, y las posibilidades de ser descubierto son muy bajas. Si las autoridades hallan una página web y la cierran, la venta aparece en otra página. Lo que se incauta es solo la punta del témpano.     

Los funcionarios federales han colocado algunos de los ingredientes de la droga dentro de su lista de sustancias ilegales más restringidas (Schedule I), lo cual ha estimulado a los fabricantes de drogas a hallar sustitutos para esos ingredientes. ¿Cómo mantienen estas drogas su efecto?

Los compuestos están siendo alterados constantemente. Los productores tratan de evadir las leyes estadounidenses introduciendo pequeños cambios moleculares; luego ensayan las drogas en sí mismos o en otras personas para comprobar si tienen efectos psicoactivos. No existe un control de calidad. Básicamente lo que hacen es rociar productos químicos sobre cualquier clase de material vegetal. Pero las plantas tienen su propia actividad, y el usuario no lo sabe. No tiene idea de qué es lo que está recibiendo.  

¿Qué están haciendo los investigadores para ayudar a identificar estas drogas?

Estamos en una situación terrible porque estas nuevas drogas siguen saliendo al mercado, y solo nos enteramos cuando hay una serie de muertes o efectos secundarios serios. Es como una emergencia nacional. Creo que este va a ser el problema del futuro, y es algo que no se va a ir. La Administración para el Control de Drogas (DEA) dice que el margen de beneficios de estos compuestos sintéticos es enorme, y existen cientos de ellos.   

No tenemos la información toxicológica básica necesaria. No sabemos cómo estas drogas afectan a la gente, o ni siquiera a los animales. Queremos realizar esos estudios pero no lo hemos podido hacer porque carecemos la información básica [que la DEA] requeriría para llevar a cabo pruebas con voluntarios humanos. Y el otro tema es el de la financiación.   

Nuestro plan, que espero poder hacer eventualmente, es tomar una de estas drogas —una que no cause infartos o fallas renales— estudiar su efecto en los seres humanos, y luego comparar todas las otras versiones futuras de esa droga, estudiando cómo sus compuestos se unen a los receptores CB1 y CB2.

¿Cómo identificar las nuevas versiones?

Las drogas permanecen en la sangre por poco tiempo, entonces es difícil detectarlas. No sabemos mucho acerca de cómo el cuerpo metaboliza estas sustancias, pero necesitamos poder enlazar los eventos adversos con lo que la gente consumió.

Tenemos una sociedad con la DEA, y tan pronto como ellos comienzan a notar convulsiones, nos dan la droga a nosotros. Usamos células de hígado humanas que metabolizan las drogas de la misma forma que un hígado, y las alimentamos con la droga para identificar los metabolitos durante el proceso. Luego podemos decir que estos son por ejemplo los cinco metabolitos principales que se encuentran asociados con esta droga, y que por favor los incluyan dentro de las pruebas de cumplimiento de las leyes antidrogas. 

Por otro lado, parte de nuestro trabajo es identificar la vida media de la droga. La mayoría de estos compuestos tienen una vida media corta, pero si tienen una vida media larga, entonces nos preocupamos más de las interacciones en potencia con otras drogas o medicamentos, e incluso con suplementos de venta sin receta que las personas podrían estar tomando.  

¿En qué etapa están ahora sus investigaciones?

Ya hemos publicado o tenemos bajo consideración perfiles metabólicos completos para nueve a 12 cannabinoides, además de los metabolitos que sugerimos a las autoridades o personal médico de emergencia buscar. Lo otro que hicimos fue sintetizar la droga que usaríamos dentro de un estudio clínico —si alguna vez podemos hacer uno.

Es obvio que no podemos mantenernos al día con todos estos nuevos productos químicos que aparecen constantemente, por lo que ahora mi laboratorio hace mucho trabajo con espectrometría de masas. Capturamos todos los iones presentes en una única muestra y analizamos qué metabolitos hay presentes. Es analíticamente complejo, pero nos permite buscar metabolitos que aún no sabemos si se producen en las nuevas fórmulas. Este tipo de espectrometría de masas no dirigido tiene una gran curva de aprendizaje, pero pienso que es la dirección que el campo deberá seguir. Creo que es nuestra única esperanza, ya que no podemos mantener el ritmo con el que las nuevas drogas salen al mercado.