Su cuerpo nunca se acostumbraría al analgésico perfecto, dice Susruta Majumdar, un químico del Memorial Sloan Kettering Cancer Center. Así que, a diferencia de los opiáceos comunes, como la morfina o el oxicodona, usted no necesitaría tomar dosis cada vez mayores para aliviar la misma cantidad de dolor. El analgésico ideal no tendría un alto riesgo de adicción, no provocaría el síndrome de abstinencia, ni el tipo de desaceleraciones respiratorias letales que han convertido el abuso de opiáceos en una gigantesca epidemia. El Santo Grial de los analgésicos no provocaría la euforia seductora que se relaciona con los opioides comunes, u otros efectos secundarios menos agradables como la picazón o el estreñimiento.

Sería genial tener un analgésico con solo una de estas propiedades, pero Majumdar cree que ha encontrado una clase de sustancias químicas que tendrían todas estas cualidades. Se encuentran en el kratom, una planta que la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) planea prohibir efectivamente en el país con una medida de emergencia que podría entrar en vigor el 30 de septiembre. Sin acceso legal a la planta, algunas investigaciones para encontrar un mejor analgésico se podrían frenar dramáticamente.

El kratom viene del árbol Mitragyna speciosa que es nativo de algunas partes del sudeste de Asia, donde la gente mastica las hojas para obtener una ligera inyección de energía similar a la que produce la cafeína, o como una medicina tradicional para tratar dolencias como la diarrea o el dolor. El kratom es ilegal en Tailandia desde 1943 porque se cree que es adictivo. Estudios de casos han sugerido que suspender repentinamente el uso regular de kratom puede causar síndromes de abstinencia –qué según la opinión predominante, serían mucho más leves que los provocados por los opioides–.

Majumdar se enteró por primera vez del kratom tras hacer una búsqueda por internet hace un par de años. Para entonces ya habían circulado historias en Occidente que indicaban que el té de kratom podía ser utilizado para controlar el dolor y para mitigar el brutal síndrome de abstinencia causado por los opiáceos. Eso llamó la atención de Majmundar, quién encontró investigaciones realizadas en la década de 1970 que describen detalles sobre la bioquímica básica de los dos compuestos psicoactivos principales del kratom: mitragyne y 7-hydroxymitragynine, así como otra molécula llamada mitragyne pseudoindoxyl, que se produce cuando se fermenta el kratom. “Nos entusiasmamos porque la estructura química no tiene casi nada que ver con la de los opioides utilizados comúnmente”, dice Andras Varadi, un colega de Majumdar que ejerce como químico medicinal en la Universidad de Columbia y en el centro Sloan Kettering.

Cuando Majumdar y su equipo comenzaron a estudiar los compuestos en el laboratorio se dieron cuenta de que las tres moléculas se unían al receptor opioide mu –uno de los tres tipos de receptores opioides en el cerebro que se conocen– de una manera poco convencional. Este receptor es como el encendido de un “coche híbrido”, explica Varadi, y los opiáceos que se unen a él son como las llaves. Un opioide típico como la morfina enciende el “motor eléctrico”, y eso causa un efecto deseado, como el alivio del dolor. Pero también pone en marcha el “motor de gasolina”, causando efectos secundarios negativos. Parece que las moléculas de mitragynine de kratom activan la mayoría de los sistemas “buenos”, aliviando el dolor y dejando de lado los efectos no deseados.

Los científicos están intentando desarrollar fármacos de nueva generación que tengan esa propiedad. Hay un candidato, el TRV130, que está siendo desarrollado por la compañía farmacéutica Trevena y que está en ensayos clínicos. En parte, esa es la razón por la que los investigadores están emocionados con el kratom, dice Laura Bohn, una bioquímica del Instituto de Investigación Scripps, que no participó en este estudio. “Cuántas más estructuras químicas tienes [con esta propiedad] mejor puedes decir, 'aquí está las características adecuadas que tienen, y así podemos dejar que eso informe nuestro proceso de desarrollo de fármacos.'"

Majumdar se dio cuenta de que la mitragynine pseudoindoxyl, el compuesto del kratom fermentado, a diferencia de la mayoría de medicamentos en desarrollo, también bloquea otro receptor opioide, el receptor delta. “Entonces nos emocionamos”, dice Majumdar. Experimentos anteriores han demostrado que los bloqueadores de los receptores delta podrían reducir la tolerancia a la morfina y los  síntomas de abstinencia en ratones. “Hay indicios de que el antagonismo delta es beneficioso”, dice Majumdar. Y si mitragynine pseudoindoxyl puede bloquear el receptor delta y producir un comportamiento favorable en el receptor mu, podría ser mejor que cualquier otra droga para el dolor que se esté investigando, dice Majumdar.

En un intento por aprender más sobre estas capacidades de bloqueo, Varadi inyectó mitragynine pseudoindoxyl a ratones dos veces al día durante un mes. Luego comprobó si sentían dolor, poniéndolos sobre una superficie caliente, entre otras técnicas. En estos experimentos la morfina por lo general pierde sus efectos calmantes después de cinco días. Pero después de 30 días en una dosis constante de mitragynine pseudoindoxyl, los ratones todavía mostraban insensibilidad al dolor. “Fue el experimento más emocionante que he hecho en mi vida”, dice Varadi. En otros experimentos Varadi y Majumdar informaron que los ratones expuestos a mitragynine pseudoindoxyl mostraban pocos síntomas de abstinencia, y además no mostraban señal alguna de que estuvieran disfrutando del medicamento. “[Esto indica] que, inicialmente, podría no ser adictivo”, dice Majumdar. Su equipo publicó sus hallazgos en la revista Journal of Medicinal Chemistry el mes pasado.

