Los pingüinos de las islas Galápagos se destacan por su capacidad de tolerar los climas cálidos ecuatoriales. Mas su tolerancia al calor tiene un límite: su población se ha visto impactada severamente por los fenómenos recurrentes de El Niño, que llevan aguas aún más calientes a la región. En el 2000, fueron declarados como una especie en peligro de extinción.

Mas no todo es malo para estos pingüinos. Un nuevo estudio sugiere que en el transcurso de los últimos 30 años se ha ido intensificando y expandiendo la masa de agua fría hacia el norte de las islas Galápagos debido a cambios en la intensidad y distribución de la corriente oceánica, algo que favorece el bienestar de esas aves.

El hábitat de los pingüinos de Galápagos está íntimamente relacionado con las masas de agua fría cercanas a las costas, que son irrigadas por corrientes frías donde abundan los peces que ellos comen. Cuando las aguas se calientan –como ocurre con el fenómeno de El Niño– los nutrientes y peces se dispersan y los pingüinos no tienen qué comer ni a dónde ir.

Así, la corriente de agua fría rica en nutrientes que sube desde las profundidades hacia la superficie marina a causa de los vientos y la fuerza de Coriolis –un fenómeno conocido como surgencia– podría estar ayudando a que la población de pingüinos de Galápagos se esté recuperando.

Justo eso es lo que los investigadores, liderados por Kristopher Karnauskas, investigador de Woods Hole Oceanographic Institution en Massachusetts, EE.UU., describen en un artículo en proceso de publicación en la revista Geophysical Research Letters, disponible en línea desde el 6 de Agosto de 2015.  

La zona que históricamente ha sido de agua fría (morado) ahora se expande hacia el norte de la isla Isabela (azul). Los pingüinos (rojo) habitan en las costas cerca del agua fría.  Crédito: Kristopher Karnauskas.

Mediante el análisis de las temperaturas superficiales del océano en la región, los investigadores estudiaron el comportamiento de la surgencia desde 1982 y lo compararon con las tendencias de la población de pingüinos durante el mismo periodo. Encontraron que la tendencia de la población de pingüinos coincide con los patrones de intensidad de la surgencia: conforme más fría e intensa es la surgencia, mayor es la población de pingüinos, y viceversa. Así, ambas gráficas de tendencia son muy similares y es notable que la población de pingüinos disminuyó drásticamente durante el fenómeno de El Niño de 1998. La buena noticia es que desde 1982 la tendencia en general de población va a la alza –igual que el enfriamiento de las aguas– y sus datos muestran que ahora hay alrededor de 1.000 pingüinos, cerca del doble de los que había hace 30 años.

“Para mí fue realmente asombroso que la población de pingüinos esté tan vinculada a dónde está el agua fría”, dijo Karnauskas. “Esperamos que nuestros resultados ayuden a diseñar mejores estrategias de conservación”, dijo el oceanógrafo. “[Con nuestros resultados] estamos ayudando a dibujar un mapa a donde los pingüinos se desplazarán y prosperarán”, agregó.

“¡Al fin hay un artículo que se ocupa de la oceanografía!”, dijo Dee Boersma, reconocida experta en conservación de pingüinos de la Universidad de Washington y quien no participó en el estudio. “Estas son buenas noticias para los pingüinos y probablemente una de las razones principales por las que les está yendo tan bien”.

Pingüinos juveniles de los Galápagos. Crédito: Aquaimages en Wikipedia.

El problema de contar pingüinos

Sin embargo, Boersma mostró cierto escepticismo en torno a la tendencia poblacional que señala el estudio. “El problema es que contar pingüinos no nos dice mucho sobre su población”, dijo la experta. “Cuando la gente me pregunta cuántos pingüinos hay en los Galápagos, mi respuesta es ‘no tengo idea’ ”. Explicó que es problemático contar pingüinos porque, dependiendo de las condiciones ambientales y su fase de reproducción, hay temporadas en las que pasan más tiempo en el mar que en la costa, u ocurre lo opuesto, por lo que a veces puede aumentar la cuenta de pingüinos solo porque son más visibles. “Es más importante saber cómo les está yendo; ¿cuántos jóvenes hay? hay indicadores más relevantes para la conservación  [de pingüinos] que la cuenta poblacional”.

Boersma agregó que la población de los pingüinos no solo está amenazada por las aguas calientes, sino que se ve seriamente afectada también por la presencia de depredadores como gatos, ratas y perros salvajes en las islas. Para la experta, que ha estudiado a estas aves desde los años setenta,  a población de pingüinos en las islas Galápagos nunca se ha recuperado completamente desde el fenómeno de El Niño de 1972; un año  antes, ella reportó una población de alrededor de 2.000 pingüinos y desde entonces no se ha visto esa cantidad en las islas. Por ahora, “no veo una tendencia clara en la población [...] probablemente hay menos”, dijo.

El estudio también menciona la importancia de entender los impactos regionales del cambio climático en relación a las dinámicas locales y la respuesta ecológica. “Estamos condenados a que haya ganadores y perdedores a causa del cambio climático”, dijo Karnauskas, “pero debemos ser muy cautos con decir que el cambio climático puede ser bueno para una especie [...] pues esto podría ser solo un auge temporal”.