Las ondas gravitatorias son ondulaciones en el tejido espacio-temporal, predichas por Albert Einstein hace un siglo en su teoría general de la relatividad, publicada en 1915. La teoría de Einstein plantea que estas fluctuaciones de carácter universal estarían generadas por la aceleración de cuerpos masivos. No obstante, sus efectos son tan pequeños que todavía no se han podido detectar de forma directa. Por ejemplo, las ondas emitidas por una pareja de agujeros negros provocarían una elongación menor al tamaño de un átomo en un objeto de un millón de kilómetros de longitud.

Para resolver el problema y tratar de detectar estas esquivas ondas, en 2034 está previsto lanzar la Laser Interferometer Space Antenna (LISA), un observatorio espacial de ondas gravitacionales. Pero antes se van a poner a prueba las tecnologías necesarias con la misión LISA Pathfinder, que fue lanzada esta mañana desde el Puerto Espacial Europeo en Kourou, en la Guayana Francesa.

LISA Pathfinder transporta dos cubos idénticos de una aleación de oro y platino, de 46 milímetros de lado y separados 38 centímetros entre sí, que se mantendrán aislados de todas las fuerzas internas y externas con una única excepción: la gravedad. 

El objetivo de la misión es mantener a estos dos cubos en la caída libre más perfecta jamás lograda en el espacio, monitorizando su posición con un nivel de precisión extraordinario. Este experimento sentará las bases de los futuros observatorios espaciales de ondas gravitatorias, como LISA.

Estas futuras misiones trabajarán de forma conjunta con los observatorios en tierra, que ya están buscando estas elusivas fluctuaciones cósmicas. Los sensores en tierra y en órbita son capaces de detectar distintos tipos de ondas gravitatorias, por lo que la combinación de sus datos permitiría estudiar de una forma completamente diferente algunos de los fenómenos más energéticos del Universo.

El lanzador Vega despegó a las 11:04 pm del 2 de diciembre (hora de la costa este de los Estados Unidos). Unos siete minutos más tarde la etapa superior se encendió por primera vez para situar a LISA Pathfinder en una órbita baja, que se estabilizó con un segundo encendido una hora y cuarenta minutos después del despegue. El satélite se separó de la etapa superior del lanzador a las 12:49 am.

Destino, punto L1

El equipo del centro de operaciones de la ESA en Darmstadt, Alemania, tomó el control de LISA Pathfinder instantes después. A lo largo de las próximas dos semanas, el satélite utilizará sus propios medios de propulsión para elevar el punto más alto de su órbita con una serie de seis encendidos. 

El último encendido impulsará al satélite hacia su órbita operacional en torno a un punto virtual del espacio conocido como L1, situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra en dirección al Sol.

Está previsto que LISA Pathfinder alcance su órbita operacional dentro de unas 10 semanas, a mediados de febrero, y las operaciones científicas darán comienzo en el mes de marzo. La misión de LISA Pathfinder durará unos seis meses.