La NASA está considerando una nueva forma de estudiar Marte.

A partir de la década de 2020, los científicos que participan en las misiones a Marte de la agencia podrían dejar de diseñar y construir sus propias cargas altamente especializadas para explorar el Planeta Rojo. En lugar de eso, los científicos planetarios podrían verse más como esos astrónomos que usan grandes telescopios: solicitando tiempo para usar una nave espacial construida con un conjunto genérico de instrumentos científicos.

El cambio propuesto se debe al menguante interés de la NASA en Marte. La prolongada serie de naves espaciales de la agencia está llegando a su fin, mientras que los intereses internacionales y comerciales están en aumento. A mediados de la próxima década, es igual de probable que en Marte estén tanto las misiones de la NASA como las de Europa, China, Emiratos y SpaceX.

Jim Watzin, jefe del programa de exploración de Marte de la NASA en Washington DC, hizo referencia a este nuevo enfoque de la agencia el 6 de octubre en una reunión virtual de un grupo asesor para el Planeta Rojo. “La era que todos conocemos, amamos y abrazamos está realmente llegando a su fin”, dijo. “Es importante reconocer que el futuro no va a ser igual que el pasado”.

A lo largo de la década de 2000, la NASA envió un aluvión sostenido de naves espaciales a Marte, único por la gran cantidad de robots dirigidos a un objetivo planetario. Pero muchos han caducado, y los que aún están operativos están envejeciendo. Los tres orbitadores de la NASA que funcionan en Marte —Mars Odyssey, Mars Reconnaissance Orbiter (MRO), y MAVEN— fueron lanzados en 2001, 2005 y 2013, respectivamente. El robot Opportunity lleva ya trece años y el rover Curiosity cinco.

Quizás lo más significativo es que el programa a Marte de la NASA solo tiene una nave espacial programada, un vehículo que se lanzará en 2020 y cuya tarea será recolectar muestras para un retorno a la Tierra que aún no fue establecido. (La sonda geofísica InSight, prevista para despegar en 2018, no fue desarrollada bajo los auspicios del programa de Marte de la NASA).

Todos los ojos sobre Marte

La NASA quiere comenzar a planificar una misión orbital en algún momento después de 2020. En junio, la agencia le pidió información a cinco empresas sobre qué tipo de orbitadores podrían construir y cuán rápido y económico podrían hacerlo. Cinco socios internacionales también han dicho que les gustaría participar, dijo Watzin.

Ya están previstas muchas misiones a Marte que no son de la NASA. En 2020, tanto la Agencia Espacial Europea como la de China prevén lanzar rovers hacia Marte, mientras que Emiratos Árabes Unidos enviará un orbitador. SpaceX de Hawthorne, California, anunció el mes pasado que esperaba enviar a Marte sus primeros módulos de aterrizaje Red Dragon a partir de 2018.

Este amplio contexto llevó a Watzin a proponer la nueva forma de operar las misiones a Marte. “No estoy tratando de arreglar algo que está roto”, dijo. “Estoy tratando de abrir la puerta a un mayor nivel de colaboración y participación al que hoy tenemos, considerando que vamos a tener una mayor cantidad de actores involucrados en nuestras misiones”.

Con este nuevo enfoque, basado en las instalaciones, los científicos podrían proponer llevar a cabo investigaciones usando uno o más instrumentos en una futura nave espacial. La NASA proporcionaría el tiempo de observación a las propuestas específicas, así como hacen los comités de asignación de telescopios cuando parcelan el tiempo para su uso en las cimas de las montañas donde están ubicados esos aparatos. Esto sería diferente al enfoque actual, que supone que grupos independientes de científicos propongan, construyan y operen los equipos.

Alfred McEwen, científico planetario de la Universidad de Arizona en Tucson, señaló uno de los posibles modelos. La cámara HiRISE de Mars Reconnaissance Orbiter, de la que es investigador principal, ha tomado miles de imágenes de Marte a partir de las solicitudes del público.

“Hemos conseguido hacer todas las cosas que ya ha descrito, sin un nuevo paradigma”, dice McEwen. “Hemos distribuido operaciones, tenemos varios clientes, tenemos un instrumento de contribución externa. Por eso mi reacción inmediata a esa idea no fue muy positiva”.

Este artículo se reproduce con el permiso y fue publicado por primera vez el 6 de octubre de 2016.​