Una bebida psicodélica utilizada durante siglos en ceremonias de sanación ahora está atrayendo la atención de los científicos biomédicos como un posible tratamiento para la depresión. El mes pasado, investigadores de Brasil publicaron los resultados de la primera prueba clínica de un beneficio terapéutico potencial de la ayahuasca, una bebida a base de plantas de América del Sur.

Aunque el estudio incluyó solo seis voluntarios y no tuvo grupo placebo, los científicos dicen que la bebida comenzó a reducir la depresión en los pacientes en cuestión de horas, y que el efecto aún estuvo presente después de tres semanas. Ahora, los expertos están realizando estudios más amplios que esperan que respalde sus hallazgos.

El trabajo forma parte de un renacimiento del estudio de los posibles beneficios terapéuticos de drogas psicodélicas o recreativas, un campo que estaba prohibido o restringido en el mundo hace medio siglo.

La ketamina, que es usada médicamente como anestésico, ha mostrado ser prometedora como un antidepresivo de acción rápida; la psilocibina, un alucinógeno hallado en “hongos mágicos”, puede ayudar a aliviar la ansiedad en pacientes con cáncer en fases avanzadas; la MDMA (éxtasis) puede aliviar el trastorno de estrés postraumático; y los pacientes que sufren de dolores de cabeza en racimo debilitantes han informado de que el LSD alivia sus síntomas.

La ayahuasca, una bebida sacramental tradicionalmente elaborada a partir de la corteza de una liana selvática (Banisteriopsis caapi) y de las hojas de un arbusto (Psychotria viridis), contiene ingredientes que son ilegales en la mayoría de los países. Pero se ha desarrollado una creciente industria de la ayahuasca en América del Sur, donde está permitido su uso religioso, y donde miles de personas cada año van a retiros en la selva para experimentar sus intensas sensaciones psicodélicas.
 
¿Bebida de la depresión?
La infusión ha sido estudiada por antropólogos, científicos sociales y teólogos, pero la investigación clínica sobre la ayahuasca se había limitado a la observación de sus efectos en ratones y ratas, y en voluntarios humanos sanos, incluyendo estudios de imágenes cerebrales y trabajos retrospectivos de su uso en el pasado.

Para el reciente estudio, los investigadores liderados por Jaime Hallak, neurocientífico de la Universidad de São Paulo, Brasil, dieron una dosis baja de ayahuasca a seis voluntarios que habían sido diagnosticados con depresión leve a severa y que no respondían a al menos un fármaco antidepresivo convencional. Ninguno había tomado ayahuasca antes.

Después de tomar su bebida, los participantes se sentaron en una habitación tranquila, con poca luz. Los médicos usaron cuestionarios clínicos estándar para hacer un seguimiento de sus síntomas de depresión.

Así observaron mejorías en dos o tres horas, aunque los efectos psicodélicos de una dosis oral toman unas cinco horas en desaparecer. De hecho, fue un efecto rápido, pues los antidepresivos convencionales pueden tomar semanas para que funcionen. Los beneficios, que eran estadísticamente significativos, se mantuvieron en las evaluaciones realizadas en las siguientes tres semanas. Tres de los participantes vomitaron, un efecto secundario común de la ayahuasca, pero más allá de eso el procedimiento fue bien tolerado, dice Hallak.

“Es una prueba de concepto de lo que ya saben muchos de los que usan la ayahuasca en rituales: esta bebida puede ayudarlos a sentirse muy bien, no sólo durante la experiencia, si no también durante días o semanas”, dice Brian Anderson, psiquiatra de la Universidad de California, en San Francisco, quien no participó en el estudio pero ha publicado artículos sobre el potencial de la bebida. “La relación entre los efectos psicodélicos de la ayahuasca y los efectos terapéuticos debe ser estudiada empíricamente”, dice.

James Stone, psiquiatra en el King’s College de Londres que ha analizado los efectos de las drogas psicoactivas en el cerebro, dice que la investigación es interesante, pero que debería mirarse con cautela porque no contó con grupo placebo. “La respuesta placebo es un efecto bien documentado en ensayos clínicos de antidepresivos”, agrega. “Lo único que realmente se puede concluir de este estudio es que es tolerado por pacientes con depresión, y entre estas personas no parece tener ningún efecto secundario grave después de una sola dosis”.

Es bioquímicamente plausible que la ayahuasca pueda tratar la depresión —sus plantas contienen compuestos que alteran las concentraciones de la serotonina, el neurotransmisor que regula el estado de ánimo en el cerebro— al igual que los antidepresivos comerciales. Estos compuestos incluyen el alucinógeno N, N-dimetiltriptamina, que se une a los receptores de serotonina, y también a los químicos harmina, tetrahidroharmina y harmalina, que se cree que inhiben una enzima llamada monoaminooxidasa A y así previenen la ruptura de la serotonina y otros neurotransmisores.

“Es posible que la ayahuasca y otras drogas psicodélicas serotoninérgicos, como la psilocibina, pueden ser útiles como antidepresivos para subgrupos particulares de pacientes en el futuro”, dice Stone. “Estamos a la espera de los resultados de ensayos aleatorios, controlados y bien diseñados para determinar la efectividad clínica”.

Ya se están haciendo ensayos adicionales. Draulio de Araujo, neurocientífico de la Universidad Federal de Río Grande do Norte, en Natal, Brasil, y co-autor del estudio, dice que desde enero de 2014 su equipo ya ha tratado a 46 pacientes (de un total de 80 previstos) en un estudio aleatorio, doble ciego y controlado con grupo placebo, sobre la ayahuasca y la depresión. “Esperamos terminarlo a finales de este año”, dice.
 
 

Este artículo se reproduce con permiso y fue publicado por primera vez el 6 de abril de 2015.