En la década de 2020, el programa de vuelos espaciales tripulados de la NASA girará en torno a enviar astronautas a la órbita lunar alta para estudiar una pequeña roca robóticamente extraída de la superficie de un gran asteroide, según informaron funcionarios de la agencia el miércoles.

El anuncio es un hito crucial para la naciente Misión de Redirección de Asteroide (ARM, en inglés) de la NASA, que busca sentar las bases para futuras misiones que envíen humanos a Marte y a otros destinos en el espacio profundo.
 
La decisión de la NASA llega después de meses de retrasos mientras dos equipos buscaban, por separado, la mejor forma de alcanzar los objetivos de la ARM. La propuesta original de la ARM, apodada Opción A, proponía un enfoque de  “agarrar y a la bolsa”, en el que un remolcador espacial robótico capturaría un pequeño conjunto de asteroides y los envolvería en una funda de protección antes de guiarlos a la órbita lunar estable. Aunque la Opción B, con su concepto de secuestro de rocas, se proyecta que costará US$ 100 millones más que la Opción A, fue la elegida porque ofrece mayor flexibilidad operativa, dijo el administrador asociado de la NASA Robert Lightfoot.
 
En una conferencia telefónica con periodistas, Lightfoot señaló que los monitoreos telescópicos todavía tenían que localizar asteroides lo suficientemente pequeños y lentos para llevar a cabo la Opción A, y que los objetivos adecuados hubieran sido muy difíciles de caracterizar desde la Tierra con las capacidades actuales. Eso significaba que la Opción A brindaba un escenario de una sola oportunidad para lograr el objetivo,  trayendo a la mesa mucha incertidumbre con respecto a la Opción B, que tiene mayor previsibilidad y más cantidad de objetivos disponibles, según Lightfoot.

“Por lo que sabemos de los asteroides en los que hemos estado, tienen rocas en la superficie”, dijo el administrador, lo que significa que los controladores de la misión tendrán muchas opciones para elegir una para capturar. “Voy a tener varios objetivos cuando llegue allí; se reduce a eso”, agregó. La Opción B le permitiría a la ARM recuperar y llevar algo tan grande como una roca de cuatro metros de ancho hasta la órbita lunar alta, añadió Lightfoot.
 
La NASA ya ha identificado tres posibles objetivos para la fase de recolección de la roca que forma parte de la ARM: son los asteroides Itokawa, Bennu y el 2008 EV5. La nave espacial japonesa Hayabusa visitó Itokawa en 2005, y Bennu es el destino de la misión de la NASA para la extracción de muestras llamada Osiris-REx, programada para llegar al asteroide en 2019. Ninguna nave espacial ha visitado el 2008 EV5, pero la NASA considera actualmente que es el mejor candidato para la ARM. La selección final del objetivo no ocurrirá antes de 2019, dijo Lightfoot.

“[El 2008 EV5] ha sido observado ampliamente” usando telescopios infrarrojos y radiotelescopios, dijo Lindley Johnson, encargado del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA. Los científicos han utilizado estas observaciones para precisar la órbita del asteroide, así como también su tamaño, forma, velocidad de rotación y composición. El 2008 EV5 se asemeja a una nuez de 400 metros de ancho que gira lentamente, con una cresta prominente en su centro. Es un asteroide carbonoso, lo que significa que está hecho de una mezcla de compuestos orgánicos rocosos y minerales ricos en agua pensados para reflejar la composición de la nebulosa primordial en la que se condensó originalmente nuestro sistema solar. A los científicos les encantaría poner sus manos sobre más cosas como esta, pero no necesitan a la ARM para hacer eso, en particular porque Osiris-REx está planificada para traer muestras de Bennu, otro asteroide carbonoso primitivo.
 
