La semana pasada, China puso fin a las normas que limitan a las familias a tener un solo hijo. Pero es poco probable que la desaparición de este problemático experimento de ingeniería social de 35 años duración provoque una explosión demográfica e impulse el crecimiento económico. Muy a pesar de lo que los líderes del Partido Comunista esperan, los datos disponibles sugieren que China es ahora, en realidad, una sociedad de un solo hijo. Aún cuando se les da la opción de tener dos hijos, muchos padres se deciden por uno solo. La norma, por su parte, ha creado una población llena de decenas de millones de hombres "sobrantes", resultado de los abortos selectivos de género —las mujeres embarazadas usaron ultrasonidos para conocer el sexo del feto y abortaron si eran niñas—. (En la mayoría de los países del mundo, los datos sugieren que los padres prefieren a los niños sobre las niñas. En China, una de las principales razones es que los hombres son los que continúan la línea ancestral.) Limpiar ese desastre demográfico tomará décadas.

La política de un solo hijo se basó en una promesa occidental de mediados del siglo XX: cortar la tasa de natalidad produciría un "dividendo demográfico" de abundantes personas en edad laboral con pocos dependientes que mantener. Las personas en todo el planeta estaban viviendo más que nunca antes, gracias a avances en salud pública, y la preocupación por el crecimiento de la población mundial había alcanzado un tono febril. A principios de la década de 1970, cuando los líderes chinos comenzaron a instituir políticas dirigidas a reducir los nacimientos, los gobiernos y organizaciones occidentales de ayuda estaban apoyando esquemas de control de la población en los países en vías de desarrollo en toda Asia. Por ejemplo, en Corea del Sur en 1965 la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional entregó once ambulancias del ejército estadounidense, las cuales habían sido reacondicionadas para servir como clínicas móviles para control de natalidad en aldeas rurales. Trabajadores de la salud pobremente entrenados y mal pagados realizaron esterilizaciones y colocaron dispositivos intrauterinos. En 1972, mientras tanto, un grupo de científicos llamado el “Club de Roma” publicó un informe polémico acerca del tamaño de la población y los recursos mundiales, llamado The Limits to Growth (Los límites para el crecimiento), que llamó la atención de la élite china.

Unos años más tarde, los líderes chinos comenzaron a tomar decisiones para hacer más estrictas sus directivas de nacimiento, con el fin de ir hacia una política de un hijo único, la cual se dio a conocer oficialmente en 1980. De acuerdo con Liang Zhongtang, economista de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái, y quien participó en los debates sobre la puesta en práctica de la norma, los resultados de The Limits to Growth —aunque muy criticados en otros sitios— influyeron en algunas de las decisiones en China. De hecho, un influyente defensor de la política, Song Jian, científico de misiles entrenado por la Unión Soviética, aplicó métodos teóricos tomados de matemáticos europeos para generar enormes proyecciones de crecimiento de la población china, lo que ayudó a influir en los líderes para adoptar el límite de nacimientos.

Hoy en día, el 12% de la población de China es mayor de 60 años, con una escasez de jóvenes que proporcionen apoyo económico y social. Es poco probable que los adultos en edad laboral de China generen el esperado “baby boom”, ya que entre estos se incluyen decenas de millones de hombres que no pueden encontrar mujeres para casarse. Hay 62 millones de mujeres y niñas "faltantes" en China debido al aborto y el abandono selectivo por sexo, según una estimación reciente.

El desequilibrio de género y edad son a menudo retratados como sorprendentes secuelas de la norma política. Pero estas habían sido previstas desde el comienzo. China tiene una historia de infanticidio femenino y, en 1975, investigadores médicos en el Hospital Tietung, en Liaoning, demostraron que el aborto selectivo por sexo podría ser otra manera de lograr los mismos objetivos. Los científicos escribieron en Chinese Medical Journal que habían determinado con éxito el sexo del feto en 93 mujeres embarazadas, utilizando un crudo método de muestreo en las vellosidades coriónicas, un procedimiento que consiste en tomar una biopsia de la delgada membrana que separa, en el útero, al feto de la madre. Casi un tercio de las mujeres optó por abortar después de enterarse de que tendrían niñas, observaron los investigadores. Un experimento mucho más grande sobre aborto y selección de género —esta vez realizado con amniocentesis— se llevó a cabo ese mismo año en India, con resultados similares.