Varadi dice que sus resultados indican que mitragynine pseudoindoxyl puede tener la capacidad de activar el receptor mu –por lo que posiblemente sea un poderoso analgésico que también reduce los efectos secundarios adictivos que pueden ser letales– además de causar menos síntomas de abstinencia y desarrollo de tolerancia. “Es un doble golpe”, dice Varadi.

Aunque los compuestos de kratom aún no se han estudiado clínicamente en seres humanos, Andrew Kruegel, farmacólogo de la Universidad de Columbia, que no participó en el estudio de Varadi, dice que los resultados son prometedores porque indican que podría ser posible diseñar mejores analgésicos. “Puede que estos compuestos, por sí mismos, sean mejores que la codeína y la oxicodona. Como mínimo, si podemos eliminar los [problemas] respiratorios, podríamos salvar miles de vidas”, dice Kruegel. “Pero podemos modificar sus propiedades para que sean aún mejores que el punto de partida natural”. Algo que solo sería posible si la ley les permite continuar con sus investigaciones.  

La DEA planea incluir al kratom y sus ingredientes psicoactivos en la categoría más restringida de sustancias controladas, la Clase I, tan pronto como el 30 de septiembre. Eso lo pondría en el mismo grupo que la heroína, el éxtasis y la marihuana. Supuestamente, todas las drogas de Clase I tienen un alto potencial de inducir al abuso y de producir daño y no tienen uso médico alguno.

Los científicos pueden obtener una licencia para estudiar drogas de Clase I, pero son difíciles de adquirir y el proceso ralentiza considerablemente la investigación, dice Chris McCurdy, un investigador de kratom en la Universidad de Mississippi. “No me opongo a que se regule, pero me opongo a la Clase I”, dice. “Ahí es donde entra la frustración, cuando uno se da cuenta de que tiene que terminar todo porque no tiene licencia para Clase I”.

Por el momento, tampoco la tienen otros investigadores de kratom, como  Majumdar. “Vamos a tener que destruir todas las muestras que tenemos en el laboratorio”, dice Kruegel. La decisión de emergencia de la DEA sobre el kratom expirará en dos años, si el organismo no hace que la clasificación sea permanente. Pero para que eso ocurra, Kruegel cree que los científicos probablemente tendrán que mostrar más pruebas de que el kratom es médicamente útil. “Es muy poco probable que logremos progreso en ellos  en los próximos dos años”, dice.

Russ Baer, ​​portavoz de la DEA, dice que la organización ha puesto al kratom y sus ingredientes psicoactivos en la categoría más restrictiva de drogas para proteger la seguridad pública y prevenir el mal uso. “Independiente de la DEA, la Administración de Alimentos y Medicamentos ha emitido una serie de advertencias de salud pública y avisos para regular la importación, más recientemente en julio de 2016, y tienen preocupaciones sobre los riesgos a la salud del kratom”, dice. “Ya lleva tiempo en nuestro radar porque es considerado una droga preocupante”.

Según un aviso de la DEA han habido 15 muertes relacionadas con el kratom entre 2014 y 2016, y también hay reportes de que el kratom ha sido consumido de forma abusiva. “Uno de mis socios [de investigación] ha tratado a personas en la sala de urgencias que habían disuelto kratom y se lo habían inyectado”, dice Ed Boyer, profesor de medicina de emergencia e investigador de kratom en la  Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts. La mayoría de estos casos de abuso probablemente también involucraban el uso de otras sustancias, añade.

Se ha visto que el kratom comprado en EE.UU. ha sido adulterado con otros compuestos, incluyendo opioides comunes como la hidrocodona. “La gente piensa que va a obtener kratom; podría estar obteniendo cualquier cosa”, dice Kavita Babu, toxicóloga del Memorial Medical Center de la Universidad de Massachusetts, que no participó en el estudio de Majumdar. “En realidad, solo entramos en cuestiones relacionadas con la muerte cuando se combina con otras sustancias”, dice Alicia Lydecker, que también trabaja como toxicóloga en la Universidad de Massachusetts. Ella tampoco participó en el estudio.

Parece que el mitragynine es un fármaco bastante débil, por sí mismo, dice Majumdar. Es aproximadamente 55 veces menos potente que la morfina en cuanto al alivio del dolor. “Yo he bebido té de kratom”, dice, “y no sentí nada”. Otro compuesto del kratom, el 7-hydroxymitragynine, es aproximadamente seis veces más potente que la morfina, pero Majumdar dice que se produce en cantidades tan pequeñas en la planta que es probable que no sea el causante de la mayoría de los efectos experimentados por los consumidores de kratom inalterado o natural.

La decisión de la DEA respecto al kratom ha provocado críticas por parte de algunos legisladores estadounidenses. El congresista Mark Pocan (Demócrata que representa al estado de Wisconsin) ha instado al Congreso a firmar una carta pidiendo que la DEA retrase su decisión de incluirlo en la lista de sustancias controladas. Pero la inminente prohibición ha dejado un amargo sabor en muchos investigadores que creen que ya hay amplia evidencia de que la planta tiene un claro potencial médico. “Es frustrante”, dice Bohn. “Estoy totalmente de acuerdo con intentar evitar el mal uso, pero [la regulación] tiene que ser seria y protectora. Para nosotros, [el kratom] es una herramienta de investigación valiosa, muy valiosa”.