Nota del editor: Este artículo forma parte de un informe especial sobre Las 10 principales tecnologías emergentes de 2016 producido por el Foro Económico Mundial. La lista, compilada por el Meta-Consejo de Tecnologías Emergentes del Foro, destaca los avances tecnológicos que sus miembros, incluyendo la Editora Jefa de Scientific American Mariette DiChristina, creen tienen el poder de mejorar vidas, transformar las industrias y salvaguardar el planeta. También proporciona una oportunidad para debatir cualesquiera que sean los riesgos y preocupaciones humanos, sociales, económicos o ambientales que las tecnologías pueden plantear antes de la adopción generalizada. 

La capacidad energética solar y eólica ha estado creciendo a gran ritmo, pero el sol se pone y el viento puede ser caprichoso. A pesar de que cada año las granjas eólicas se hacen más grandes y las células solares se vuelven más eficientes gracias a los avances en materiales tales como la perovskita, estas fuentes de energía renovables siguen satisfaciendo menos del cinco por ciento de la demanda mundial de electricidad. En muchos lugares, las energías renovables son relegadas a nichos por falta de una tecnología asequible y fiable para almacenar el exceso de energía que producen cuando las condiciones son ideales y liberar toda la potencia a la red cuando la demanda se recupera. Mejores baterías podrían resolver este problema, permitiendo a las energías renovables libres de emisiones crecer aún más rápido –y haciendo más fácil llevar electricidad de manera fiable a los 1.200 millones de personas que actualmente viven sin ella–.

En los últimos años, nuevos tipos de baterías han demostrado entregar una capacidad lo suficientemente alta como para alimentar fábricas enteras, ciudades o incluso "mini-redes" que conectan comunidades rurales aisladas. Estas baterías se basan en sodio, aluminio o zinc. Evitan metales pesados ​​y productos químicos cáusticos utilizados en las baterías más antiguas de plomo y ácido, y son más asequibles, escalables y seguras que las baterías de litio que se utilizan actualmente en electrónica avanzada y coches eléctricos. La nueva tecnología es mucho más adecuada para apoyar los sistemas de transmisión que dependen en gran medida de la energía solar o eólica.

El octubre pasado, por ejemplo, Fluidic Energy anunció un acuerdo con el gobierno de Indonesia para desplegar paneles solares de 35 megavatios de capacidad en 500 aldeas remotas, electrificando los hogares de 1,7 millones de personas. El sistema usará baterías Fluidic de zinc-aire para almacenar hasta 250 megavatios-hora de energía con el fin de proporcionar electricidad fiable sin importar la meteorología. En abril, la compañía firmó un acuerdo similar con el gobierno de Madagascar para poner 100 aldeas remotas del lugar en una mini-red de energía solar respaldada por baterías de zinc-aire.

Para las personas que actualmente no tienen acceso a la red –sin luz para trabajar por la noche, sin Internet para obtener información, sin potencia para lavar o para regar los cultivos– la combinación de baterías de red y de generación renovable es totalmente transformadora, un potente antídoto para la pobreza. Pero tener mejores baterías también supone una enorme promesa para el mundo rico en su lucha por satisfacer el gran reto de eliminar en las próximas décadas la mayoría de las emisiones de carbono provenientes de la generación de electricidad –y hacerlo al mismo tiempo que la demanda de electricidad está creciendo–.

La batería ideal no está todavía a nuestro alcance. Las nuevas tecnologías tienen mucho terreno por recorrer para seguir mejorando. Sin embargo, hasta hace poco tiempo, los avances en las baterías a escala de red habían sido pocos y distantes entre sí. Por lo tanto, es alentador ver que el ritmo del progreso se acelera.