Entonces, otra vez, la ciencia es secundaria para la ARM. Su propósito declarado es probar y desarrollar nuevas tecnologías para las naves espaciales, como el cohete de carga pesada del Sistema de Lanzamiento Espacial de la NASA, su cápsula tripulada Orion para el espacio profundo, y el motor avanzado de propulsión eléctrico-solar adecuado para viajes de carga de larga distancia. La NASA también está lanzando las misiones como un paso adelante en la demostración de cómo una nave espacial puede alterar las órbitas de asteroides que potencialmente son una amenaza para la Tierra; esa es la parte de la “redirección” del nombre de la ARM.

Según Lightfoot, el plan actual exige que el lanzamiento del remolcador robótico sea a fines de 2020, a lo que seguirá un viaje de crucero de dos años para alcanzar su asteroide objetivo. El remolcador robótico podría quedarse en el asteroide por hasta 400 días, seleccionando cuidadosamente qué roca tomar. Una vez recuperado, el remolcador usaría la masa extra de la roca para actuar como un “tractor de gravedad”, orbitando alrededor del asteroide de tal manera que cambie sutilmente la trayectoria del asteroide.

El cambio orbital sería leve, dice Lightfoot, pero medible con instrumentos en tierra, y significaría demostrar la capacidad de la NASA para hacer cambios orbitales más importantes para futuros objetos que amenacen el planeta. Luego, con la roca en sus agarraderas, el remolcador robótico volvería a la proximidad de la Luna para esperar la llegada de dos astronautas en una cápsula Orion a finales de 2025. Los astronautas se acoplarán a los remolcadores robóticos y realizarán caminatas espaciales para investigar la roca antes de regresar a la Tierra, pasando casi un mes en el espacio.
 
Si bien esta misión puede parecer emocionante, está muy lejos de las propuestas precursoras utilizadas inicialmente para justificar la ARM, y muchos científicos y políticos ven su forma actual con un entusiasmo tibio o incluso con desprecio absoluto.
 
La génesis de la ARM se remonta a 2010, cuando el presidente Obama canceló los planes para regresar a la Luna y se comprometió en cambio a enviar astronautas a un asteroide en 2025. Ese enfoque, pensaron algunos expertos, podría llevar humanos a Marte rápidamente a través de visitas a corto plazo a las lunas marcianas Fobos y Deimos, que son similares a asteroides.
 
El problema era que el presupuesto de la NASA no incluía suficientes fondos para construir nuevos cohetes de carga pesada y cápsulas tripuladas para el espacio profundo en el tiempo adecuado para cumplir con ese plazo. Enviar astronautas a un asteroide en su órbita original no sería posible hasta 2025.
 
Pero el vago lenguaje usado por Obama había dejado un vacío legal:, ¿y qué tal si la NASA envía un asteroide a los astronautas? Así nació la ARM. Ahora, con su última iteración, incluso ese objetivo lavado se ve disminuido. En lugar de enviar un pequeño asteroide a la orbita lunar alta para un encuentro con los astronautas, una roca extraída de la superficie de un asteroide sería suficiente.
 
Para los críticos, este cambio constante de reglas de juego es un mal presagio para el futuro de la misión y sugiere que la ARM es una solución torpe creada principalmente para cumplir con plazos políticos arbitrarios en lugar de llevar a la NASA más cerca de las misiones humanas a Marte.
 
En una reunión del Consejo Asesor de la NASA realizada en enero, sus miembros expresaron escepticismo de que la ARM fuera el camino correcto que deba tomar la agencia en la búsqueda de las capacidades que muchos creen que necesita, tales como el motor eléctrico-solar avanzado.
 
“Si vas a gastar US$ 1,25 millones, más costos de lanzamiento de vehículos, para hacer algo y obtienes las cosas más importantes no yendo por la roca, entonces no vayas tras la roca”, dijo el presidente del consejo Steve Squyres, científico planetario de Cornell.
 
De acuerdo con Mark Sykes, director del Instituto de Ciencias Planetarias y reconocido crítico de la ARM, extraer una roca de un asteroide puede ser la opción más pragmática y de bajo riesgo, ¿pero en busca de qué?
 
“No está del todo claro cómo esta misión es útil para avanzar hacia el objetivo declarado de enviar humanos a Marte”, dice Sykes. “O incluso a sus inmediaciones”.