La momia de un niño inca –que probablemente fue ofrenda en un sacrificio hace unos 500 años – permite hoy revelar una interesante historia del poblamiento de América del Sur.

Extrayendo ADN de tejidos del pulmón del niño momificado, científicos en España, Argentina y Alemania lograron secuenciar su ADN mitocondrial, revelando que el pequeño pertenecía a un grupo poblacional (haplogrupo) no identificado hasta la fecha entre los nativos americanos modernos.

El análisis, publicado en Science Reports, señala que la momia pertenece a un subgrupo genético raro de antepasados maternos humanos que surgieron hace aproximadamente 14.300 años, en lo que hoy es Perú.  

Mas la historia de este niño empieza hace 500 años en el cerro Aconcagua, la cumbre más alta del continente americano. A unos 5.300 metros de altura –1.600 metros por debajo de la cima de la montaña– se encuentra una procesión inca. Llevan consigo a un pequeño de unos siete años de edad, ricamente ataviado, y especialmente elegido por ser “hermoso, puro y sin manchas”. Él ha sido elegido para iniciar un viaje al ‘más allá’, con la misión de sacralizar y pacificar a los agentes de la naturaleza de la región.

Se preparan para el “capacocha”, un ritual del Imperio Inca donde como ofrenda a los dioses se sacrificaba a niños hermosos. Allí, en el santuario colla-incaico de Aconcagua, en la actual provincia de Mendoza, Argentina, al niño se le da a beber un líquido rojizo, y, acto seguido, proceden a desvestirlo, dejándolo tan solo con un collar.

El pequeño, ya medio adormecido por la bebida y el intenso frío, recibe un fuerte golpe en la sien, que busca hacerle perder el conocimiento, y posiblemente la muerte. De inmediato le presionan los costados del torso tan fuerte que le fracturan las costillas.

Luego lo cubren y aprisionan con mantas especialmente traídas desde la costa del Perú, para finalmente coronarlo con un tocado de plumas. Allí lo abandonan, dejándolo bajo las inclemencias del frío glacial, acompañado de alimentos, oro y plata.

Cinco siglos después, en 1985, unos montañistas encuentran los restos del niño, momificados por congelación. Bautizado como el niño del Aconcagua, la momia ha sido estudiada durante décadas, y se ha preservado a temperaturas de -20°C, en la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina.

Linaje desaparecido

Para el nuevo estudio, el grupo de expertos liderados por Antonio Salas de la Universidad de Santiago de Compostela, España, analizó las muestras genéticas obtenidas del pulmón de la momia y logró identificar a través de ellas el linaje o población genética del niño del Aconcagua.

Primero extrajeron el genoma mitocondrial de la momia del Aconcagua y luego lo compararon con otros 28.000 genomas en bases de datos de todo el mundo. “Hicimos un enorme esfuerzo de compilación de datos de poblaciones humanas actuales y otras de restos antiguos”, explica Salas. “Con estos miles de secuencias de ADN, creamos un rompecabezas cuyas piezas son las secuencias de ADN conocidas y la nueva pieza que es la secuencia de ADN de nuestra momia”, agrega.

La momia pertenece al haplogrupo C1b, un linaje que no está presente entre los nativos americanos modernos, aunque sí se encontró una cercanía con poblaciones indígenas de hoy, “Se pudo establecer cercanía con individuos peruanos y bolivianos aymaras”, dice Carlos Vullo, del Laboratorio de Genética Forense del Equipo Argentino de Antropología Forense, quien participó en el estudio.

Según los autores, el linaje habría aparecido en los primeros tiempos del poblamiento de América, durante los movimientos poblacionales hacia el sur de los llamados paleoindios. “Este linaje pudo haber sido mucho más frecuente en América en tiempos pretéritos; sobre todo en la región andina”, dice Salas. “Nuestra hipótesis es que probablemente este linaje desapareció durante el periodo de colonización”.

“Hay que recordar que (Francisco)Pizarro y sus tropas, cuando entran en contacto con los incas, tienen una relación muy estrecha con ellos. Se sabe que la población mermó en su tamaño efectivo poblacional muchísimo debido, sobre todo, a las grandes epidemias llevadas allí por los europeos. Estos cuellos de botella en las poblaciones nativas conllevan necesariamente una disminución importante de la variabilidad genética, y crea un escenario propicio para la desaparición de linajes; entre ellos, seguramente estaba el de nuestra momia”, explica Salas.

Genes que cruzaron el estrecho de Bering

El ADN mitocondrial del niño del Aconcagua abre un baúl repleto de información, como que su linaje sería parte de las primeras oleadas de humanos que poblaron el continente americano.

En el estudio, los autores calculan en 14.300 años la fecha del origen del linaje genético del niño del Aconcagua. “Las diferencias de secuencias entre el genoma, en este caso del genoma mitocondrial, permiten distinguir aproximadamente el origen de una rama o descendencia a partir de un ancestro común formando parte de un árbol filogenético”, explica Vullo. “La comparación de la secuencia obtenida en la momia con otras poblaciones actuales, en este caso las americanas y asiáticas, permiten calcular la antigüedad del establecimiento de una rama, en este caso entre 5.000 y 23.000 años con una aproximación de 14.300 años de antigüedad”.

“Se ha podido demostrar que los primeros linajes mitocondriales que llegaron a América desde Asia sufrieron expansiones desde el momento de su llegada, aproximadamente hace 18.000 años”, continúa Vullo. “Este linaje pertenece a una rama que se estableció principalmente en Mesoamérica y Suramérica, pero su nacimiento es años después de la llegada de los primeros pobladores americanos a través del estrecho de Bering”.

“La estimación de fechas por medio de relojes moleculares proporcionan fechas con considerables márgenes de error, así que la cifra de 14.300 es más bien orientativa”, aclara Carles Lalueza Fox, experto en paleogenética del Instituto de Biología Evolutiva de España, un centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra, y quien no formó parte del estudio.

“Me parece sólido que el material genético efectivamente corresponda a un sub-linaje mitocondrial bastante antiguo y que apareció en Suramérica”, opina Lalueza Fox. “Sin embargo, pienso que sería muy interesante recuperar genomas nucleares completos de esta y otras momias suramericanas, porque proporcionarían una información más detallada del poblamiento del cono sur; el ADN mitocondrial tiene un poder de resolución limitado para un continente como América”.