La selección del sexo había estado, de hecho, vinculada con control demográfico desde al menos la década de 1950, cuando surgieron investigaciones que demostraban que, en todo el mundo, las parejas continuaban teniendo hijos hasta tener un hijo varón. Mucho antes de que el ultrasonido facilitara el determinar el sexo, expertos en un taller de 1969, convocados por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de Estados Unidos y la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, identificaron la selección por género como un área prometedora de investigación para los científicos que trabajaban en control demográfico. Cuando reportes acerca de parejas que, presionadas por la política de un solo hijo, estaban abortando fetos femeninos comenzaron a filtrarse fuera de China a principios de la década de 1980, difícilmente podría haber sido una sorpresa.

¿Y en cuanto al envejecimiento? Antes de la adopción de la política, Liang trajo a colación el tema del envejecimiento, que genera preguntas sobre quién apoyaría a los ancianos. Pero otros pensaron que futuros avances científicos, hasta entonces vagamente definidos, ayudarían a China a abordar este problema. Y una población de más edad era, de cierto modo, el punto. Los arquitectos de la política de un solo hijo no estaban tan preocupados por los resultados a largo plazo.

En 2013, un gobierno distinto y preocupado por la juventud faltante comenzó a relajar la norma. A las parejas se les permitió tener dos hijos si uno de los padres era hijo único. Sin embargo, esto fue acogido con poco entusiasmo, porque las prioridades de los ciudadanos chinos promedio habían cambiado a lo largo de las décadas. Muchas familias viven ahora en ciudades, donde los costos de criar hijos son altos.

Incluso si la abolición de la política conduce a un repentino incremento de bebés —y los demógrafos dicen que esto no ocurrirá—, las estadísticas de China aún están en contra de un aumento en la tasa de natalidad. Con menos madres potenciales después de tantos abortos de fetos femeninos, habrá menos niños. Este efecto no era desconocido para los defensores del control poblacional temprano. En una reunión de 1970 de la Asociación Estadounidense para la Población, los demógrafos de la Universidad de Duke William Serow y V. Jeffrey Evans, demostraron que un desequilibrio en la proporción de sexos conduciría a una reducción mucho más rápida de nacimientos.

Es poco probable que el fin en el límite de un hijo cambie las cosas en el corto plazo. En 2010, el último año en que se llevó a cabo un censo, China tenía 118 niños por cada 100 niñas, muy por encima de la proporción natural de sexos al nacer, que es de 105 niños por cada 100 niñas. Catherine Tucker y Jennifer Van Hook, demógrafas del Instituto de Investigación de la Población de la Universidad Estatal de Pensilvania, calcularon recientemente que aún si la proporción de sexos al nacer se normalizara mañana, un total de 10% de los hombres en edad de trabajar en China todavía carecerían de una contraparte femenina en el 2050, y eso es asumiendo que los hombres empezaran a casarse con mujeres de su misma edad, lo cual supondría un cambio en la práctica actual de buscar compañeras unos años más jóvenes. En una sociedad con una tasa de fertilidad estable, casarse con mujeres más jóvenes ayudaría a compensar el desequilibrio de género, pero la tasa de natalidad de China es actualmente tan baja que cada vez hay menos y menos mujeres jóvenes que ingresan al mercado de los matrimonios.

La escasez de mujeres disponibles para matrimonio ha tenido otras implicaciones sociales inquietantes. Ha habido un aumento en el tráfico sexual y la compra de novias. Los hombres sobrantes, no involucrados en la vida familiar y menos atados a las instituciones sociales, han contribuido a los temores de inestabilidad que tienen los líderes de gobierno.

Todo esto podría llegar a un punto culminante en 2030. Se espera que ese año, China supere a Japón como la sociedad más anciana del mundo, y el número de hombres en edad de trabajar sin contrapartes femeninas llegará a su nivel máximo con 29 millones (y eso suponiendo que la desproporción  de género en los nacimientos empezara a disminuir mañana). Tal vez ya para ese lejano año, los líderes de China hayan descubierto nuevas y respetuosas maneras de valorar a las mujeres en la sociedad, y también de hacer que la economía vuelva a tomar su rumbo.

 

Mara Hvistendahl es autora del libro Unnatural Selection (Selección antinatural), una investigación sobre los efectos de la globalmente extendida selección de género, el cual fue finalista del Premio Pulitzer y ganador del Premio Literario de Los Ángeles Times.